Berlín exhibe solidez económica y política, pese a la grietas de su coalición

Berlín, 27 ene (EFE).- El Gobierno alemán exhibió hoy estabilidad económica y política, apuntalado en el sólido crecimiento de su Producto Interior Bruto (PIB), y minimizó las grietas aparecidas en la gran coalición que lidera Angela Merkel por la acogida de refugiados.

“No hay peleas en el Gobierno. Nuestro crecimiento económico y nuestro mercado laboral son la envidia de muchos socios europeos. Somos un modelo de estabilidad económica y política”, afirmó el ministro de Economía, vicecanciller y líder socialdemócrata, Sigmar Gabriel, al presentar su informe económico de 2016.

Su departamento prevé para el presente año un crecimiento del PIB del 1,7 %, el mismo nivel que en 2015 y solo levemente por debajo del 1,8 % previsto por el Ejecutivo en sus anteriores pronósticos.

Se mantiene así la línea de la robustez marcada en 2014, con un crecimiento del 1,6 %, que fue ya un signo claro de recuperación de la primera economía de la Unión Europea (UE), tras el 0,3 % de 2013.

Se estima que Alemania logrará, por segundo año consecutivo, el objetivo del déficit cero en los Presupuestos del Estado, y que la deuda pública se situará por debajo del 70 % del PIB.

En lo que respecta al mercado laboral, se pronostica otro récord histórico de ocupación -43 millones de trabajadores- y una tasa de desempleo del 6,4 %, de las más bajas de la UE.

“Somos cautelosos con las estimaciones del crecimiento, porque pese al buen funcionamiento del consumo interno, público y privado, nuestra economía depende de factores externos, como la exportación”, admitió Gabriel.

El ministro de Economía calificó de “mediano” y “no óptimo” el porcentaje del 1,7 % de crecimiento pronosticado para este año y advirtió de que, para que Alemania mantenga su solidez actual, hay que reforzar la inversión, pública y privada, en los próximos años.

Para el presente ejercicio se prevé un incremento de la demanda interna del 2,3 % -en 2015 fue del 1,6 %-, mientras que las exportaciones crecerán un 3,2 %, frente al 5,4 % del año anterior.

“No hay que temer por el futuro de nuestra industria ni de nuestro motor exportador. Pero está claro que hay que invertir para mantener nuestra competitividad en términos globales”, apuntó.

Gabriel declinó hacer estimaciones sobre el impacto económico que tendrá la acogida de refugiados -Alemania recibió el año pasado 1,1 millones de solicitantes de asilo-, sea sobre su mercado laboral o sobre la evolución del PIB.

“Es difícil hacer cálculos sobre ello, puesto que depende de muchos factores”, se excusó, para citar entre estos elementos su capacidad efectiva para integrarse en el mercado laboral y también cuántos finalmente podrán quedarse en el país.

En los próximos meses no hay que esperar “un gran impacto” de la llegada de refugiados en el mercado laboral, aventuró el ministro, quien consideró importante mantener la calma frente al enorme desafío político y logístico que supone su acogida, tanto a escala alemana como europea.

“No hay que caer en histerias”, sostuvo, para destacar como ejemplo de respuesta equilibrada el proyecto de ley aprobado hoy mismo por el consejo de ministros para agilizar la expulsión de delincuentes extranjeros.

La medida fue adoptada “en tiempo récord”, en medio de la alarma causada por los abusos sexuales a mujeres y robos masivos de la pasada Nochevieja, en Colonia, y tras comprobarse que entre los presuntos atacantes había solicitantes de asilo.

El Gobierno está trabajando “sin fisuras”, dijo, ante las insistentes preguntas sobre las grietas en la gran coalición entre conservadores y socialdemócratas, que ha mantenido bloqueado un paquete de medidas en materia de asilo pactado en noviembre.

“Hay diferencias entre los partidos, en el Gobierno hay total cohesión y equilibrio”, insistió, para incluir en este buen comportamiento a los ministros de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU).

La formación bávara, hermanada a la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, envió el martes un ultimátum por escrito a la canciller, a la que apremiaba a dar un giro a su política de asilo e imponer un límite de 200.000 refugiados por año, con la advertencia de que, en caso contrario, recurrirá al Tribunal Constitucional.

Por Gemma Casadevall

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