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La exjefa de Auditoría de Caja Madrid ignoró cómo se contabilizaban tarjetas porque no es “experta”

Madrid, 10 abr (EFE).- La exdirectora de Auditoría Interna de Caja Madrid Carmen Contreras no sabía cómo ni dónde se registraban los gastos de las tarjetas opacas de la entidad porque no es “experta en contabilidad” y su departamento se dedicaba a unas “magnitudes” en las que estas cifras “no afloraban”.

Así lo manifestó Contreras, que desempeñó este cargo desde 2003 hasta 2008 hasta que fue designada directora de la Fundación Social de Caja Madrid, durante su declaración como imputada ante el juez Fernando Andreu el pasado 13 de marzo, a cuyo contenido ha tenido acceso Efe.

Según explicó, cuando ocupó el puesto, el entonces presidente Miguel Blesa le “comentó” cuáles eran sus condiciones laborales y como parte de su retribución, le dijo que se le asignaría una tarjeta con un límite que podía dedicar para gastos particulares porque formaba parte de su salario.

La primera se la entregó el exdirector de Medios, Ildefonso Sánchez Barcoj, con un primer límite de 28.000 euros, y luego “en sucesivas renovaciones” le llegaba “por circuito normal”, con unos topes de 36.000 euros y después de 45.000.

Una vez al año, el presidente se reunía con cada uno de los directivos para informarles de sus retribuciones, fija y variable, además de los bonus si cumplían objetivos y el límite de la tarjeta.

Sin embargo, la que fuera jefa de Auditoría Interna de Caja Madrid no sabía cómo se contabilizaban los cargos de estas visas.

Preguntada por el fiscal por este extremo, responde: “Todas las personas del equipo de auditoría, que éramos unas 100 en aquel momento, teníamos acceso a los esquemas de información de la caja. Yo personalmente, a nivel práctico, no accedía pero cualquiera podía acceder. El detalle concreto de esto, yo lo desconozco”.

También ignoraba la cuenta en la que se contabilizaban porque la función de su departamento era la de “verificar un balance de la caja de 178.000 millones”, con lo que trabajaban “con unas órdenes de magnitud en la que estas cosas no afloraban”.

En todo caso, ante la insistencia del fiscal, que quería su opinión “como experta en la materia” de la forma en contabilizar los gastos, admite que “nunca se verificó nada” porque para ella “no era algo que tuviera la relevancia”.

“Yo no soy experta en contabilidad, como directora de la auditoría soy experta en revisión de procesos”, recalcó.

El que fuera director de Economía de la Comunidad de Madrid y miembro de la Comisión de Control Pablo Abejas atribuyó al Consejo de Administración y a su presidente, Miguel Blesa, la responsabilidad de decidir no solo dónde se contabilizaban, sino quién debía tener una.

“A mí me la dieron y me la podían haber retirado, perfectamente. La podían haber retirado cuando el presidente ejecutivo o el órgano correspondiente lo hubiera decidido y yo, ¿qué hubiera dicho? Pues nada, porque tenía la capacidad para dármela y para quitármela, para bendecirla o maldecirla”, subrayó.

De hecho, en el contrato de la tarjeta “dice claramente que la Caja, el presidente, el que fuera por su orden, podía suspenderla, eliminarla o restringirla”.

Según su explicación, recibió una visa de libre disposición y nunca nada le hizo pensar en que pudiera haber “algún viso de ilegalidad” porque era una práctica que “no estaba discutida”, sino “consolidada, perfectamente establecida durante años”.

“En definitiva, te daba esa sensación de que era una cosa antigua, completamente institucionalizado y que nadie discutía”.

Mientras, al expresidente de Renfe Miguel Corsini “no le llamó la atención” que la caja le diera una tarjeta para gastos personales, porque cuando entró en la Comisión de Control no tenía “por qué dudar de la bondad de las actuaciones de Caja Madrid, una entidad solvente”.

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