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La mutación del mercado laboral sacará a debate la renta básica universal

Madrid, 20 nov (EFE).- Los cambios que se producirán a largo plazo en el mercado laboral hacen que cada vez más economistas y sociólogos consideren necesaria la implantación de la renta básica universal en España, con lo que es previsible que esta medida vuelva a estar presente en el debate público durante los próximos años.

Aunque ningún partido político la defiende sin reservas, en el mundo académico hay algunos expertos que dicen que la renta básica universal ya es imprescindible para terminar con la desigualdad social en el país y que lo será más en el futuro, debido a la destrucción de empleo que se producirá como consecuencia de la robotización de los procesos productivos.

Unos opinan que esta medida podría financiarse a través de una reforma del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), además de con el ahorro que supondría la desaparición de todas las prestaciones públicas monetarias inferiores a la nueva figura, aunque otros consideran que su elevado coste pone en duda su viabilidad.

El catedrático de la UNED Juan Antonio Gimeno Ullastres explica que la renta básica universal -una asignación monetaria incondicional para todo ciudadano o residente acreditado-, o alguna fórmula semejante, “es absolutamente necesaria para mejorar el sistema, abaratar sus costes y ser más eficiente”, más todavía cuando “no se crean puestos de trabajo para toda la población”.

El profesor de la Universidad de Barcelona y autor de varios estudios sobre la renta básica universal, Daniel Raventós, coincide con este planteamiento y advierte de que la robotización del mercado laboral hará más necesaria la renta básica en el futuro, debido a la destrucción de empleo que se producirá.

En este sentido, Raventós señala que millones de puestos de trabajo a nivel mundial, y cientos de ellos si se habla de un país, pueden quedar suprimidos en la próxima década por ser mecanizados o robotizados, “y lo que es más importante, que estos puestos de trabajo no van a quedar compensados por los que se van a crear con los nuevos modelos productivos”.

Por el contrario, el profesor del IESE Antonio Argandoña señala que “medidas como la renta básica podrían ser una solución a corto plazo”, además de que no sería del todo necesaria si se consigue que la población se adapte a las nuevas condiciones del mercado laboral mediante la formación.

Sobre cómo podría financiarse, Gimeno destaca que solo con las prestaciones que serían “absorbidas” por la nueva medida ya se podría garantizar una renta básica mínima para el 50 % de la población, aunque fuera en una cifra no muy elevada.

Según Gimeno, “podría financiarse a coste cero totalmente para el tercio más necesitado de la población e ir descendiendo en la cuantía neta percibida para el resto, hasta anularse en los niveles más altos de renta”, ya que se devolvería de forma progresiva en el IRFP.

Por el contrario, Argandoña considera que implantar una renta básica universal en España “es posible aunque no fácil” porque, en su opinión, esta medida se pondría en marcha “a costa de una subida de impuestos que sería muy difícil de conseguir sin que tenga un resultado económico adverso en el país”, o mediante la reducción de otros gastos.

En la misma línea, el catedrático de Economía de la Universidad de Zaragoza e investigador de Funcas Eduardo Bandrés señala que el principal problema de un programa de estas características “es el coste y, por tanto, su viabilidad”.

Bandrés destaca que estimaciones realizadas por algunos economistas calculan que el coste superaría los 300.000 millones de euros, si bien al sustituir otras prestaciones existentes, el coste neto estaría por encima de los 200.000 millones, cifra que corresponde aproximadamente con el 20 % del PIB.

En su opinión, esto “exigiría un aumento de la presión fiscal de tal calado, o un déficit de tales dimensiones, que harían que la renta básica fuera políticamente inviable”.

Según Argandoña, el reto a la hora de diseñar la renta básica es “que no sea una motivación para dejar de trabajar”, algo que se produciría si la cuantía es demasiado elevada, porque podría caerse en “pagarle a alguien la sopa boba”, lo que “no es sostenible” y sí “una utopía”.

Por el contrario, Raventós cree que este planteamiento “es pura ignorancia” y añade que la implantación de la renta básica universal supondría “sin ninguna duda” un cambio en el mercado laboral porque “los trabajadores ganarían en poder de negociación”, además de que “habría muchos empleos en los que se ofrecerían salarios más elevados”.

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