La economía brasileña se hunde un 3,8 por ciento en el segundo trimestre

Río de Janeiro, 31 ago (EFE).- La economía de Brasil profundiza su recesión tras sufrir una caída del 3,8 por ciento en el segundo trimestre en comparación con el mismo período del año pasado, según datos oficiales divulgados hoy.

Entre abril y junio, la economía del gigante suramericano se contrajo un 0,6 % en relación a los tres primeros meses de 2016, de acuerdo con los datos divulgados hoy por el estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE).

Además, el Banco Central confirmó hoy que las cuentas públicas brasileñas acumularon en los siete primeros meses del año un déficit fiscal primario de 36.592 millones de reales (unos 11.088,5 millones de dólares), el mayor para el período en la historia del país.

En los siete primeros meses de 2015 el Estado brasileño había acumulado un superávit primario de 6.204 millones de reales (unos 1.878,8 millones de dólares), que ya era entonces, pese a ser un saldo positivo, el peor resultado en las cuentas públicas brasileñas para el período.

Estas cifras suponen un nuevo golpe para un país sumido en una profunda crisis económica, agravada por la crisis política que derivó hoy en la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, sustituida por Michel Temer.

Rousseff deja el país con los terceros peores resultados económicos desde la instauración de la República, en 1889, y con una contracción del 3,16 por ciento prevista para este año.

La caída del año podría ser aún peor si se tiene en cuenta que en los últimos doce meses, hasta junio pasado, el PIB brasileño acumuló una retracción del 4,9 %, más de un punto porcentual por encima del resultado negativo del año pasado (-3,8 %).

De mantenerse esta tendencia, la economía brasileña, en grave recesión desde 2015, encadenará dos años seguidos de crecimiento negativo por primera vez desde la década de 1930.

El consumo de los brasileños, impulsado por la reducción de la pobreza y el aumento de la renta, fue el principal motor de la economía hasta hace un par de años, pero cayó un 5 por ciento en el primer semestre, arrastrado, en buena parte, por el aumento del desempleo y la inflación.

El poder adquisitivo de la población se ha visto seriamente afectado por el significativo aumento de una inflación que en 2015 alcanzó su mayor nivel en trece años al situarse en el 10,67 %.

También frena el consumo el aumento de una tasa de desempleo que subió hasta el 11,6 % en julio, cuando cerca de 11,8 millones de personas buscaba trabajo en el mayor país de América Latina, según informó esta semana el Gobierno.

Tampoco ayuda a la situación económica del país un sector público que registra un histórico déficit en sus cuentas, lo cual ha llevado a una fuerte desinversión en programas sociales, que sirvieron de estímulo a la economía y que caracterizaron los trece años de Gobierno del Partido de los Trabajadores que hoy llegaron a su fin.

Al asumir de manera interina el Gobierno, el pasado 12 de mayo tras la suspensión de la mandataria Dilma Rousseff, el ya nuevo presidente de Brasil, Michel Temer, se impuso como primer objetivo controlar el déficit y la deuda pública.

El ministro de Hacienda de Brasil, Henrique Meirelles, reconoció recientemente la posibilidad de un aumento de los impuestos en el país, aunque expresó su confianza en que la política monetaria de los resultados esperados y se mostró optimista sobre el desempeño de la economía.

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