Jueves , 25 Mayo 2017
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“Somos quizá la última disciplina que sigue hablando de utopías, de crear un mundo nuevo”

dcs_0001-3Ángel Borrego Cubero ha sido galardonado en la última edición de los Premios NAN gracias a su incubadora de las industrias creativas en la Factoría Cultural Matadero Madrid. Con una gran trayectoria en el sector de la rehabilitación, hablamos con el arquitecto para conocer de cerca los entresijos del panorama constructivo español, así como la importancia de la sostenibilidad, el ahorro energético o el compromiso urbano, valores presentes en cada uno de sus proyectos.

Fotos: Marisa Sardina

 ¿Cómo es abordar un proyecto como el de la Factoría Cultural en el Matadero de Madrid en el que entra en juego el patrimonio industrial de una ciudad?

Yo creo que los arquitectos nos tenemos que poner en la situación en la que trabajamos en cada momento. Tienes que ver cuál es el problema e intentar poner tu cerebro y tu cuerpo en ese sitio. No es lo mismo actuar en un edificio protegido que en una zona que es de nueva construcción. Siempre tienes que intentar absorber cómo es ese sitio y qué temas son los más importantes. En este caso, la protección del edificio existente y la atmósfera que se ha creado en el Matadero eran muy importantes para nosotros, por lo que la actuación tenía que estar en línea con lo que pedía ese edificio. Incorporar un mínimo de empatía y establecer un equilibrio interesante entre tecnología y humanidad.

¿Cómo afectan estas nuevas tecnologías y los continuos avances en la arquitectura?

Despacio y rápido a la vez. Creo que la tecnología actual nos permite codificar elementos y variables que antes nos costarían mucho. Sin embargo, a veces corremos el riesgo de pensar que los ordenadores son más listos que nosotros y esto nos hace demasiado cómodos. Y ahí creo que hay que poner un cierto empeño en intentar innovar y, a la vez, mantener la capacidad de negociación individual con el entorno.

¿Y de manera concreta en tus obras?

Un ejemplo claro es el proyecto del ensanche de edificios de viviendas de la posguerra, mediante el cual hemos desarrollado un software propio que nos permite en media hora ser capaces de entregar a un vecino unas vistas de su nuevo barrio, desde su ventana, desde el portal de su calle… El sistema puede incluso diseñar el volumen del edificio para acceder a esas vistas o le puede dar unas cifras sencillas acerca de cuánto le costaría al propietario, así como cuánta energía gastaría de más o se ahorraría.

“No puede haber una cultura local sostenible si no se emplea un tiempo en intentar encontrar las mejores soluciones”

¿Se puede hablar de una recuperación en el sector de la rehabilitación?

De momento, no. Sin embargo, es importante tener en cuenta que se ha dado un pequeño cambio en la ley del suelo que permite que lo que hasta ahora hemos tomado como sagrado, que es el límite final de los edificios, lo podamos entender como algo menos rígido, menos cristalizado.

¿Qué ha desencadenado la crisis dentro de la arquitectura?

Los problemas han venido por inversiones enormes como un AVE demasiado extenso o las autopistas radiales, que ya estaba claro que eran insostenibles en el momento de su planteamiento. La crisis no la crearon edificos ‘estrella’, como el Guggenheim por muy caro que éste fuese. sino grandes infraestructuras con enormes necesidades de mantenimiento y los polígonos residenciales, que no se distinguen por su gran calidad, sino por una cultura en la que no ha habido arquitectura de calidad.

¿Dónde crees que está la solución?

Pagamos muy poco en investigación en ese país y esa es una de las cargas que tenemos, tanto desde el Estado como desde las propias empresas. Ya sea por el tamaño o por el presupuesto, invertimos muy poco tiempo, dinero, recursos y personas en investigar. Cada una dentro de su campo, pero a investigar, y eso nos va a causar muchos problemas, porque nos organizamos muy mal. No puede haber una cultura local sostenible si no se emplea un tiempo en intentar encontrar las mejores soluciones.

¿Consideras que en España las ayudas, medidas o concursos respecto al sector de la rehabilitación van en buen camino?

En España las políticas no han sido del todo malas. Tenemos un problema y es que el nivel de deuda del país es tan grande que me da la sensación que estamos como ese boxeador al que le han dado un golpe, le han tirado a la lona y se ha levantado, pero aún sigue tocado. Y no creo que salgamos de ahí hasta que Europa no modifique sus reglas del juego.

“La crisis no la creo el Guggenheim, sino las radiales, el AVE y los polígonos residenciales”

 ¿Entonces es un problema a nivel europeo?

