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Mario Conde, el fénix que ansía resurgir de sus cenizas en el nuevo curso

Madrid, 27 ago (EFE).- 11 de abril, primera hora de la mañana. Agentes de la Guardia Civil irrumpen en la tranquila y residencial calle Triana de Madrid, donde durante más de catorce horas registran el domicilio familiar de Mario Conde, el que fuese paradigma de la nueva banca volvía a estar en el ojo del huracán ocho años después.

En libertad provisional desde el pasado 17 de junio, el expresidente de Banesto encara en septiembre un periodo clave en su intención de desmontar unas pesquisas, iniciadas en 2011, que le señalan como líder de la presunta trama que habría blanqueado 13 millones de euros junto a otras catorce personas, entre ellas sus hijos, Mario y Alejandra.

Un hecho denunciado por la Fiscalía Anticorrupción, que, a finales de marzo, alertó a la Audiencia Nacional de la supuesta actividad delictiva del exbanquero, quien habría repatriado este dinero, procedente de la responsabilidad civil de los casos por los que cumplió condena, a través de sociedades pantalla.

La operación “Fénix”, instruida desde entonces por el juez Santiago Pedraz, no sólo reabría un pasado que parecía cerrado en 2008, cuando Conde quedó en libertad por el saqueo de Banesto, sino que magnificaba las dimensiones de una causa que involucra a su círculo más íntimo.

“¿De qué te sirve ganar un juicio si han roto tu alma?” se lamentaba el exbanquero en redes sociales apenas días después de abandonar la prisión madrileña de Soto del Real en la que permaneció dos meses de forma preventiva.

Y es que, tal y como cita en otra de sus publicaciones, “todo es cerrazón y noche” a su alrededor, unas sombras que acecharon incluso a los hermanos Jaime y José Ángel Alonso García, los dos miembros de la Fundación Nacional Francisco Franco que presentaron el primer aval para la liberación de Conde y a quienes la Fiscalía propuso investigar por sus posibles nexos.

En este complejo marco, el titular del juzgado central de Instrucción número 1 ordenará la práctica de nuevas diligencias con el fin de identificar de qué modo están vinculados cada uno de los quince querellados y cuál fue su grado de participación en unos hechos supuestamente delictivos.

Un “quién es quién” ya perfilado por la fiscal Elena Lorente, que describió cómo Conde había dirigido “a un conjunto de personas compuesto por familiares, empleados, amigos y afines en una evidente distribución de tareas”, comandadas por su hija, a quien el juez revocó su arresto domiciliario a finales de junio.

Dicha afirmación explicaría que los trabajadores Félix Leonardo Loza, Félix Castell -también exconserje en Banesto-, y Carlos Castaño figuren en la causa como colaboradores en las entregas en efectivo, del mismo modo que la cuñada de Conde, Paloma Jiménez López de Arenosa, y el presunto testaferro Antonio Pérez.

El levantamiento del velo intensificó la complejidad de un caso pendiente de conocer las valoraciones de varias justicias europeas como la italiana, suiza o luxemburguesa, países con los que el exbanquero estuvo relacionado de forma profesional o de los que procedían las transferencias.

Unos movimientos que también se analizan en España, especialmente a raíz del informe del Banco Espírito Santo, que rechazó una operación efectuada por el yerno de Conde, Fernando Guasch, al detectar indicios de blanqueo de capitales, y por el que ya han declarado como testigos dos directivos de la entidad.

El grueso de las pruebas continuará centrándose en Barnacla, considerada epicentro del entramado y cuyos trabajadores entre 2012 y 2014 podrían ser empleados del hogar familiar que cobraban sus nóminas a través de dicha sociedad, al igual que la supuesta testaferro, María Cristina Fernández.

Los próximos meses serán fundamentales para el cuñado de Conde, Fernando Flores, y el hombre de confianza de la familia, Francisco de Asís Cuesta, presuntos cooperadores del alzamiento de bienes con el que el exbanquero habría eludido la responsabilidad civil de los casos Banesto y Argentia Trust.

Pero también para el abogado Francisco Javier de la Vega, un histórico del entorno del empresario y a quien los investigadores sitúan como creador de una trama a la que sirvieron sus dos “súbditos”, según expone el escrito de la Fiscalía, el suizo Francisco Romero y el instructor de esquí eslovaco Roland Stanek.

Conde, símbolo de éxito en la España de los ochenta, encara con calma esta cuenta con la justicia, convencido de poder demostrar el origen lícito del dinero y con la fuerza de quienes, ahora más que nunca, han estado siempre a su lado, sin preguntas ni condiciones.

Una tranquilidad pasmosa para este fénix que lucha por resurgir de sus cenizas, aunque de momento y a tenor de sus redes sociales, sea el eco de unas terceras elecciones en esta España “inerte, silente e inicua” lo que desvele su sueño.

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