Rousseff admite que la crisis de la economía brasileña seguirá en 2016

Brasilia, 25 ago (EFE).- La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, admitió hoy que la crisis en que se ha sumergido la economía del país se mantendrá en 2016 y lo atribuyó a las turbulencias mundiales, de las que dijo que no se sabe cómo podrán evolucionar.

“Espero una situación mejor” para el año próximo, pero “no hay cómo garantizar que la situación será maravillosa, porque no será así”, dijo la gobernante, que reconoció que Brasil “va a seguir teniendo muchas dificultades”.

Según Rousseff, aún “no se sabe cuál será la repercusión de todo lo que está ocurriendo en la economía internacional” y, en especial, de las turbulencias que afectan a China, que se ha convertido en el principal destino de las exportaciones brasileñas.

En una entrevista con emisoras de radio de Sao Paulo, Rousseff indicó que la economía brasileña, que está al borde de una recesión y que este año cerrará con una contracción de al menos un 1,5 %, de acuerdo a datos oficiales, “requerirá mucho cuidado” en 2016.

Sin embargo, mostró su esperanza de que el plan de ajuste fiscal que ha adoptado su Gobierno, que incluye un fuerte recorte del gasto público y un aumento de la recaudación tributaria, ayude a minimizar el impacto exterior en la economía nacional.

Según expertos del mercado financiero, la economía brasileña caerá este año casi un 2 % y esa tendencia se mantendrá en 2016, para cuando se prevé una contracción del 0,24 %, en una situación de fuerte presión inflacionaria y aumento del desempleo.

Rousseff criticó el “pesimismo” que los mercados tienen respecto al futuro del país, aunque dijo “comprender” la insatisfacción de la sociedad, pues “las personas siempre quieren que todo se resuelva inmediatamente”.

La delicada situación económica y el efecto de la corrupción en la empresa estatal Petrobras, en la que están implicados medio centenar de políticos, en su mayoría de los grupos que sostienen al Gobierno, han deteriorado la imagen de Rousseff, reelegida el año pasado pero cuya aprobación ha caído a mínimos históricos del 8 %.

Como consecuencia de ese ambiente económico y político, la oposición ha convocado multitudinarias protestas, como las que el pasado día 16 llevaron a la calle a casi un millón de personas, para exigier la renuncia o destitución de la gobernante.

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