Es un problema global, y europeo sobre todo. Gran parte de la crisis global viene por el empeño de Europa en trasladar la deuda de los bancos a los ciudadanos y cargar a los Gobiernos con una deuda inasumible.

En tu película, The Competition, analizas los entresijos de un concurso de arquitectura, ¿qué sacas en claro de todo ello?

Yo antes no tenía una idea clara de donde venían o qué eran los concursos de arquitectura. Sin embargo, después de hacer la película, uno se da cuenta de que los concursos son algo muy especial que tenemos los arquitectos y que otras disciplinas no tienen de esa misma forma. Por ejemplo, en la película vemos a arquitectos como Frank Gehry competir (¡en público!) con otros de la talla de Jean Nouvel o Norman Foster, y esto es algo que hacen de forma habitual. En grandes ingenierías pueden competir por grandes proyectos, pero no compiten habitualmente con su reputación personal, sino con la de la empresa en su conjunto, es una responsabilidad algo más disuelta.

dcs_0001-9¿Qué papel juega la arquitectura en ese sentido?

Es una sensación muy interesante. En la arquitectura se entiende que, al establecer un contacto con el ser humano tan directo, tiene que ser concebida como un arte. Pero a la vez se emplea dinero público en muchos casos, con lo cual tienes que poder jugar con esas dos vertientes, una más individual, otra más social. Lo que sacamos en claro es que en Europa, y en general en todo el mundo, hay una tendencia reciente a no hacer tantos concursos de ideas, sino otros muchos más restrictivos y menos transparentes, en los que se valora la experiencia o diferencias banales en el precio final, antes que la calidad de la propuesta, que, no olvidemos, se quedará con nosotros, de media, muchas decenas de años.

¿Cómo afecta esta tendencia a la construcción y el diseño de las ciudades?

Es algo que está extendiéndose por todo el mundo y no me parece que sea el mejor modelo. En EE.UU. el nivel de arquitectura, quitando casos concretos, es bastante regular, y quizás estemos empezando a importar ciertos procesos que dan lugar a esa arquitectura menos interesante, cuyo objetivo es facilitar los procesos administrativos y burocráticos de la arquitectura. Cada vez más los concursos están más limitados por el nivel de experiencia que tiene el arquitecto. Hay menos obras que hacer, y cada vez existe más exigencia de otra experiencia previa, con lo cual las obras acaban siendo de muy pocos estudios de oficina.

“Hay proyectos que encajan bien en un momento concreto y creo que Factoría representa un momento en España, en su historia reciente, que se resume en pocos recursos y muy barato”

Como profesor en ETSAM, ¿Cuál es la lección que intentas inculcar a tus alumnos?

Por un lado, hay que fijarse en que una gran parte de la arquitectura no consistirá en crear un proyecto nuevo, sino en trabajar sobre lo existente. Tanto los alumnos como los que ya ejercemos como arquitectos debemos valorar y buscar la belleza en lo que ya existe, y eso no es tan sencillo. Somos quizá la última disciplina que sigue hablando de utopías, de crear un mundo nuevo, y eso quizá esté un poco fuera de lugar. A mí me gusta intentar explicar o hacer ver a mis alumnos lo que tiene de interesante el mundo que ya existe y en el que tienen que trabajar.

¿Cuál consideras qué es el proyecto que te ha reportado mayores reconocimientos?

Cuando un proyecto resulta reconocido de alguna manera, como es el caso del premio NAN otorgado a la Factoría, siempre te enorgullece, ya que crees que lo que haces tiene algún valor. Luego te das cuenta que en realidad todo tiene su vida propia y esos reconocimientos no siempre dependen de uno mismo. Muchas veces hay proyectos que encajan bien en un momento concreto y creo que Factoría representa un momento en España, en la historia reciente, que se resume en pocos recursos, an que algo debe ser muy barato para poder funcionar. Si consigues representar una situación mayor, ese proyecto quizá tenga más éxito.

De cara al futuro, ¿qué proyectos tienes en mente?

Nuestro trabajo inmediato va a estar relacionado con la industria de la construcción, con proyectos vinculados con la rehabilitación de una manera o de otra, y también trabajaremos en otras áreas de investigación como es el software del que he hablado antes de ensanche de viviendas de posguerra, que es un ámbito que continuaremos desarrollando. Por otro lado, es posible que hagamos la segunda parte de la película, ya que teníamos previsto hablar sobre concursos en general en su día, pero al final decidimos centrarnos solo en uno. Ahora queremos hacer ese análisis. Asimismo, haremos concursos, que son fundamentales para los arquitectos, para la profesión y para las ciudades. En definitiva, varias avenidas diferentes pero siempre intentando mezclar o mantener un balance entre investigación y práctica.

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