Portugal cumple un año sin troika entre el optimismo y la resignación

Lisboa, 17 may (EFE).- Portugal cumple hoy un año libre de la férrea supervisión de la troika, un período con mejoras a nivel macroeconómico que de momento apenas se perciben en el día a día del ciudadano medio, ahora más preocupado por la corrupción.

En estos doce meses sin la presión de tener que rendir cuentas trimestralmente a los técnicos de la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI), el país dejó atrás definitivamente la recesión y regresó a la senda del crecimiento, aunque aún a un ritmo lento, lo que mantiene el paro en niveles demasiado altos.

Las mejoras económicas y la recuperación de la confianza en el país fueron recalcadas por el primer ministro luso, Pedro Passos Coelho, de signo conservador, quien se congratuló hoy de haber conseguido cumplir su principal misión al frente del Gobierno, la de “prescindir de la troika” después de un “esfuerzo colosal”.

El mensaje de “misión cumplida” también fue empuñado por el número dos del Ejecutivo, el viceprimer ministro Paulo Portas, quien subrayó que Lisboa consiguió una “salida limpia” del rescate.

“No les pedimos ni más tiempo, ni más dinero. Tuvimos una salida limpia y nadie impuso un programa cautelar”, recordó.

No obstante, en el último año tampoco se produjeron grandes cambios en las políticas de austeridad aplicadas por el Ejecutivo luso, que defiende la necesidad de cumplir con los objetivos de déficit público y justifica con ello la elevada carga fiscal.

Las diferencias más notables en este período se registraron en el debate público, donde la discusión de temas económicos quedó atrás y la política ganó fuerza, más todavía debido a las elecciones legislativas, que se celebrarán en septiembre u octubre próximos.

La atención mediática la coparon la detención y posterior encarcelamiento del ex primer ministro socialista José Sócrates (en funciones cuando Portugal pidió oficialmente el rescate), el sorprendente derrumbe del Grupo Espírito Santo bajo la sospecha de irregularidades contables o el escándalo “Monte Branco”, considerado el mayor caso de fraude fiscal y blanqueo detectado en el país.

Tanto es así que la palabra del año elegida por los portugueses en 2014 fue “corrupción”, heredera de otras vinculadas a la crisis como “austeridad” (2011) o “entroikado” (2012).

El PIB luso aumentó un 0,9 % en 2014 y se prevé que se incremente un 1,7 % en 2015, mientras que en los tres ejercicios consecutivos (2011-2013) en caída perdió un 1,8 %, un 3,3 % y un 1,4 %, respectivamente.

De hecho, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), Lisboa continúa presentando problemas para acelerar su crecimiento -una deficiencia histórica en el país-, y la suya será la séptima economía más lenta del planeta entre 2011 y 2020.

La evolución del desempleo refleja a la perfección las dificultades de Portugal para despegar pese a la marcha de la troika, ya que para 2015 se estima una tasa de paro del 13,4 %, apenas 5 décimas mejor que en 2014 y aún superior a la de 2011.

El ámbito donde mayor alivio se observa es en los mercados de deuda, donde el país es capaz de financiarse a cambio de intereses muy bajos, en línea con otros países europeos.

Aunque fue considerado por algunos como un ejemplo por lograr salir del rescate financiero sin necesidad de ayuda adicional -al contrario que Grecia y siguiendo el ejemplo de Irlanda-, Portugal continúa afrontando problemas estructurales, como el déficit comercial o las bajas tasas de crecimiento.

Las dificultades para que las mejoras macroeconómicas se noten en el terreno son confirmadas por asociaciones que trabajan con las familias más empobrecidas y con menos recursos.

“Todavía no vemos diferencias en las familias necesitadas y personas sin hogar que apoyamos”, dijo a Efe el presidente de Comunidade Vida e Paz, Henrique Joaquim, que destacó que aún no pueden decir “que los peores momentos de la crisis hayan pasado” porque hay mucha gente “sin grandes perspectivas de mejoría en un futuro próximo”.

Desde Legião da Boa Vontade, la asistente social Susana Veiga explicó a Efe que “el desempleo, los ingresos precarios y las pensiones bajas” predominan entre quienes atiende la institución.

“Tenemos algunos casos en que las familias consiguen un empleo temporal y vuelven después a recurrir a nuestro apoyo”, lamentó, razonando que “generalmente las personas más pobres son las últimas en tener mejorías significativas, porque también son los que están más desprotegidas en el acceso a la educación y el empleo”.

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