Portugal y España, una relación económica histórica que no deja de crecer

Lisboa, 27 may (EFE).- El vínculo económico entre España y Portugal no ha dejado de crecer en los últimos años, tanto a nivel comercial como de inversiones, como explicó hoy el presidente de la Agencia para la Inversión y el Comercio Exterior de Portugal (AICEP), Luís Filipe de Castro Henriques.

“Hay buenas relaciones entre ambos. España es un país prioritario para Portugal a todos los niveles”, aseguró a Efe Castro Henriques en vísperas de la vigésimo novena cumbre ibérica que se celebra los próximos lunes y martes, bajo la presidencia del español Mariano Rajoy y el portugués António Costa.

Los dos países ibéricos tuvieron que afrontar en la última década una crisis de la que sus relaciones han salido reforzadas ya que, de vuelta al crecimiento económico desde finales de 2013 en ambos casos, los intercambios comerciales han seguido una tendencia ascendente en los dos sentidos.

Las exportaciones de bienes y servicios de España a Portugal registraron un crecimiento medio anual del 3,5 % en el periodo 2012-2016, un porcentaje que es todavía mayor en el caso de las ventas de productos portugueses a su vecino español, que aumentaron el 6,8 %, según datos del Banco de Portugal.

“En Portugal hay un cambio claro de paradigma, de una economía centrada en su mercado interno a otra cada vez más enfocada hacia los mercados externos. Antes de 2010 exportaba menos del 30 % del PIB. A partir de 2013, exporta más del 40 %”, detalló el presidente de la AICEP.

En esta estrategia, España es un actor crucial para Portugal, ya que es su principal socio comercial tanto a nivel de exportaciones como de importaciones.

Las compras realizadas por los españoles de bienes y servicios portugueses superaron los 16.200 millones de euros el año pasado y crecieron más del 5,7 % respecto a 2015.

En sentido contrario, Portugal fue en 2016 el quinto principal cliente de España, con compras por valor de casi 22.400 millones de euros, sólo superado por cuatro países con entre seis y ocho veces más población: Francia, Alemania, Italia y Reino Unido.

Además, se ha producido una “integración cada vez mayor de las cadenas de valor”, como señala Castro Henriques, por lo que el comercio en ambas direcciones se concentra casi en los mismos sectores, como el transporte, el sector agrícola o los metales.

Al mismo tiempo, el refuerzo de las inversiones al otro lado de la frontera refleja el buen momento de las relaciones hispano-lusas, con el sector bancario como ejemplo.

Las entidades españolas controlan más de un cuarto del sistema bancario de Portugal, presencia reforzada con el golpe sobre la mesa que dio Caixabank este año al hacerse con el control de la quinta mayor entidad lusa, el Banco BPI.

Esta operación ha propulsado la entrada de la Fundación Bancaria “la Caixa” en Portugal, con un presupuesto de 50 millones anuales para dedicar a distintos proyectos en territorio luso.

El turismo es otro de los ámbitos donde las relaciones hispano-lusas están más presentes, debido al gran flujo de turistas que atraviesan cada año la frontera para visitar el país vecino.

La mayor aerolínea portuguesa, TAP, estrena en junio dos nuevas vuelos con destino a España, Lisboa-Las Palmas y Lisboa-Alicante, con lo que aumenta a diez sus conexiones ibéricas, y varias regiones españolas han presentado en los últimos meses sus destinos al público portugués, como las Rías Baixas o Alicante.

En el sector del comercio minorista, Mercadona prepara su desembarco en Portugal, previsto para 2019 con cuatro tiendas en la zona norte, y la lusa Sonae ha reforzado su red comercial en España con nuevas tiendas de sus marcas, como Worten o Sports Zone.

Compañías como la papelera Navigator, la productora de aceite Sovena o la eléctrica EDP -a pesar de que vendió recientemente la española Naturgas porque se está centrando en el negocio de las renovables- siguen bien asentadas en España.

A estos estrechos lazos contribuyen también las buenas relaciones a nivel institucional, como muestra el incremento de los viajes de las respectivas autoridades al país vecino en los últimos años.

El primer viaje del rey Felipe VI tras su coronación fue al Vaticano y a Portugal, y lo mismo ocurrió cuando Marcelo Rebelo de Sousa asumió la presidencia lusa: viajó a la Santa Sede y a España.

“Esto demuestra que las relaciones institucionales entre los dos países son fenomenales, lo que facilita la relación comercial. También es importante hablar de los vínculos culturales y afectivos, somos pueblos muy parecidos”, según Castro Henriques, que concluye que existe una “relación umbilical”.

Paula Fernández

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