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La abrupta caída del petróleo ensombrece Argelia

Argel, 31 ene (EFE).- La abrupta caída de los precios del crudo y sobre todo la perspectiva de que no se van recuperar a corto y medio plazo los niveles anteriores ha dibujado un halo de pesimismo en el rostro de los argelinos, cada día más preocupados por el futuro del un país.

Tras décadas acostumbrados a las generosas y casi omnipresentes subvenciones estatales, las políticas de austeridad adoptadas por el actual gobierno y la subida de los precios de productos básicos, como los carburantes, hacen cada día más difícil a las familias llegar a fin de mes.

Y también al actual régimen mantener una economía paternalista plenamente dependiente del petróleo, que supone más del 97 por ciento de los exportaciones de un país que apenas produce nada y que se ha acostumbrado a consumir productos extranjeros, ahora cada vez más caros.

Expertos apuntan a que esta es solo la punta del iceberg de un problema que probablemente será mayor en un par de años, cuando de verdad se vean los efectos en la recaudación estatal de la bajada del petróleo y se dispare el déficit.

Citados por medios locales, esos analistas subrayan que 2016 ya va ser especialmente duro para los argelinos, afectados por el nuevo presupuesto general del Estado, elaborado sobre la base de un precio de referencia del barril de petróleo de 37 dólares.

Los citados presupuestos, aprobados el pasado 30 de diciembre, prevén el aumento de los precios en diferentes carburantes entorno a un 40 por ciento.

Para los argelinos, los taxis y otros transportes son ahora mucho más caros, pese a que el Gobierno había asegurado que los precios se mantendrían.

Sentado dentro de su coche, Said espera a los clientes y explica que antes solía llenar el tanque por 1.300 dinares (11,18 euros), un precio que ahora se eleva a 1.700 (14,62 euros).

También otros servicios básicos como el agua y la electricidad se han encarecido en torno a un 7 por ciento en el primer caso y entorno al 17 por ciento cuando el consumo se eleva por encima de los 125 Kilowatios/Hora (KWH).

“Creo que la gente va a protestar cuando pase un trimestre, en ese momento va descubrir la diferencia del precio respecto a facturas anteriores”, auguró a Efe un economista que prefirió no ser identificado.

Argelia ya sufrió un conato de protestas sociales en 2011, al rebufo de las revueltas similares que estallaron en países vecinos como Túnez o Egipto.

Pero entonces el gobierno pudo “comprar la paz social” con una mezcla de cierta represión policial y un programa de desarrollo económico, con aumento de los salarios y otras medidas parecidas que pudo poner en marcha gracias a la robustez del mercado petrolero.

Una táctica que los expertos creen que ahora tiene más difícil repetir en caso de que el malestar y las protestas vuelvan a las calles.

El propio gobernador del Banco de Argelia, Mohamed Laksaci, ha advertido del fuerte deterioro de las finanzas públicas, sobre todo de la reserva de divisas, que han descendido en 32 millones de dólares entre septiembre de 2014 y julio de 2015, pasando de 185.000 millones de dólares a 152.000.

Además, la balanza comercial aumentó su déficit desde el principio del año pasado porque el país importa prácticamente todo lo que consume.

Expertos en economía local calculan que el país puede sostenerse en sus actuales reservas tres o cuatro años, un tiempo durante el cual Argelia debe aprovechar para diversificar las inversiones y reformar el mercado de trabajo, en el que el gobierno es aún el principal empleador.

En este ambiente, el Ejecutivo ya ha empezado a tomar algunas medidas de cara a un futuro que se pronostica agitado, como el lanzamiento de una nueva campaña de reclutamiento en el seno de la Policía Nacional.

Una decisión adoptada poco después de que estallaran las primeras protestas en ciudades orientales como Tigzirt, Setif y Batna, donde cientos de ciudadanos salieron días atrás para exigir la mejora de sus condiciones de vida y poder adquisitivo.

La última de estas ciudades ya fue escenario de los primeros disturbios y choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad en los que murió una anciana a causa de inhalación de gases lacrimógenos mientras que otras 71 personas resultaron heridas.

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