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Grecia celebra un referendo bajo el peso del impago y la falta de liquidez

Atenas, 28 jun (EFE).- Una vez que los socios han rechazado prorrogar el rescate, Grecia se prepara para una semana en la que deberá compaginar la campaña del referéndum con graves problemas de liquidez y la incertidumbre sobre una eventual imposición de control de capitales.

El Banco Central Europeo (BCE) envió un mensaje tranquilizador al anunciar que mantendrá las inyecciones de liquidez a la banca griega, aunque sin elevar el techo máximo de los préstamos de emergencia de actualmente en torno a los 99.000 millones de euros.

En Atenas, el consejo de estabilidad financiera se reunió para valorar esta decisión y al término del encuentro el ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, afirmó escuetamente que el Gobierno tomará “toda medida que sea necesaria para que no haya problemas en la vida cotidiana de los griegos”, no logrando con ello despejar la duda sobre si el lunes los bancos abrirán o no.

Tras firmar el decreto que oficializa la convocatoria del referendo, el presidente de la República, el conservador Prokopis Pavlópulos, manifestó su confianza en que los ciudadanos mostrarán “madurez” y “determinación”, pues “la gente sabe lo que está en juego”.

La consulta se celebrará el próximo domingo 5 de julio y, para que su resultado tenga validez, debe contar con una participación de al menos un 40 % de los votantes.

En la calle no se percibía hoy todavía ninguna señal de campaña, pero desde ayer las conversaciones en cafeterías, comercios y plazas versaban sobre esta nueva vuelta de tuerca de la crisis griega.

En los cajeros automáticos se empezaban hoy a notar los primeros síntomas de escasez y allí donde todavía había gente era porque había dinero.

Otros cajeros -en cambio- se habían quedado ya vacíos, con pequeñas colas de gente que se abortaban inmediatamente por falta de efectivo.

“Que no cunda el pánico, debemos defender nuestra dignidad”, decía un hombre ya mayor a un pequeño grupo de personas, en su mayoría mujeres, que se encontraban delante de dos cajeros vacíos.

“Pero si yo no digo que no se trate de dignidad. Yo estoy aquí porque tengo que dar de comer a mis hijos”, afirmaba una mujer, mientras que otra respondía, casi excusándose por querer sacar dinero: “Mire, yo lo único que quiero es sacar dinero para mis compras de la semana”.

La cuestión de fondo del referéndum es, por tanto, “decidir si se opta por la dignidad o por el dinero”, se planteaba una tercera mujer en alusión a que un “sí” en la votación del domingo volvía a abrir el grifo de los socios.

“¿Pero quién dice que firmar el acuerdo signifique que vayamos a tener dinero?”, respondía otra, aludiendo con ello a que la prórroga de cinco meses propuesta por las instituciones básicamente contempla fondos para poder servir la deuda, pero no para emprender algún programa de crecimiento.

Por ahora no hay ninguna encuesta que se haya realizado después del anuncio sorpresa del primer ministro, Alexis Tsipras, en la madrugada del sábado, de convocar el referéndum, pero los dos sondeos más recientes efectuados justo antes apuntan a una victoria del “sí”, es decir, de firmar el acuerdo con los acreedores.

En concreto, la encuesta del instituto demoscópico Kapa para el dominical “To Vima”, realizada entre el miércoles y el viernes, muestra que, en caso de celebrarse un referendo, un 47,2 % votaría a favor del acuerdo y un 33 % en contra.

Otro sondeo, el del instituto Alco, apunta a un 57 % a favor de firmar el acuerdo y un 29 % por la ruptura.

Estas encuestas deben tomarse con cautela pues se realizaron sin tener en cuenta que el Gobierno ha pedido el “no”, lo que podría llevar a algunos de los votantes de la coalición de Syriza y de los nacionalistas Griegos Independientes a darles su respaldo.

Si finalmente prospera el “sí”, se abren las puertas a retomar inmediatamente la negociación pero en el plano político se plantea la incógnita de si sería el actual Gobierno el que volvería a la mesa del diálogo.

Tsipras ha asegurado que respetará cualquiera que sea el resultado y que un rotundo “no” de la población reforzará la posición del Gobierno en la negociación, pero, desde el otro lado de la mesa, el mensaje ha sido que el diálogo se retomará solo en caso de una respuesta positiva de la población.

Según coinciden los analistas políticos, un “no” conduciría con toda probabilidad a la dimisión del Gobierno y, o bien llevaría a la convocatoria de elecciones inmediatas o a la formación de un Ejecutivo de unidad nacional transitorio, encargado exclusivamente de terminar las negociaciones.

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