Entrevista. Luciano Labajos, maestro jardinero

 

 “La norma es dar las adjudicaciones a las ofertas más baratas. Esto es una lacra y no funciona porque no existen controles o estos son laxos” 

Luciano Labajos, maestro jardinero ampliamente reconocido en nuestro país, ha trabajado durante muchos años en los viveros municipales de la Casa de Campo de Madrid, compatibilizando su trabajo de jardinería con su labor de divulgador, educador ambiental e investigador. Con 30 años de experiencia en la profesión y autor varios libros sobre jardinería tradicional y ecológica, en la actualidad desarrolla su trabajo como técnico de Parques y Jardines en el Centro de información y educación ambiental El Huerto del Retiro, antiguo edificio de talleres de oficios, anexo al Vivero de Estufas del Retiro de Madrid

¿Con qué adjetivos se describiría usted como profesional?

Un jardinero con treinta años de experiencia, en la ciudad de Madrid, que ha intentado trabajar aspectos de educación ambiental y jardinería sostenible o ambiental y sus vínculos con el mundo tradicional.

¿Qué es para usted la jardinería?

Es Cultura-Arte con mayúsculas. Es naturaleza en un sentido profundo. Es una experiencia restauradora de nuestra salud, que nos vacuna de ese Síndrome de Déficit de Naturaleza del que nos alertan los psicólogos ambientales. Aspectos que nos acercan a un pasado en el que conceptos como el “paraíso perdido” o “edad dorada eran familiares”.

¿Cuáles son sus trabajos más destacados o aquellos que han supuesto un hito o punto de inflexión en su trayectoria?

Como jardinero y encargado del Vivero de la Casa de Campo, aprendí mucho sobre este mundo de la profesión jardinera. El control integrado de plagas sería una buena experiencia. El manejo de una gran finca de producción de arbolado… cultivos, riegos.

De mi background podría destacar mi trabajo de divulgación a través de la radio, la prensa o libros dedicados a la jardinería ecológica y tradicional desde mediados de los noventa.

La denuncia de lo que consideró malas prácticas jardineras me ha proporcionado mucho trabajo y responsabilidades. En este sentido, he sentido una gran satisfacción cuando ha causado efecto en la sociedad y, en otras ocasiones, frustración.

Finalmente, el trabajo con personas valiosas y competentes ha sido probablemente, es el aspecto que más podría destacar.

¿En qué medida cree que la arquitectura del siglo XXI se ha olvidado de lo que es un árbol?

Se proyecta mucho desde el ordenador, por ejemplo, AutoCAD, lo que está bien, pero sin ver suficientemente la realidad in situ. El trabajo de campo se ha marginado. Antes se planificaba pero lo importante era el replanteo sobre el terreno y las correcciones, adaptando los proyectos-problemas al medio.

Los estudiantes de arquitectura y muchos profesores no saben lo que es un árbol y cómo funciona, dicho por ellos mismos. No han tenido formación en ese sentido. Posteriormente algunos se han formado y hay buenos arquitectos conscientes del tema.

La idea de jardín impregna nuestra cultura desde la Antigüedad Clásica, pero ¿qué papel cree que juega hoy en día en nuestro país?

Tendemos a hacer una jardinería industrial, tanto en los trazados como en los mantenimientos, olvidando nuestro rico pasado. De este modo se pierde el sentido de lugar especial, paradisíaco. Los conservadores, gestores, técnicos cada vez hacen más trabajo administrativo, son oficinistas del jardín, no jardineros. Habría que hacer un esfuerzo para entender lo que tenemos entre manos, qué objetivos persigue la jardinería en este momento histórico, tanto en los históricos como en los jardines de nueva creación, los parques urbanos y periurbanos.

¿Hoy en día, cree que, en general, se diseñan espacios públicos teniendo en cuenta las características climatológicas del entorno, calidad del suelo, contaminación atmosférica de la zona, estudio de plantas y árboles autóctonos, futuro mantenimiento…?

Hay buenos proyectos que tienen en cuenta estas cuestiones y otros digamos más chapuceros aunque siempre bienintencionados. Los peores son los que sí tienen en cuenta las cuestiones ambientales sobre el papel pero en la práctica realizan un pastiche no tan convincente.

¿Cree que en la actualidad existe una mayor concienciación por parte de las administraciones para integrar un mayor número de jardines en las ciudades, y fomentar el cuidado y restauración de los mismos?

Los últimos años han sido de recortes y de esfuerzos por mantener dignamente lo que teníamos. Es importante valorar las zonas verdes tanto como la Sanidad o la Enseñanza pública, puesto que dan calidad de vida a los ciudadanos y no son espacios de adorno, sino necesarios.

