Entrevista a Ricard Brossa González, doctor en Biología Vegetal

A Ricard Brossa González le viene su pasión por el mundo vegetal desde pequeño, cuando ayudaba a sus abuelos con el huerto y las plantas. En la facultad inició su colaboración en la unidad de fisiología vegetal en 2004, el mismo año que terminó la licenciatura de Biología e inició su especialización en Bioquímica vegetal.

De 2007 a 2012 estuvo realizando el Doctorado en Biología Vegetal, concretamente en las respuestas fisiológicas de las plantas al estrés hídrico y estrés oxidativo, en la Universidad de Barcelona, con estancias anuales en la Universidad de Berkeley y en la Universidade Nova de Lisboa. En 2012 se incorporó en la empresa Bioiberica y terminó finalmente su doctorado en 2015.

Desde 2012 ha sido el responsable de Marketing de la división de Fisiología Vegetal en Bioiberica. En ella, además de estar al cargo de todo el marketing técnico de los productos a nivel internacional, ha estado involucrado intensamente en proyectos estratégicos. Desde 2014 es el representante de Bioiberica en AEFA, de la cual es miembro desde el año 1999. Gran parte de la actividad de la empresa se basa en el desarrollo y comercialización de bioestimulantes basados en aminoácidos de hidrolisis enzimática. Desde 2017 es también cabeza de grupo de Semioquímicos en IBMA España, puesto que otra de sus grandes líneas de desarrollo y negocio son los atrayentes biológicos para la captura de plagas.

 

¿Qué se entiende por soluciones específicas al estrés de los cultivos?

Entendemos por soluciones específicas al estrés a aquellas acciones en el manejo del cultivo o aplicaciones de productos para que ejerzan una acción fisiológica específica sobre la planta que mejore su respuesta fisiológica a un estrés concreto. Esas soluciones pueden ser en forma de productos u otro tipo de actuaciones específicamente pensadas para la superación del determinado factor de estrés.

 

¿En qué consiste el manejo del estrés de los vegetales?

El manejo del estrés consiste en conocer cuáles son las respuestas de la planta a un determinado tipo de estrés y potenciarlas mediante acciones externas para minimizar sus efectos en la capacidad productiva del vegetal, o sea asegurando la calidad de su cosecha, una determinada cantidad de ella o según como, la propia supervivencia de la planta.

 

¿Cuáles son los factores más comunes causantes de estrés? ¿Juegan todos ellos el mismo roll?

Los factores más comunes dependerían del tipo de cultivo, zona geográfica, manejo y características de la parcela o plantación. Aunque de forma global y en muchos cultivos el estrés biótico es el que probablemente pueda generar mayores pérdidas y es el factor por el que se destina la mayor inversión en la mayoría de explotaciones (insecticidas, fungicidas, nematicidas, etc.). El estrés abiótico por factores climáticos es hoy en día uno de los más incidentes, a la vez que es de los que menos soluciones tenemos para mitigarlo, y a pesar que cada vez hay más herramientas en este sentido (aplicaciones de productos bioestimulantes, gestión más sostenible del riego, sistemas de protección de granizo, etc…) la amenaza del cambio climático, que sobretodo parece que va a dar lugar a una mayor cantidad de fenómenos bruscos, hace que pueda ser la mayor amenaza para el futuro de muchos cultivos.

 

En el lado contrario, el estrés abiótico por manejo del cultivo es el que más se ha minimizado con los años gracias al mayor conocimiento y precisión en el manejo de los cultivos: Cada vez disponemos de mejor maquinaria, productos más seguros y mayor precisión en el uso de los insumos. Los esfuerzos constantes en I+D+i en el sector agrícola y en transferencia del conocimiento, garantizan que se siga en esta línea de evolución de mejoras.

 

¿Cómo se presentan los productos para el estrés al agricultor?

Habitualmente eran recibidos con un escepticismo razonable, aunque cada vez son considerados más imprescindibles: Las claves han sido la demostración contrastada de su eficacia, la especialización según tipo de estrés y cultivo y su mejora constante. Dicho de otra manera, una clara apuesta del sector por la I+D+i, junto con un alto grado de exigencia de los mejores productores y técnicos es lo que ha dado lugar a una multiplicación de la oferta de soluciones y al incremento de su uso y confianza en ellas.

 

¿Cuáles son sus métodos de aplicación? ¿Cómo actúan los productos destinados a aliviar estos tipos de estrés?

Los tratamientos para el estrés se pueden aplicar por vía foliar o por vía radicular. Si bien entendemos que el tratamiento foliar está enfocado hacia una respuesta muy rápida para corregir los efectos del estrés, los factores bióticos o las carencias nutricionales, los tratamientos radiculares están más enfocados a mitigar factores más continuados de estrés que dependen normalmente más de la interacción entre el vegetal y el suelo. Por ejemplo, un aminoácido con micronutrientes puede rápidamente corregir un problema de estrés por carencia nutricional mediante aplicación foliar mientras que un producto de aminoácidos con ácidos húmicos, mejorará la absorción radicular de nutrientes por una mejor adecuación de las interacciones planta-suelo.

