La llamada al FMI, fruto de la fragilidad y dependencia exterior de Argentina

Buenos Aires, 13 may (EFE).- La petición de Argentina de un crédito al Fondo Monetario Internacional, con el que se pretende frenar las turbulencias del mercado de divisas y de deuda, es un síntoma de la fragilidad y la dependencia del exterior que tiene el modelo económico que sigue el Gobierno de Mauricio Macri.

Cuando el actual Ejecutivo asumió a finales de 2015, Argentina tenía un elevado déficit fiscal que había compensado con emisión de moneda, como sucedió en muchos periodos de su historia, lo que generaba una alta inflación; Macri se propuso reducir ese déficit con “gradualismo” -una de las palabras más repetidas por el oficialismo- y sostenerlo mediante la deuda, en buena parte externa.

A finales del mes pasado, una subida de tipos de interés de la Reserva Federal (Fed) estadounidense mostró la vulnerabilidad de ese esquema: mientras en el resto de mercados emergentes se produjo una anunciada sacudida por los movimientos de inversores que habían acudido a esos países buscando una mayor rentabilidad y ahora regresaban a EEUU, en Argentina causó un auténtico terremoto.

“Un país que vive de prestado vive a expensas del humor de los prestamistas”, resumió la situación el economista Víctor Beker, de la Universidad de Belgrano (Buenos Aires), una norma que se agrava en el caso de Argentina, donde por su pasado de vaivenes y crisis la volatilidad de la confianza y el descrédito en su moneda es una de las principales características de su economía.

La abrupta caída del peso frente al dólar en las dos últimas semanas, que podía producir un efecto en cadena que evaporase las divisas que tanto necesita la economía argentina, hizo que el Gobierno pasase en pocos días del optimismo a jugar su última y más impopular carta, un préstamo del FMI que los economistas cifran en unos 30.000 millones de dólares.

La falta de dólares que hizo saltar las alarmas del Gabinete tuvo como detonante la medida de la Fed, pero hubo otros factores, como la entrada en vigor en abril de un impuesto a no residentes por las rentas obtenidas de la deuda argentina a corto plazo, y un flujo de billetes verdes mucho menor que el de otros años desde el principal complejo exportador argentino, el campo.

El sector agrícola está acusando una sequía que ha reducido la producción, pero además el Gobierno eliminó la obligación que pesaba sobre los exportadores de vender las divisas de sus ventas, por lo que muchos optaron por retenerlas.

Frente a esta coyuntura, el profesor de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Católica Argentina Ignacio Carballo destacó que la respuesta “errática” del Ejecutivo contribuyó a la “corrida” cambiaria, restándole importancia primero y luego irrumpiendo en el mercado con fuerza vendiendo dólares, una intervención de la que más tarde se retiró sin haber logrado frenar la caída del peso.

La llamada al FMI tiene como objetivo mostrar a los prestamistas que Argentina cuenta con respaldo económico y seguirá siendo capaz de hacer frente a los vencimientos de una deuda que se ve obligada a emitir en dólares o en pesos a plazos muy cortos y altos intereses, y cortar el desplome de la moneda, un movimiento que amenaza con disparar la inflación, otro de los grandes retos de Macri.

Por el momento el PIB del país austral mantiene buenos números, aumentó un 2,9 % en 2017 y las proyecciones para este año se sitúan en torno al 2 %, en línea con la región, pero ya se han anunciado recortes en el plan de obras públicas y todos los analistas coinciden en que los ajustes que exija el FMI impactarán en mayor o menor medida en el crecimiento.

Aunque el ritmo de endeudamiento ha sido muy alto desde que asumió Macri, el nivel de deuda aún no es preocupante (ronda el 60 % del PIB) y las reservas de divisas internacionales son elevadas.

No obstante, Argentina seguirá enfrentando tras la ayuda del FMI la amenaza de nuevos apuros en los mercados cambiario y de deuda, muy ligados a una confianza que el Gobierno aún no ha logrado que perdure, y especialmente vulnerables ante movimientos que tienen mucho de profecía autocumplida y que pueden hacer descarrilar el plan económico de Macri.

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