Los problemas tras el insignificante dato de desempleo de Tailandia, el 0,85 por ciento

Bangkok, 27 jun (EFE).- Ocho de cada mil tailandeses, el 0,85 por ciento de la población activa, se encuentra sin trabajo, según los últimos datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadísticas del Gobierno tailandés.

Una cifra insignificante que haría sonreír a los gobiernos de países con altas tasas de desempleo, pero que en realidad esconde la fragilidad del sistema laboral, la amplitud del mercado informal y los problemas estructurales que afectan a la economía tailandesa.

“En Tailandia existe un enorme desequilibrio de la renta. Los agricultores, quienes forman el 40 por ciento de la fuerza laboral del país, tienen unos exiguos ingresos comparados con las zonas industriales. Hay un abismo entre el campo y la urbe”, precisa a Efe el experto economista Somjai Pattanavijai.

El alto crecimiento del producto interior bruto (PIB) registrado en Tailandia durante los años 90, y que aún continúa siendo alto a día de hoy, ha propiciado una bonanza en la creación de empleo que no se ha traducido en un considerable aumento de los salarios.

Tras la subida aprobada en 2012, el actual salario mínimo por ley es de 300 baht (9 dólares u 8 euros) por jornada laboral de 8 horas.

El primer ministro tailandés, el general golpista Prayuth Chan-ocha, rechazó esta misma semana la petición de una nueva subida del mínimo salarial alegando la “debilidad del sistema” que se está viendo afectado por numerosos problemas económicos tras la toma de poder hace un año por parte de los militares.

“La tasa de desempleo bajo remarca la escasez en mano de obra en algunos sectores (…) Los tailandeses evitan trabajar en industrias sucias, duras o peligrosas. Un nicho laboral que se cubre con trabajadores inmigrantes”, señala el número dos del ministerio tailandés de Trabajo, Arrug Phrommanee, durante una entrevista con Efe.

Más de tres millones de inmigrantes, en su mayoría procedentes de Birmania (Myanmar), Camboya o Laos, son empleados en Tailandia para tareas arduas como la industria de la construcción o la pesquera, en muchos casos de manera ilegal.

La alta tasa de movilidad laboral se ve favorecida, según Somjai, por el exiguo subsidio por desempleo aportado por las autoridades locales a los tailandeses que dirige a las personas a buscar trabajos a tiempo parcial o en el sector informal.

El 70 por ciento de los 35 millones de población activa con los que cuenta Tailandia, según el viceministro, se encuentra empleado en el sector informal, es decir, aquel que no cotiza con sus impuestos directos a las arcas del Estado.

Puestos de comida callejera, taxistas y mototaxistas, agricultores, vendedores ambulantes o pequeños comercios, entre otras profesiones, conforman esta basta fuerza laboral que escapa de los tributos a la Administración.

“Nuestro ministerio (de Trabajo) está elaborando una estrategia para gestionar el sector informal. Les tratamos de asegurar una cobertura universal de seguridad social y salud, pero nos preocupa verificar que cobran al menos el salario mínimo y que su empleo sea acorde con su formación”, asegura el viceministro.

La legislación que rige el mercado laboral en Tailandia “es muy liberal” apunta Somjai, doctorado en Ciencias Políticas en 1982 por la Universidad Complutense de Madrid, por lo que con sólo trabajar de manera remunerada una hora a la semana en un campo de cultivo ya se es considerado empleado.

“Regular el sector informar es muy complicado porque no hay una voluntad política. Si esta fuerza laboral se incluye en el sector formal deben pagar tasas, impuestos, entonces los políticos evitan este problema ya que les costaría millones de votos”, apunta el experto.

La baja competitividad de los productos tailandeses unido a la mayor competencia con los países vecinos, cuya mano de obra es aún más barata, son algunos de los problemas estructurales con los que cuenta la economía de Tailandia.

Otros factores importantes que hay que añadir son: la inestabilidad política que vive el país, regido desde mayo de 2014 por un gobierno militar, y la desaceleración de la economía China, el principal socio de las exportaciones tailandesas y una constante remesa de turistas.

“El Gobierno sabe que se necesita de una gran esfuerzo en la reforma económica. Han aumentado su proyección de gasto para modernizar las obsoletas infraestructuras y sellar acuerdos para incrementar el intercambio con los países vecinos. Pero también hay que hacer reformas en la educación, en la política… que son necesarias ahora”, sentencia el economista.

Para el ejercicio de 2015, las prospecciones gubernamentales estiman el crecimiento del PIB de Tailandia entre el 3,5 y el 4 por ciento.

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