KPMG avisa que los bancos que tarden en digitalizarse no sobrevivirán

Madrid, 26 mar (EFE).- Los bancos que no hagan un esfuerzo para adaptarse lo antes posible a las nuevas tecnologías no podrán sobrevivir, ya que serán incapaces de competir con las otras entidades en materia de rentabilidad, solvencia o ciberseguridad.

Así lo ha explicado, en declaraciones a Efe, el socio responsable del sector Financiero de KPMG en España, Francisco Uría, que ha añadido que la digitalización ha dejado de ser una opción y se ha convertido en una obligación para los bancos.

Y es que las entidades que se queden atrás, “simplemente no sobrevivirán, dada la velocidad del cambio que estamos viviendo y el creciente número de clientes que operan en formatos no presenciales”, ha dicho.

Por ello, las entidades que no sean capaces de gestionar “de forma eficaz la información que tienen de sus clientes y les permitan relacionarse con el banco a través del canal de su preferencia de un modo igual de eficiente, no podrán enfrentarse a sus competidores”, ni a los antiguos ni a los nuevos.

La tecnología es y será una herramienta clave, no sólo para ofrecer al cliente servicios y productos adaptados a sus gustos y necesidades, sino también para “ayudar a las entidades a controlar sus costes y mejorar su rentabilidad”, explicó.

Además, los bancos que se queden atrás en sus inversiones en tecnología afrontarán riesgos “inasumibles” en materia de ciberseguridad y tendrán perdida de antemano la batalla de la eficiencia y la rentabilidad, por lo que sus resultados se resentirán a medio y largo plazo.

“Un banco que no es mínimamente rentable termina por afrontar problemas de capital”, explicó.

En cuanto al papel que jugarán en el futuro del sector los gigantes de internet como Google o Amazon, que están empezando a ofrecer algunos servicios financieros, Uría aseguró que las entidades deben afrontar “con confianza” la competencia de estos nuevos operadores.

La banca tiene una dilatada experiencia en la relación con sus clientes, dispone de un conocimiento diferencial de ellos y una probada capacidad para adaptarse a una regulación “muy exigente”.

Por ello, para este experto, las ventajas de las que gozan estos nuevos competidores ya no serán tantas cuando se ven obligados a cumplir los mismos requisitos regulatorios que la banca para prestar servicios equivalentes.

Además, aconsejó a los clientes bancarios que no olviden lo que ha ocurrido en muchas ocasiones con operadores “escasamente regulados o insuficientemente supervisados”, como ocurrió con las hipotecas basura en Estados Unidos, que fueron el origen de la crisis financiera que comenzó en 2007.

“No debe olvidarse nunca que cuando el cliente contrata un depósito para que el banco preste, el riesgo de que el préstamo no sea devuelto lo corre el banco, sin que el cliente padezca un riesgo real de pérdida de su depósito”, añadió.

En cuanto a la percepción que tiene la gente sobre los bancos, Uría recordó que la crisis financiera y algunos episodios que se han producido durante la misma han afectado a la imagen del sector y al final han terminado pagando “justos por pecadores”.

Preguntado por cómo serían las oficinas bancarias del futuro, Uría consideró que tendrán que adaptarse “a un entorno en el que el manejo de dinero en efectivo y la transaccionalidad serán cada vez menos importantes”.

En consecuencia, las oficinas bancarias tendrán que ofrecer servicios de valor añadido y convertirse en plataformas atractivas de venta de productos y servicios, capaces de captar también la atención de los clientes jóvenes, los más reacios a acudir al banco, puesto que lo hacen ya casi todo con el móvil.

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