La empresa española tiene aún deberes para ser un actor global, según un estudio

Ginebra, 31 may (EFE).- España se sitúa en el trigésimo cuarto puesto en el ránking de los 63 países más competitivos del mundo al igual que el año anterior, un desempeño que se ve lastrado por la elevada tasa de desempleo y un sector privado que debe hacer más para convertirse en un actor global, según un informe publicado hoy.

De acuerdo con el informe anual del Centro Mundial de Competitividad de la escuela de negocios IMD, España se mueve en los últimos puestos de la zona media del ránking, encabezado por Hong Kong, Suiza y Singapur y con Venezuela, Mongolia y Brasil en últimas posiciones.

En el ránking de la competitividad digital, España figura este año en el puesto 30, el mismo que un año antes.

Hace cuatro años España aún se situaba muy lejos de la posición que conquistó en los últimos dos ejercicios en el índice general.

En 2013 ocupaba el cuadragésimo quinto puesto, antes de escalar seis posiciones hasta el trigésimo noveno lugar en 2014 y dos más hasta el trigésimo séptimo en 2015.

Según este centro de estudios, en 2016 la falta de eficacia del sector público y la inestabilidad política lastraron la competitividad de España, pero este año esa tendencia ha cambiado.

El director de esta institución, Arturo Bris, dijo a Efe que España ha subido en la eficacia gubernamental once posiciones en el último año hasta el puesto 38. Por contra, el sector privado perdió un punto hasta el puesto 42 en la misma comparativa.

A su juicio, en el mundo empresarial hay principalmente dos problemas: el gobierno corporativo, es decir la calidad y la independencia de los consejos de administración -sobre todo en las empresas medianas- y el desarrollo de talento en las compañías.

“La empresa española es todavía poco global. Tenemos empresas internacionales, pero no globales”, recalcó el director de IMD.

La escuela de negocios sitúa el rendimiento económico de España en el puesto 35 frente al 30 del año anterior.

El país recibe buenas notas en el crecimiento del PIB real per cápita (puesto 10), las exportaciones de servicios comerciales (11) y los flujos de inversiones exteriores directas (11), pero le restan muchos puestos el desempleo juvenil (60) y la tasa de paro (60).

Para Bris el gran talón de Aquiles de España es el paro, al tiempo que señaló que la educación a largo plazo es necesaria para crear talento y adecuarse al futuro.

La educación llega a la trigésima octava posición dentro del índice de las infraestructuras que propician o no la competitividad, una menos que en 2016, recuerda Bris.

Las mayores mejoras que ha registrado la economía española de 2016 a 2017 tienen su origen en la eliminación del riesgo de una inestabilidad política después de que el conservador Mariano Rajoy lograra formar Gobierno y una prima de riesgo mucho más favorable.

En el lado de los empeoramientos más notables figuran la capitalización del mercado, el gasto público en educación por alumno y las exportaciones de servicios comerciales medidas por su valor.

En el panorama de competitividad que dibuja IMD de España, el país recibe las mejores evaluaciones en los subíndices de inversión internacional (puesto 14), en salud y medioambiente (20), el marco social (21), los precios (22) y las infraestructuras básicas (22).

Las peores notas se le otorgan a España en el empleo (60), las finanzas públicas (55), el mercado laboral (50), las prácticas de los directivos empresariales (51) y sus actitudes y valores (47).

Para IMD las fortalezas del sector privado residen en los activos del sector bancario, una fuerza laboral cualificada y la presencia de grandes compañías, mientras que sus flaquezas son los ya mencionados problemas por atraer y retener talentos, la transformación digital en las empresas y la actitud innovadora.

En el espíritu emprendedor o innovador, en palabras de Bris, España se sitúa de hecho en el puesto 58.

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