El Ayuntamiento de Madrid ha propuesto instalar jardines sostenibles en los techos de autobuses y en marquesinas de la EMT para llevar las zonas verdes de la ciudad allá donde estén sus vecinos. ¿Qué le parece esta propuesta?

Responde a iniciativas bienintencionadas de personas sensibles. Son proyectos complejos y caros técnicamente, con base en la hidroponía, que hay que estudiar con calma. Pero estos nos dan una idea de las nuevas preocupaciones de los gestores y, en ese sentido, me parece positivo, siempre que se hagan los ajustes técnicos necesarios.

Háblenos brevemente de los tres jardines históricos que más impronta hayan dejado en usted y por qué
El conjunto de los jardines históricos de la Comunidad de Madrid es algo espectacular. Me encanta el Laberinto de Horta y el parque Güell en Barcelona. Asimismo, podría destacar los trabajos para recuperar la jardinería hispanomusulmana en Granada y Málaga.

¿Y de algunos contemporáneos?

La creación de nuevos jardines botánicos como el de Gijón, Córdoba, Universidad de Alcalá de Henares o la Universidad Complutense de Madrid, me parecen iniciativas positivas en su objetivo de implicar a los ciudadanos en la jardinería, en las plantas y en la Botánica.

¿Qué elementos debería integrar el jardín ideal?

Teniendo en cuenta las diferencias claras entre jardín público y privado… y el estilo que elijamos, el jardín ideal debería ser, ante todo, un espacio “vivible” y bien cuidado-vigilado (limpieza, mantenimiento, riegos…) y placentero. Huerto de placer o de meditación. No hay nada peor que un gran parque semiabandonado, con basuras, escombros, inseguro, vandalizado y mal regado.

El jardín neosevillano combinado con el paisajismo es un esquema ideal. Elementos clave para conseguir el mejor jardín son los bancos, las sombras, los amplios espacios, las arboledas ahuecadas combinadas con vegetación densa para favorecer a la fauna, las especies autóctonas, las fuentes, el agua, la huerta, los frutales. El trazado interior del jardín debe mantener una relación con el propio cerramiento: tapias, setos… una herencia de aquellos jardines antiguos que se protegían: hortus conclusus (frase que en latín significa “huerto cerrado”).
También el esquema latino es magnífico, con su peristilo-patio, el jardín privado; el paseo arbolado, las sombras como lugar de encuentro; el lucus (bosque sagrado); el hortus (jardín-huerto con flores hortalizas y frutas)… Cualquier monasterio actual que funcione mantiene estos elementos.

Según un estudio que publicamos en esta edición, los propietarios españoles demandan cada vez más a menudo proyectos naturales y sostenibles para sus hogares, dirigidos al ahorro hídrico y la minimización de los costes? ¿Está usted de acuerdo con esta afirmación?

Claro, los ciudadanos-consumidores casi siempre van por delante de los gestores-políticos y empujan hacia la sensatez, aunque a veces, por el contrario, respondan a modas poco meditadas.

¿Cuál es su opinión sobre la privatización de la jardinería pública? ¿Qué ventajas o inconvenientes acarrea?

La experiencia de la ciudad de Madrid, que es la que conozco, es desastrosa. Durante mucho tiempo se nos ha dicho que lo público no funcionaba, lo que era verdad en parte, por la propia desidia de los gestores, que parecían interesados en que funcionara mal, habría que añadir.

Los lobbies hacen su campaña comercial de desprestigio de lo público, dentro de este caldo de cultivo. Cuando se privatiza, aún en el mejor de los casos, las cosas no hacen sino empeorar. Pasado el primer momento de euforia, llega el período de hacer caja y precarizar. La norma es dar las adjudicaciones a las ofertas más baratas. Esto es una lacra y no funciona, porque los controles o no existen, o son laxos. Las contrataciones como las que hizo el Ayuntamiento de Madrid (Contratos integrales) no ayudan, sino que suponen un grave retroceso, y son un buen ejemplo de lo anterior con diez años y un día de pena.

¿Cree que en España se debería poner más medios e interés en profesionalizar el sector de la jardinería, para ponerla al nivel del paisajismo, dotando de más recursos a esta enseñanza?

Sin duda todos los esfuerzos que se hagan para desarrollar la profesión serán bienvenidos.

La voluntad en formar adecuadamente a los futuros profesionales es una inversión de futuro necesaria. Un aspecto que habría que tener en cuenta es fomentar las nuevas contrataciones en las empresas, y que personas formadas y con titulación encuentren facilidad para encontrar trabajo.