El campo de Repsol en Libia retoma la actividad tras el acuerdo con los asaltantes

Trípoli, 3 abr (EFE).- El yacimiento petrolero meridional libio de Sharara, en el que trabaja la compañía española Repsol, retomó hoy su actividad tras cinco días bloqueada por milicias locales que exigían el pago de los salarios atrasados.

Responsables de la Compañía libia Nacional de Petróleo (NOC, en sus siglas en inglés) explicaron a Efe que el campo, capacitado para generar 220.000 barriles de crudo diarios, comenzó a bombear petróleo de nuevo esta madrugada.

La zona, de la que también sale el gasoducto que alimenta la central que suministra electricidad a la ciudad de Nalut y los montes de Nafusa, próximos a la frontera con Túnez, fue bloqueada el pasado 26 de marzo por grupos locales que exigían mejoras en sus condiciones de vida.

Miembros de una de estas tribus cortaron también aquel domingo el suministro de la estación diez de bombeo del gasoducto que parte de Wafa en dirección a la localidad occidental de Ruwais a la altura de la zona de Al Jawabiya.

El gasoducto, gestionado por la compañía italiana de petróleo (ENI) y que desemboca en el puerto de Mellitah, en la costa mediterránea, surte también a una de las plantas que suministran electricidad a varias localidades del oeste de Libia.

Los asaltantes que, según el diario “Libyan Observer”, forman parte de la milicia “Guardia de Protección de las Instalaciones petroleras”, aliada en el llamado creciente petrolero del gobierno de unidad sostenido por la ONU en Trípoli, amenazaron con mantener su acción hasta que sus demandas fueran escuchadas.

Libia es un estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que en 2011 la OTAN contribuyera a la victoria de los rebeldes sobre la dictadura de Muamar al Gadafi.

Seis años después, dos gobiernos se disputan el poder, uno en el oeste sostenido por la ONU y otro en el este bajo liderazgo del mariscal Jalifa Hafter, un exmiembro de la cúpula militar que aupó a Al Gadafi y que años después, reclutado por la CIA, se convirtió en su principal opositor desde el exilio en EEUU.

A ellos se suma la poderosa ciudad-estado de Misrata, principal puerto comercial del país, y decenas de grupos armados que todo tipo que cambian a menudo de alianzas.

La situación ha favorecido el desarrollo de mafias dedicadas tanto al contrabando de petróleo como de armas, drogas e incluso de personas.

También beneficia el crecimiento de grupos yihadistas y salafistas vinculados tanto al grupo takfirí Estado Islámico (EI) como a la Organización de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y los tunecinos de Ansar al Sharia, que se extienden por todo el país.

Esta situación afecta igualmente a la industria petrolera: Libia produce en la actualidad unos 700.000 barriles diarios de petróleo, cantidad muy alejada de los 1,6 que generaba durante la dictadura de Al Gadafi.

Durante su última visita a Trípoli, en abril de 2016, el entonces ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, anunció que cuando las condiciones de seguridad lo permitieran, Repsol retomaría su trabajo en Sharara, yacimiento que le concedió Al Gafadi en 1975.

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