La economía cierra el tercer año de recuperación impulsada por el consumo

Madrid, 16 dic (EFE).- La economía española va a terminar 2016 con un crecimiento similar al de 2015 gracias al dinamismo del consumo interno, que ha estado impulsado por la intensiva creación de empleo y por los “vientos de cola” que han supuesto el petróleo barato y las favorables condiciones de financiación.

Aunque en los últimos meses del año el empuje de estos factores ha comenzado a amainar, la economía mantiene una inercia que le va a permitir cerrar el ejercicio con un avance del 3,2 %, de acuerdo con la última previsión del Gobierno, que coincide con las actualizaciones al alza que han ido haciendo los principales organismos internacionales.

El patrón de crecimiento se ha mantenido igual a lo largo del año, siendo el gasto de los hogares y la inversión empresarial los que han contribuido en mayor medida al avance de la economía, mientras que la aportación del sector exterior ha sido menor.

Sin embargo, los últimos datos disponibles del tercer trimestre muestran un frenazo significativo de la inversión, así como una caída de las exportaciones -que no retrocedían desde el tercer trimestre de 2013-, con lo que entre julio y septiembre han sido el consumo privado y el público los que han tirado del crecimiento.

En una economía que crece a buen ritmo las caídas de los precios de consumo, derivadas del abaratamiento de los carburantes, han propiciado ganancias de poder adquisitivo que han favorecido el gasto de las familias.

El IPC ha registrado tasas anuales negativas todos los meses hasta septiembre, momento en el que el indicador cambió de tendencia una vez que volvieron a crecer los precios de los productos energéticos, con la previsión de que se mantenga en positivo el resto del año.

La inestabilidad política originada por la repetición de las elecciones generales y por haber tenido hasta noviembre un Gobierno en situación de interinidad no ha pasado factura a la economía, si bien algunos servicios de estudios aseguran que el PIB podría haber crecido más este año de haber contado desde el principio con un Ejecutivo en plenas funciones.

A pesar de estar en funciones, el Gobierno ha tomado decisiones de carácter fiscal ante la presión de Bruselas, que exigía medidas de acción efectiva frente al déficit público tras haberse incumplido la meta fijada para el año anterior y como requisito previo para dar un mayor margen en los objetivos de 2016 y 2017.

De esta forma, en abril se aprobó un ajuste presupuestario de 2.000 millones de euros que afectó fundamentalmente a los créditos de los Ministerios de Fomento, Economía e Industria, una medida a la que en julio se sumó el cierre anticipado de los presupuestos generales del Estado con un ahorro estimado de otros 1.000 millones al final del año.

Junto con la clausura del presupuesto se acordó la subida de los anticipos que las grandes empresas pagan a cuenta del impuesto de sociedades para aumentar la recaudación este año en 8.300 millones, una decisión que fue aprobada en septiembre un día antes de que se abriera el plazo para el segundo de los tres pagos anuales que se hacen por este concepto.

Con estas medidas, a las que se suma el ahorro de unos 2.000 millones en intereses de la deuda pública, el Gobierno está seguro de que logrará bajar el déficit al 4,6 % del PIB este año.

Para lograr el objetivo del 3,1 % del próximo año, el Ejecutivo ha aprobado nuevas medidas que están en vigor desde el 3 de diciembre y que incluyen una reforma del impuesto de sociedades que ensancha bases imponibles y elimina deducciones, una subida del 5 % del impuesto sobre el alcohol (sin incluir vino ni cerveza) y la adaptación del impuesto del tabaco a la normativa europea.

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