Luciano Labajos, maestro jardinero, educador ambiental y ecologista

Luciano Labajos es uno de los profesionales que mejor conoce los jardines de Madrid. Su pasión por los espacios verdes le ha llevado a impartir cursos sobre jardinería y a escribir varios libros de reconocido interés. Inició su carrera profesional trabajando en el vivero municipal de la Casa de Campo. Pero jardinería y protección del Medio Ambiente es un tándem indivisible y, por ello, este maestro jardinero ha desarrollado también una labor destacada como educador ambiental. En 1998 participó en la creación de Ecologistas en Acción, en calidad de socio fundador. En su faceta más ecologista y reivindicativa, se ha destacado como defensor de un modelo tradicional de jardinería y de los jardines históricos de Madrid.

Luciano, ¿cómo te definirías profesionalmente?
Una persona que ha trabajado como jardinero municipal con la máxima implicación, simultaneando esta tarea con la Educación Ambiental centrada en los entornos urbanos y singularmente el verde ciudadano. Sin olvidar nunca las implicaciones ambientales que a veces conllevan denuncias cuando no existen cauces de participación. Y por encima de todo, cuidar de las personas, nuestros conciudadanos. Cuidando a nuestros queridos árboles, a los jardines tradicionales y a los parques, cuidamos a la gente.

¿Cuál es el estado de los jardines históricos de Madrid, cree que existe un plan director bien definido para todos ellos o un plan específico para cada uno de ellos?
Son una joya y se les debería tratar como tal, existe la tendencia a considerarlos como meros parques públicos. Áreas de servicio, multiusos, con usos masivos, hablamos de cientos de miles de personas. Es el caso del Retiro. Nos olvidamos de que tenemos una historia jardines de quinientos años o vivimos de espaldas a esa realidad. Las diferentes corporaciones han estado al margen de esta cuestión con continuidad.
Es una laguna, si tenemos en cuenta la importancia de los jardines históricos que dependen del Ayuntamiento. Es algo que debería partir de la iniciativa de la Comunidad de Madrid competente en estos temas, pero ni siquiera tenemos un inventario actualizado de los jardines históricos de la Comunidad en estos momentos. Y hablamos de la segunda comunidad autónoma en importancia en este sentido pero, claro está, Andalucía, la primera, tiene ocho provincias.
Salvo el Real Jardín Botánico, que depende del CSIC, y que sí tiene Plan Director, los demás no lo tienen o está caducado, aunque en algún caso se está realizando, como es en la Dehesa de la Villa o El Capricho. Falta también un Programa Marco de Jardines Históricos del Ayuntamiento de Madrid y Planes directores del Arbolado, con el que sí cuenta El Retiro desde marzo de 2016. La pregunta sería ¿qué queremos hacer con nuestro patrimonio jardinero?

¿En qué medida Madrid desoye a los ecologistas con su tala masiva de árboles?
A nadie le gustan las talas, a nosotros tampoco, pero llevamos años denunciando el mal estado de un porcentaje importante de los árboles de Madrid con poco éxito. Es inevitable ante esta pregunta hablar del pasado reciente, cuando se talaba o se proyectaba talar lo que no se debía, por obras especulativas, y donde el mantenimiento cotidiano no tenía en cuenta la lógica de que es necesario eliminar los árboles en mal estado fisiológico o incapaces de sostenerse por daños severos en la estructura, y esto antes de que provoquen problemas. Si los setecientos árboles que se están talando en la Castellana se hubieran repuesto de forma escalonada, o siguiendo la lógica del mantenimiento sensato, esto no se habría tenido que hacer y no se provocaría tanta alarma social. Esto se puede generalizar en los proyectos de tala que tienen los responsables municipales encima de la mesa en estos momentos.
Otra cuestión es que los árboles de la Castellana sufrieron en el año 2000 una reforma de los pavimentos que en muchos casos dañaron las raíces de los ejemplares de este magnífico paseo. Como norma, las obras públicas dañan las raíces de los árboles y los efectos se ven en el medio y el largo plazo, pero de entonces ya nadie se acuerda.
En ocasiones da la sensación de que se deja para el siguiente la toma de decisiones impopulares y que se gobierna para sacar adelante proyectos que den dinero rápido.

