El calor afecta a la primera vendimia de Europa, que podría mermar hasta el 40 %

Córdoba, 20 ago (EFE).- La primera vendimia de Europa, en los pagos de la Denominación de Origen Protegido (DOP) de Montilla-Moriles, podría verse mermada en hasta en un 40 % respecto a los 47 millones de kilos recolectados la pasada campaña por la falta de lluvia del invierno y las altas temperaturas del verano.

El enólogo de la cooperativa cordobesa La Unión, José Garramiola, donde reciben uvas de toda la D.O. cordobesa que empezó la recogida el pasado 20 de julio, la fecha más temprana de los últimos años, ha lamentado que las previsiones a mitad de la vendimia son de “una merma de hasta el 40 por ciento de la cosecha” y la variedad autóctona Pedro Ximénez, la predominante, será la más afectada.

Son las consecuencias de un invierno seco, falto de lluvia y un verano que ha superado todos los récord de altas temperaturas que han hecho mella en las albarizas tierras de los pagos cordobeses algo que se ve a simple vista tanto en la cooperativa como en las paseras donde los racimos no están tan prietos y llegan ya hasta con uvas pasificadas, sin agua.

Por eso, para el vino buque insignia de Montilla-Moriles, el Pedro Ximénez -nombrado igual que la variedad de uva a partir del que se elabora-, la uva puede llegar a estar “alsolada” o pasificándose -expuesta al sol- tan solo tres días para alcanzar su estado óptimo de graduación baumé por sí misma, característica genuina de este tipo de uva cordobesa.

Ya se están bebiendo los vinos jóvenes de la campaña, molturados a partir de uvas verdejo y chardonnay que dan los caldos cuya comercialización es la que más está creciendo en los últimos años, tal y como ha explicado a Efe el gerente de la D.O., Enrique Garrido en la visita a los pagos de la zona; “sobre todo, la gente más joven está consumiendo cada vez más este tipo de vinos, más suaves y afrutados”.

Dos Claveles, Piedra Luenca, Viñaverde, Marqués de la Sierra o Vega María son algunos de los nombres comerciales bajo los que se venden este tipo de caldos de la tierra; si bien, la “joya de la corona” siguen siendo los vinos dulces que se exportan, principalmente a otras regiones españolas, solo un 12 por ciento sale fuera del país.

Y también nacionales, sobre todo vecinos de localidades cercanas, componen el grueso de vendimiadores de las cuadrillas pues la crisis del ladrillo, después de tirar de trabajadores extranjeros para las campañas, ha hecho volver al campo a las familias de la zona como Manoli, que recoge uvas en la finca Los Pollos donde, poco después de las 11 de la mañana, ya había más de treinta grados; “el calor es lo más duro”.

Y a pesar de la dureza, el campo también es la opción necesaria para David, un futuro estudiante de Psicología que dice que se tiene que “buscar la vida en lo que haya, de camarero o aquí” para ayudar en casa y prepararse para el año universitario.

Sin embargo, él es consciente de la importancia de los agricultores; “el vino, el aceite, las frutas y verduras no salen del frigorífico, hace falta el esfuerzo de mucha gente para poder tener en la mesa los productos de nuestra dieta mediterránea”.

Importancia gastronómica íntimamente ligada, según insiste el gerente de la D.O., “en la cultura de la provincia de Córdoba donde no se entienden nuestras costumbres, valores mundiales como el flamenco sin el vino de la tierra” explica.

Por eso, desde Montilla-Moriles trabajan todo el año en planes de formación para especialistas, con catas y talleres además de actividades de visitas guiadas a las bodegas y al campo, maridajes de vino y flamenco así como demostraciones y catas para aprender esa “alquimia” que de las parras centenarias, convierte sus frutos en caldos de obligada consumición para todo el que visite Córdoba.

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