Los 7 “daños colaterales” del desempleo

La cifra de más de seis millones de desempleados en nuestro país resulta alarmante; pero aún lo es más la falta de soluciones al problema y el efecto multiplicador del malestar social que se genera, desde lo material a lo emocional. La situación de espiral de problemas que se genera en muchos hogares donde sus miembros están sin trabajo hace que emerja una cadena de conflictos que hasta ahora habían permanecido ocultos.

Alicia Kaufmann, catedrática de sociología de la Universidad de Alcalá de Henares

Al inicio de la crisis, las personas que perdían su trabajo lo afrontaban con optimismo, como una oportunidad de mejora y de cambio con respecto a la situación anterior; preferían ver en su situación de desempleo una puerta que se abría, en vez de una que se cerraba. Pero hoy el panorama es bien diferente, y los desempleados de larga duración ven como se va transformando y desestructurando todo a su alrededor.
Las principales distorsiones que sufren las personas en situación de no trabajo son:
1. Desestructuración de toda la actividad de la persona en tiempo real
Normalmente la actividad laboral marca todos los horarios y ritmos de nuestro día a día. En este punto encontramos diferencias significativas de género; en  tanto que para los  hombres este "ocio forzoso" resulta casi insoportable, para las mujeres, que en general han sido multitarea, esta mayor abundancia de tiempo no constituye un problema esencial. Se produce un espacio de tiempo “para uno mismo”, que pocas veces ha tenido lugar, que  requiere una “resocialización” para su adecuada utilización.
2. Daños sociales colaterales
Si se trata de una persona de clase media se produce un cambio de status social. Por el contrario si en lugar de mantenerse pasivo se mantiene activo, puede formar parte de nuevos grupos sociales y mantenerse activo en otros entornos.
3. Sentimiento de inutilidad
La falta de trabajo resulta frustrante, y ello trae aparejado en la persona una gran desazón. Para el hombre, más que para la mujer, la sensación de no producir le resulta casi insoportable, de ahí que existen casos en que algunos varones oculten este hecho a sus parejas. Aunque se puede ocupar ese tiempo en otras tareas, cuando se pregunta a los hombres la respuesta mayoritaria es que “no pueden pensar y que se encuentran bloqueados”. El salario representa un reconocimiento social que da valía a la persona.
Además, la frustración del desempleo puede llevar la pérdida de competencias y habilidades laborales, transformándose en angustia.
4. La pareja se ve afectada
Con bastante frecuencia aquellas personas que no tienen trabajo se repliegan sobre su familia, por ello la pareja resulta determinante. “La actitud de mi pareja ha sido vital  para remontar la moral”, suelen comentar. Cuando no es así, el desempleo de uno de los miembros suele incrementar las tensiones dentro de la pareja llegando a una verdadera desestabilización, hasta en algunos casos al divorcio. Esta situación, como otras situaciones extremas, puede llevar a  un acercamiento o alejamiento por parte de la pareja.
5. Y también los hijos
A pesar de que las familias intentan mantenerlos al margen, esta realidad también les afecta, y a veces se manifiesta a través de problemas del sueño, agresividad, pesadillas o dificultades escolares.
6. Incide  enormemente en la autoestima
La rutina de la inactividad puede desdibujar la visión e ilusión respecto al futuro. El desempleo se convierte en un trauma que puede ser el factor desencadenante de otros problemas. Por esto, es importante interpretar el desempleo como una problemática social, pero diferenciada de la actitud personal con la cual cada persona asume este hecho.
7. Desprecio empresarial
El individuo siente que prescinden de él, con lo que pierde el lugar en la red de relaciones sociales  y el sitio a partir del cual se proyectaba el desarrollo de carrera.

En resumen, el desempleo genera un fuerte stress, entendido como “la reacción del organismo ante cualquier estímulo interno o externo, de una intensidad tal que exige mecanismos de adaptación para mantener el equilibrio". En los hombres constituye un factor desestabilizador global y en las mujeres puede ser al revés, incluso puede convertirse en revelador de habilidades de las cuales no se había sido consciente.

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