La demanda de China alimenta el espejismo inmobiliario de Hong Kong

Hong Kong, 3 may (EFE).- La compra masiva de viviendas en Hong Kong, una de las ciudades más caras del mundo, por parte de clientes de China ha contribuido a crear una irreal burbuja inmobiliaria donde los precios siguen subiendo totalmente al margen del devenir económico y social de la excolonia británica.

Según datos del departamento de Clasificación y Valoración del Suelo del Gobierno de Hong Kong de septiembre de 2014, el coste promedio de una vivienda de menos de 40 metros cuadrados era de entre 600.000 y 700.000 dólares, situando a esta ciudad como la más cara del mundo a la hora de asegurarse un techo.

En la excolonia se ha convertido en una imagen común ver a potenciales compradores hablando mandarín (la lengua oficial de China, mientras que en Hong Kong se habla cantonés) los fines de semana paseándose entre impactantes propiedades inmobiliarias de la ciudad.

Otros optan por hacer sus inversiones tras varias ojeadas a archivos electrónicos con fotos de inmuebles y toman su decisión a miles de kilómetros de distancia.

“Muchos de ellos nunca llegan a ver las propiedades que compran lo hacen a distancia y automáticamente las alquilan. Se trata de una simple operación de inversión que en esta ciudad genera miles de millones de ganancias en periodos de tiempo relativamente cortos”, explicó a Efe Lourdes Hernansanz, consultora inmobiliaria para el departamento de vivienda internacional de Sotheby’s en Hong Kong.

“En los últimos años es fácil encontrar ejemplos de viviendas que se compraron por cinco millones de dólares de Hong Kong (unos 650.000 dólares) y fueron vendidas cuatro años después por 20 millones (más de 2.500.000 dólares)”, señaló Hernansanz.

“Hong Kong es un mercado seguro que da confianza a inversores de todo el mundo y donde los impuestos son bajos, premisas que hacen de este lugar perfecto para invertir”, opinó la consultora.

Las medidas para enfriar un mercado en ebullición parecen sólo alcanzar a las viviendas de precio medio-alto.

Gravar con más impuestos a inversores extranjeros o aumentar a dos años el periodo legal para poder vender una vivienda recién adquirida para frenar la especulación han logrado frenar las ventas pero no enfriar un mercado que vive al rojo vivo.

El pasado abril otro nuevo dato corroboraba esta evidencia: un comprador se hacía con la vivienda más cara de Asia, un inmueble en la planta 45 de un edificio del centro de Hong Kong, de 430 metros cuadrados, por 56 millones de dólares.

En una ciudad con precios inmobiliarios de este calibre y cuyo salario medio mensual roza los 1.900 dólares, según datos del Gobierno correspondientes al segundo trimestre de 2014, la vivienda asequible para muchos hoy en día significa un piso de 20 metros cuadrados.

Lejos de ser un fenómeno puramente local, -casos similares pueden verse en Londres o Nueva York-, lo cierto es que la gente de Hong Kong está acostumbrada a vivir en estas microviviendas desde hace décadas, a través del recurrente método de subdividir ilegalmente viviendas unifamiliares.

Constructores y arquitectos han encontrado ahora una nueva fórmula legal para esa situación, los “miniapartamentos”, un lucrativo mercado para un sector que no conoce límites en Hong Kong.

En agosto de 2014 Henderson Land, una de las más poderosas constructoras locales, sacó a la venta viviendas de hasta 15 metros cuadrados, y lo que para la mayor parte del mundo equivale al tamaño de una habitación se llegó a vender por 470.000 dólares.

El mes siguiente fueron dos constructoras más las que anunciaron más de 4.000 viviendas de proporciones aproximadas, viendo en estos inmuebles el filón en esta nueva forma de estrujar, si es posible aún más, el espacio en Hong Kong.

“Desde el punto de vista de los promotores, la demanda de este tipo de viviendas reduce su riesgo de inversión,” señaló a Efe Victor Chung, agente inmobiliario para Cheung Kong Holding.

¿Hacia donde camina esta tendencia? De momento parece ofrecer pocos cambios, augura Hernansanz, quien cree que será a largo plazo, poniendo vistas en 2047.

Todo el suelo de Hong Kong es propiedad de su Gobierno, que lo alquila a grandes constructoras a cambio de suculentas cantidades de dinero que engorda las arcas públicas.

Una práctica heredada del Imperio Británico cuando éste tomó control de la isla en 1841.

En mayo de 1985 China y Reino Unido firmaron los términos del traspaso de la hoy región china, que entró en vigor en 1997, a través del modelo “un país dos sistemas”, otorgándole cierto grado de independencia a la isla y que incluía también los contratos de alquiler vigentes en el momento.

Un acuerdo que cuenta con una vigencia de 50 años, hasta 2047, cuando el Gobierno chino tendrá en exclusiva en sus manos el devenir de esta ciudad donde tener casa es cada vez más difícil.

Por Isabel Fueyo

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