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Valonia insiste en bloquear el acuerdo CETA entre la UE y Canadá

Bruselas, 24 oct (EFE).- La Unión Europea (UE) trabaja a marchas forzadas para convencer a la región belga de Valonia, de 3,5 millones de habitantes, de que levante su veto al acuerdo de libre comercio con Canadá (CETA), que está previsto se firme el jueves y que afecta a 545 millones de europeos y canadienses.

Tras una reunión de menos de una hora entre autoridades regionales y nacionales, el primer ministro de Bélgica, Charles Michel, reiteró que su país “no está en posición de firmar el CETA”.

Michel se expresó así tras un encuentro breve en el que se esperaba que Valonia hiciera oídos sordos al plazo previsto por la UE, que prefería hoy una respuesta positiva por parte de la Bélgica francófona.

Por eso, el mensaje que mandaron este lunes los portavoces oficiales de la Comisión Europea (CE), es que hay que tener “paciencia” hasta saber qué dan de sí los contactos de la jornada entre las instituciones comunitarias con Bélgica y Canadá.

Tras el enésimo veto valón, un portavoz del Consejo Europeo (CE) señaló a Efe que hay que esperar a que Donald Tusk, presidente de esa institución que representa a los países de la UE, hable a lo largo del día con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau.

El canadiense también se entrevistará telefónicamente con el presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, y con el primer ministro belga, en una desesperada ronda de contactos para intentar salvar el calendario del CETA que, si este lunes no logra la aprobación de Bélgica, difícilmente podrá firmarse el jueves.

Esto no significa que se entierre el tratado, pero sí que se retrasará la firma de un acuerdo de libre comercio cerrado desde hace dos años y que la Comisión describe como “el más ambicioso” de la historia de la Unión Europea.

Valonia, situada en el sur de Bélgica y sin apenas intercambios comerciales con Canadá, ha bloqueado a última hora un tratado que se empezó a negociar hace siete años y que estaba previsto se rubricara sin sobresaltos y coincidiendo con la cumbre entre UE-Canadá en Bruselas.

Desde la pasada semana el Parlamento valón rechaza el texto, lo que impide constitucionalmente que Bélgica rubrique el acuerdo, de forma que la Unión no puede aprobarlo, pues necesita la unanimidad de sus Veintiocho miembros.

Canadá ha negociado in extremis con Valonia para convencer a los belgas francófonos de la conveniencia de firmar el CETA, hasta que el pasado viernes los canadienses tiraron la toalla y transfirieron la responsabilidad a Europa.

Al borde de las lágrimas, la ministra de Comercio Internacional de Canadá, Chrystia Freeland, anunció el viernes en Bruselas que no negociaría más con la región valona.

“Estamos regresando a casa. Al menos veré a mis tres hijos mañana en casa”, lanzó la ministra canadiense, que no daba por muerto el acuerdo pero que se lavaba las manos ante el rocambolesco proceso de aprobación de la UE.

Las instituciones de la Unión han trabajado a contrarreloj durante el fin de semana para mantener el calendario previsto, aunque nada impide técnicamente que el acuerdo se firme más adelante.

“La ministra canadiense ha sido muy clara, el balón está en el campo europeo”, señaló hoy una fuente comunitaria, que recordó que la CE ha incluido en el acuerdo un anexo jurídicamente vinculante para “clarificar” las reticencias de los valones.

Estos, gobernados por un Partido Socialista francófono (que no forma parte de la coalición tripartita del Ejecutivo federal) reconocen que ha habido “avances”, pero no los suficientes.

Valonia sigue cuestionando, especialmente, que el CETA contemple un sistema de arbitraje internacional para los conflictos entre inversores y Estados, un mecanismo que ya existe en el acuerdo que la UE y Vietnam firmaron en diciembre de 2015.

Según cifras del Banco Nacional de Bélgica (BNB), las exportaciones valonas hacia Canadá representaron en 2015 el 9,5 % del total de las realizadas por Bélgica. La región valona es el socio número 34 de Canadá en cuanto a exportaciones, y el 35 en importaciones, según datos publicados por el diario La Libre Bélgique.

“Cuando concluimos un acuerdo comercial con Vietman, mundialmente conocido por aplicar todos los principios democráticos, nadie levantó la voz. Cuando lo hacemos con Canadá, una dictadura redomada, hay protestas”, señaló con ironía el presidente de la CE, Jean-Claude Juncker.

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