El galimatías de Pescanova: la “Vieja”, la Nueva y su ampliación de capital

Madrid, 25 ago (EFE).- Cuando la refundación del grupo está a punto de cumplir un año, la Nueva y la “Vieja” Pescanova vuelven a ser protagonistas por la ampliación de capital que plantean los responsables de la primera, y que ha avivado aún más las tensiones existentes entre uno y otro bloque.

La operación, que será tratada previsiblemente en la junta de accionistas de Nueva Pescanova a finales de septiembre, es rechazada de plano tanto por los gestores como por los minoritarios de la “Vieja” Pescanova, contrarios a una ampliación que en la práctica diluiría su participación, fijada en el 20 %.

Para entender el galimatías que rodea a Pescanova es necesario remontarse hasta 2013, fecha en la que el grupo entró en concurso de acreedores por sorpresa.

El informe a posteriori de la auditora KPMG arrasó con la gestión del que fuera su histórico presidente, Manuel Fernández de Sousa, por considerar que durante años ordenó y consintió irregularidades contables para esconder el volumen de deuda real. ¿El resultado? Un agujero patrimonial valorado en 1.667 millones de euros.

El proceso penal contra Fernández de Sousa continúa todavía hoy en los juzgados, aunque por el momento ya ha sido sancionado por hacer uso de información privilegiada a la hora de vender la mitad de sus acciones antes de que estallara la crisis del grupo.

Con su antiguo presidente apartado de la administración, la matriz del grupo Pescanova alcanzó en 2014 un convenio con sus acreedores, entre ellos el llamado “G-7”, como se conoce a las siete entidades financieras a las que se debía más dinero: Sabadell, Popular, Abanca, Bankia, BBVA, CaixaBank y UBI Banca.

A este acuerdo le siguieron otros vinculados a las sociedades filiales en España del grupo Pescanova, lo que derivó en la reestructuración acometida en septiembre de 2015.

La refundación supuso su separación en dos empresas totalmente diferentes, con Nueva Pescanova como responsable de la parte productiva de la compañía, dedicada a la fabricación y venta de pescado, marisco y derivados -tanto congelados como refrigerados-, y que se venden bajo la marca original de la firma.

La compañía está controlada por los bancos acreedores, que condonaron una parte de la deuda pero tienen ahora la sartén por el mango al ostentar el 80 % del capital.

Mientras tanto, la “Vieja” Pescanova (oficialmente, Pescanova S.A.) se limita a ser una sociedad de cartera, sin actividad, cuyo principal activo no es otro que un paquete de acciones de Nueva Pescanova equivalente al restante 20 % de su capital.

¿Y quienes están detrás de esta “Vieja” Pescanova? Más de la mitad de los títulos (en torno a un 55 %) pertenecen a los cerca de 9.000 minoritarios, es decir, a aquellos accionistas cuya participación es inferior al 3 %.

De acuerdo con los datos del supervisor bursátil, el restante 45 % del capital está repartido entre nueve accionistas mayoritarios, liderados por el ex presidente del grupo, Fernández de Sousa, que mantiene el 7,6 % de los títulos.

De cerca le sigue Carolina Masaveu, con una participación próxima al 7,1 %, tras la que se sitúan el grupo de bebidas Damm (6,2 %), los fondos Luxempart (5,8 %), Cartesian (5 %) y Broadbill (3,69 %), así como el empresario José Antonio Pérez-Nievas (3,39 %), el antiguo consejero Alfonso Paz-Andrade (3,03 %) y el fondo Nova Ardara Equities (3,02 %).

La “Vieja” Pescanova continúa siendo oficialmente una empresa cotizada, aunque sus acciones están suspendidas desde 2013.

Los intentos de la compañía por convencer al regulador bursátil para que levante este veto han sido infructuosos, y en su última respuesta le reclamó documentación de la que sólo podrá disponer después de la junta de Nueva Pescanova, a finales de septiembre, cuando también está previsto discutir la hipótesis de la ampliación de capital.

Los minoritarios de Pescanova S.A. no quieren ni oír hablar de una recapitalización que, de producirse, supondría diluir su participación, una postura defendida igualmente por sus gestores.

Sin embargo, la decisión del accionista mayoritario Broadbill de proponer un consejo alternativo al planteado por la actual administración más enfocado en resolver los “conflictos” entre las dos compañías y presentar un nuevo plan de negocio no ha hecho sino añadir más incertidumbre todavía al futuro de la “Vieja” Pescanova.

Oscar Tomasi

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