La marea de porteadores, imparable en la frontera del sur de Europa

Melilla, 6 ago (EFE).- La marea de porteadores cargando grandes fardos se ha convertido en una de las imágenes singulares de la frontera sur de la Unión Europea (UE) en Melilla, un fenómeno que parece imparable pese a los intentos por controlarlo.

“Sería mejor para todos que no existiera”, sentenciaba recientemente el secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto, al referirse al paso de porteadores en Ceuta y Melilla, frontera terrestre de la UE en África.

Una frontera con una de las mayores diferencias de renta del mundo a un lado y otro de la valla entre España y Marruecos, en la que cargar a las espaldas estos pesados bultos es la única forma de subsistencia para miles de personas, sobre todo mujeres.

Este “comercio atípico”, el eufemismo con que se denomina esta actividad para no tener que decir “contrabando”, empezó en el caso de Melilla hace unos años como “una cosa de la periferia, más local, pero ahora viene gente incluso de muy lejos de Marruecos”, relata a Efe el teniente de la Guardia Civil Rafael Pozo.

Llegan incluso de Casablanca, a más de seiscientos kilómetros, para intentar ganarse la vida a costa de machacarse la espalda, o empujando los bultos sobre unos peculiares patinetes hechos artesanalmente para no tener que cargar los pesados fardos.

El aluvión de quienes llegan a las puertas de la UE para sobrevivir con esta actividad “se ha multiplicado por dos o por tres” en pocos años, subraya el teniente encargado de organizar entre “4.000 o 5.000” porteadores cada día en el paso fronterizo del Barrio Chino.

Una misión imposible sin el refuerzo periódico que envía la Guardia Civil desde la Península para controlar las largas colas, cada una por separado, de hombres o “camelos” y mujeres o “mulas”, en las que se agolpan desde jóvenes a portadores bien entrados en años.

“Canalizar tantísima gente genera colas kilométricas y en un momento dado se desborda y puede crear avalanchas, pero lo tenemos bastante bien controlado, porque los embolsamos en grupos pequeños”, explica.

El resultado es una carrera controlada por la supervivencia, en una rampa cuesta arriba, para ponerse lo más adelante posible en la cola e intentar pasar cuanto antes por los tornos que delimitan el paso entre la UE y Marruecos.

Cada día de lunes a jueves, de nueve a doce de la mañana, corren por pasar el mayor número de fardos, mejor tres que dos, a diez euros cada uno, lo que supone un buen dinero en Marruecos ya que cada euro son unos diez dirham.

“No hay trabajo, qué hacemos si no”, se pregunta Anora, una de las porteadoras que carga entre 40 y 60 kilos en un bulto de “ropa vieja” para ganarse esos diez euros con los que sacar adelante a sus seis hijos.

Ropa, calzado, neumáticos, champú y un sinfín de productos más baratos en Melilla, que es la UE pero sin IVA, y que pueden pasar sin aranceles a Marruecos porque allí la ley permite cruzar con todo lo que puedas cargar encima por ti mismo sin tener que pagar impuestos.

El marido de Anora falleció y sin trabajo en Marruecos no queda otra que aguantar “mucha cola y mucha gente”, confiesa reacia a decir su apellido, antes de despedirse de repente con un “ya está, tengo prisa, me voy a buscar la vida”.

Algunos porteadores colaboran con la Guardia Civil para organizar este aluvión, identificados con chalecos reflectantes.

Conocen el idioma, porque la mayoría de quienes cargan los bultos son marroquíes que no hablan español, y uno de ellos, que pide el anonimato, emplea palabras como “manada” al explicar cómo ayudan a organizar a tanta gente en colas en las que “te dan un tique y te pagan cada bulto al terminar”.

“Desde hace un año y pico”, comenta, se pagan esos diez euros, cuando antes era solo la mitad, un mejor precio que atrae hasta la frontera a cada vez más gente necesitada.

Una lucha diaria por salir adelante que el presidente de Melilla, el popular Juan José Imbroda, ha calificado de “dantesca”, pero que el partido Coalición por Melilla ve como una actividad que genera más de 2.000 millones de euros al año en la ciudad, donde muchos negocios viven de esta mercancía que entra y sale por la frontera.

Organizaciones de derechos humanos han denunciado las condiciones en que se realiza este flujo y hace un par de meses la Delegación del Gobierno en Melilla decidió limitar el paso de porteadores por otro de los puestos fronterizos, en un intento de controlar esta actividad creciente.

Hubo concentraciones de protesta en el lado marroquí, y en el español una huelga de los comerciantes que viven del paso de los bultos, la marea que no cesa en la frontera sur de Europa.

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