 

¿Sobre qué tipos de cultivos son más apropiados?

Sobre todos, hoy en día los productos bioestimulantes para mitigar el estrés vegetal deben estar enfocados sobre toda clase de cultivos, aunque por supuesto hay diferencia en su uso y finalidad. En los hortícolas en invernadero poca importancia tendrá el estrés abiótico por factores climáticos, sin embargo cualquier pequeña descompensación nutricional debe ser rápidamente corregida. Hoy en día incluso los extensivos e industriales requieren de gran innovación en bioestimulación para la superación del estrés: aunque puedan tener menor margen de beneficio, la diferencia productiva puede variar mucho en función de esos factores, por lo que su manejo y optimización es clave para tener una buena rentabilidad.

 

¿Hay campos de investigación para el desarrollo de estos formulados?

Absolutamente, cada vez se hallan nuevas aplicaciones y principios activos biológicos y cada vez se invierte más en analizar sus efectos por separado y sus sinergias. Hace 30 años los bioestimulantes para el estrés eran habitualmente subproductos de los que se sabía que tenían funciones que iban un poco más allá que la fertilización básica. Hoy en día, un buen bioestimulante tiene caracterizado en que funciones fisiológicas participa y cómo lo hace de manera específica cada uno de sus componentes; además habrá que conocer cuáles son sus efectos beneficiosos ante una situación de estrés y en ausencia de este. Por ejemplo: si potenciamos la fenilalanina en un producto con aminoácidos, que es el precursor de la vía fenil propanoide, esperaremos un efecto positivo en la protección antioxidante frente a la formación de especies reactivas del oxígeno (ROS) (estrés oxidativo); pero una vez superado ese estrés o en ausencia de este, tendrá un efecto positivo la mejora del contenido fenólico y en el color de los frutos.

 

¿Son privados o participan universidades y demás organismos públicos?

Son participativos a universidades y centros de investigación, y en España cada vez es una tendencia más creciente: Algo que quizás en otras zonas geográficas como Latinoamérica ya era más habitual. Mi percepción, que desde 2007 he estado cinvo años en la investigación pública y cinco en la empresa privada respectivamente, es que desde la crisis de 2008 las universidades y organismos públicos vieron limitada la financiación de proyectos públicos de I+D y empezaron a establecer más colaboraciones con las empresas privadas la investigación y desarrollo de productos. Esta situación no se daba con la misma intensidad en el año 2005 por ejemplo.

 

¿Cuáles son las bases de estos productos?

Los productos bioestimulantes enfocados al estrés vegetal los podríamos clasificar en tres grandes grupos por lo que a su origen se refiere: Algas marinas, Aminoácidos o hidrolizados proteicos, y otros extractos. En este último apartado es en el que hallamos más innovaciones en los últimos años, y encontraríamos desde extractos botánicos a microorganismos o bioestimulantes sintéticos. También hay estudios en el mercado que consideran a los ácidos húmicos y fúlvicos como bioestimulantes, aunque en este caso yo no los considero bioestimulantes específicamente enfocados a la superación del estrés.

 

A nivel de AEFA, ¿Cómo se contempla esta especialidad?

A nivel de AEFA todos estos grupos de productos están contemplados como estratégicos por la gran mayoría de sus empresas, como comentábamos por la creciente necesidad de soluciones muy específicas y efectivas para mitigar problemas concretos.

 

¿Nos puedes dar cifras de este mercado?

Las cifras difieren mucho en el mercado español respecto a otros mercados, pues si bien la mayoría de bioestimulantes a nivel mundial son a base de algas marinas, en España, los aminoácidos son ampliamente más usados. Según cifras de AEFA, en el mercado de bioestimulantes en España más de la mitad son productos de aminoácidos. A nivel internacional los extractos de algas suponen cerca de un 35% del mercado de bioestimulación, otro 35% serían los húmicos y fúlvicos y el restante 30% sería para los aminoácidos y otros bioestimulantes. Todo el mercado de bioestimulación a nivel global podría estar cerca de los 2000 millones de dólares en 2018.

 

¿Qué papel juegan las empresas españolas en el contexto internacional?

Un papel de liderazgo, sin lugar a dudas. Gran parte de los bioestimulantes y especialidades que se encuentran con más presencia a nivel mundial tienen su origen tecnológico en España, aunque luego algunos hayan apostado también por tener oficinas o fábricas fuera. Eso se puede apreciar en los principales eventos internacionales del sector, donde habitualmente coincidimos varias empresas de AEFA. Eso es altamente destacable teniendo en cuenta también que no es precisamente España un país con elevado número de materias primas (pocas minas, no se extraen algas del océano, etc…) con lo que quiere decir que este origen está mucho más basado en formulaciones altamente complejas, desarrollo de tecnologías extractivas y búsqueda de idoneidad de aplicaciones, que no con el disponer de entrada de la materia prima de esos bioestimulantes referentes a nivel mundial. Esto reafirma la gran apuesta común por la I+D+i del sector.