Proyectos de paisajismo: control sobre el suelo

Empezamos el año con una serie de artículos en los que explicaré las herramientas que tenemos los paisajistas a la hora de diseñar nuestros espacios. Un jardín puede ser tecnológicamente avanzado y mantener un diseño de autor sin tener que crear un espacio que entre en conflicto con nuestro entorno, por lo que la correcta elección de los materiales de construcción, el tipo de instalación de riego o definir un tipo de plantación concreto pueden ayudarnos a gestionar nuestros exteriores en completa armonía con el medio ambiente.

Árboles, arbustos, plantas tapizantes… Un jardín se compone por norma general de muchos tipos de plantas. En función de las condiciones climatológicas y edafológicas de la zona donde se sitúe el proyecto, unas plantas crecerán de manera más autónoma que otras. Por norma general, tendemos a mejorar de forma artificial algunos parámetros del suelo para adaptarnos al tipo de plantación prevista en el proyecto: modificamos el contenido de la materia orgánica mediante el aporte de sustratos enriquecidos o mantillos, también somos capaces de modificar su textura, su pH o su capacidad de retención de agua.

Que el suelo disponga de más o menos agua para las plantas viene directamente determinado por su textura. Suelos arenosos tendrán menor capacidad de retención de agua y serán suelos por lo general pobres en nutrientes. Suelos arcillosos tenderán a retener el agua y a encharcarse. Cambiar la textura del suelo es caro y poco sostenible, por lo que una correcta elección de las plantas es fundamental si el suelo del proyecto presenta un suelo complicado.

La profundidad del suelo es otro de los factores determinantes a la hora de diseñar un jardín. En ocasiones existen rocas a poca profundidad que limitaran el crecimiento de las plantas. En proyectos de paisajismo en zonas urbanas, muchas veces no disponemos de un suelo natural y es habitual tener que plantar sobre forjados que limitan el peso y el volumen de cepellón. Existen plantas con sistemas radiculares muy intrusivos y conviene evitarlas para no dañar estructuras o impermeabilizaciones. Tampoco es aconsejable la plantación de árboles de gran tamaño aunque la estructura esté reforzada; si no hay profundidad suficiente, las raíces no se desarrollarán correctamente y con el tiempo el viento puede derribar estos ejemplares. Además, las raíces de los árboles de mayor tamaño deben poder ahondar en el suelo con cierta facilidad; muchas veces si la dosis de riego es excesiva, las raíces no hacen el esfuerzo de profundizar en el suelo en búsqueda del agua y ese sistema radicular superficial es poco estable y el árbol correrá el riesgo de derribo en su fase adulta.

La disponibilidad de nutrientes de un suelo va directamente relacionado con la disponibilidad de agua y la textura. Suelos arcillosos aumentan la CIC (capacidad de intercambio catiónico) entre las plantas y el suelo; sin embargo un suelo arenoso perderá pronto todos los aportes nutricionales que le proporcionemos cuando al regarlos, el agua los diluya y drene hacia estratos más profundos. Las plantaciones serán el mejor indicador sobre la disponibilidad de nutrientes de un suelo; incluso existe algunas malas hierbas que solo crecen en suelos pobres y podrán servirnos de alerta.

Es importante conocer el estado de los suelos antes de comenzar el diseño de un nuevo proyecto. Factores tan importantes para la sostenibilidad como la disponibilidad de agua o de nutrientes para las plantas están totalmente ligados al tipo de suelo y, por tanto, para no cometer excesos de riego ni en la aplicación de productos químicos, la correcta elección de plantas bien adaptadas a ese suelo es fundamental.

TEXTO: Daniel Valera. Dstudio. @DstudioDValera

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