El sector ibérico del bricolaje sigue batiendo récords de ventas. Por Marc Daro

Este sería un buen título para cualquier artículo, y sobre todo al final de un ejercicio tan complicado como fue el del 2017.  Según las conclusiones del último estudio Establecimientos de Bricolaje-Mercado Ibérico, de DBK, este debería ser el resumen del año que acabamos de dejar. El informe también señala que “el volumen de negocio agregado de los establecimientos especializados en la venta minorista de artículos de bricolaje aceleró su ritmo de crecimiento en 2016, registrando una variación en el conjunto de España y Portugal cercana al 10 %”. El panorama parece claro y esperanzador. Sin embargo, la sensación de los actores del mercado es que, en el último tramo del año, todo se ha detenido, pero no solo en 2017, la radiografía del 2016 fue exacta. Eran buenos indicios, pero por desgracia parece como si el reloj se parase en los últimos meses, que han resultado un desastre en 2016-2017. Finalmente los resultados globales se salvaron por la buena marcha llevada hasta entonces. Hemos dejado un año lleno de cambios e incertidumbre económica y social, a nivel internacional y, ya en el ámbito nacional, con muchas incidencias y cuestiones internas aún por desarrollar y solucionar. Estamos en una encrucijada de caminos, con lo que las posibles soluciones no parecen satisfacer a ninguno de los actores que intervienen en esta difícil obra de teatro socio político.

Asimismo hay otros datos a destacar que publica este estudio de DBK: “En 2016, los puntos de venta de más de mil metros cuadrados, aumentaron un 9,5 %, hasta situarse en 3.975 millones de euros.  El crecimiento del volumen de negocio en España se situó en el 8,8 %, hasta los 3.150 millones de euros, mientras que en Portugal se contabilizó un aumento superior al 12 %, alcanzando los 825 millones. Las ventas mantendrán previsiblemente a corto plazo la tendencia de crecimiento observada en los últimos años. Para el cierre de 2017 se estima una cifra de 4.250 millones de euros, cerca de un 7 % más que en 2016, correspondiendo 3.350 millones de euros a España y 900 millones a Portugal”. Como vemos, son previsiones al alza con un claro punto de vista optimista, para poder llegar a unas buenas cifras de cierre del mercado. Veremos si se cumplen.

“En septiembre de 2017 operaban en el mercado ibérico unos 490 establecimientos, de los que 320 se localizaban en España y el resto en Portugal“, indicaba el informe de OBK. Buenas cifras, que escoden otras no tan buenas. Me refiero a la excesiva concentración empresarial que existe en estos momentos, con los cinco primeros operadores del mercado ibérico reuniendo una cuota sobre la facturación global cercana al 85%.  Esto conlleva muchas preguntas y reflexiones, como ¿qué hace el 15 % del resto del mercado?, ¿por qué no se produce una mayor colaboración entre ellos?, ¿por qué no se suman recursos y esfuerzos, creando sinergias que lleven a una mayor presencia y volumen de negocio? Las grandes cadenas saben cómo sumar fuerzas y conocen qué parte del mercado les interesa. Si esa pequeña parte del pastel, que posiblemente es el de la proximidad, fuera mejor tratada, al margen de las competencias y las experiencias acumuladas por cada miembro, se obtendrían mejores resultados. Trabajar con un objetivo común y unir esfuerzos puede llevarnos a obtener algo que, de forma aislada, ninguno de los participantes podría conseguir. A veces, uno más uno pueden sumar mucho más que dos y el mundo de los negocios es un claro ejemplo de ello.

¿Dónde queda ese 15 % de concentración minoritaria en las nuevas promociones así como en nuevas formas de negocio y de comercio electrónico? Si ese pequeño sector no sabe adaptarse a la nueva era digital, donde el consumidor cambia constantemente, perderá por el camino su cuota, pasando a a ser un referente residual. Como resultado, más parte del pastel todavía para las grandes cadenas. Son cuestiones que el sector de la ferretería, en general, debería saber contestar. No hacerlo sería un error garrafal que no va a tener vuelta atrás.

Palabras como comercio electrónico, venta on line, promociones y webs adaptadas a tablets, smartphones o cualquier otro dispositivo móvil, presencia en redes sociales… deberían incorporarse sin demora a ciertos manuales y formas de ver negocios. Sin embargo, por desgracia, muchas empresas siguen aferradas al pasado, promocionando su logo en alguna que otra bolsa de papel o plástico, para que el cliente la lleve por el barrio y, finalmente, sirva para reciclar sus botellas de cristal o plástico.

Estamos en un momento en el que podemos dar un giro al sector y a la forma de ver las cosas, los negocios, los clientes… Algunas cadenas con propietarios de otras nacionalidades ya han comenzado a entenderlo. Quejarnos u observar que los recién llegados nos quitan esa cuota de mercado, sin reaccionar a tiempo, no solucionará absolutamente nada.

El peor enemigo de la ferretería es la propia ferretería, el propio sector y su inmovilismo. Hoy en día, en el mercado global, el cliente quiere encontrarlo todo en un garden, en una tienda de decoración, en una ferretería. Seamos capaces de primero saber lo que el cliente quiere y necesita, y segundo, dárselo.

Autor: Marc Daro, especialista en bricolaje