¿Por qué se caen los árboles de Madrid? ¿Por qué se cayó este árbol en concreto? ¿Cree que se podía haber evitado?
El mes de marzo de 2018 pasará a la historia como un momento extraordinario desde el punto de vista climatológico y, según datos del Ayuntamiento, han caído o volcado más de mil ochocientos árboles. La mayoría coníferas de gran porte y, sobre todo, en parques históricos, como el del Oeste, Casa de Campo o Retiro. Muy pocos en arbolado viario.
Esto es lo primero que hay que decir, la suma de lluvias intensas y prolongadas y vientos fuertes en tres episodios consecutivos han supuesto un verdadero desastre para el arbolado. Esto es imposible de prevenir eficazmente. Otra cosa son los factores que han intervenido para que los árboles estén debilitados. Hablamos de la instalación de praderas sobre arbolado consolidado, de agua reciclada, de multitud de obras que afectan a los sistemas radiculares, de masificación con el consiguiente pisoteo y compactación del suelo, de posibles defectos en el momento de la plantación con cepellones defectuosos u otros problemas de mantenimiento…. Todas estas circunstancias heredadas que se dan en tiempos prolongados son complicadas de asumir en la gestión cotidiana, pues el técnico se encuentra con “esto es lo que hay” y ahora, a ver qué pasa y la presión cotidiana. Pero son cosas que debemos tener en cuenta para corregir errores del pasado que en aquel momento no se veían como tales, pues también era “esto es que lo que hay”.

Para conocer el estado de la madera, los jardineros de los parques y zonas verdes de Madrid tienen aparatos de última generación capaces de detectar si hay madera sana, podrida o cavidades y peligro de caída. ¿Esto quiere decir a pesar de la avanzada tecnología hay asuntos que hoy en día resultan imposibles de prever?
Estamos lejos de comprender cómo funcionan los árboles al cien por cien. Todos los días aprendemos cosas que no sabíamos. Los últimos treinta años han sido revolucionarios en este sentido. Pero de lo que menos sabemos es acerca de qué pasa en el subsuelo, en las raíces. Ahora tenemos aparatos que nos ayudan en el diagnóstico. Podemos prevenir, pero no evitar siempre, porque el riesgo cero no existe con los árboles.

¿Cree que se debería evitar la plantación de pinos en praderas en los espacios públicos?
Es una reivindicación histórica de los Grupos ecologistas y de muchos jardineros sensibles. Las especies mediterráneas, como los pinos piñoneros o carrascos, no soportan el encharcamiento que necesitan los cultivos intensivos de hierba. Como ocurre con otras especies autóctonas de nuestro entorno como olivos, encinas, madroños, cipreses. Podíamos decir que, como norma, en el hábitat natural de nuestros árboles nativos, el agua es un bien escaso. Cuando los regamos en exceso, debilitamos sus sistemas radiculares, enferman y aumenta el riesgo de vuelco.
Cuando hablamos sobre jardinería sostenible en nuestra ciudad, deberíamos plantearnos esta cuestión y reducir drásticamente el número de hectáreas de praderas, más aun en jardines históricos, donde se han convertido en un factor de riesgo para la supervivencia de nuestra cultura jardinera. Por cierto, más sostenible que la actual en este sentido.

Algunos jardines históricos como Retiro, Parque del Oeste o Fuente del Berro la utilización de agua reciclada en los riegos ha supuesto la debilidad, muerte y consiguiente tala de un importante número de ejemplares viejos, como cedros y pinos centenarios. ¿Existe alguna alternativa de riego eficiente?
Salvo el Parque del Oeste, que se trazó como jardín paisajista y, por tanto, las praderas allí tienen sentido, el resto de los jardines históricos madrileños pertenecen al mundo del jardín tradicional, donde las praderas o no existían, salvo las naturales, o eran anecdóticas. Por lo tanto, la primera medida sería el diseño del jardín, teniendo en cuenta a la xerojardinería, que coincidiría en buena medida con los trazados originales. Algo así paso cuando se restaura el Real Jardín Botánico por Leandro Silva y su equipo en los años setenta. La primera restauración que se acometió convirtió a este botánico en una pradera. Aun se ven fotos de ese momento y el efecto en algunas películas de la época que sirven de documento.
Del Retiro nos hablan los jardineros mayores que lo conocieron, sin apenas praderas, con cuadros bordeados de setos y arbolado denso, con cultivos de tapizantes y herbaceas. Jardinería de ese tipo subsiste en parte en el Jardín de los planteles. Los responsables de la jardinería madrileña de los años sesenta y setenta tomaron la arriesgada decisión de convertir un jardín centenario en praderas intensivas. En ese momento, la moda era parecernos a los países del norte de Europa y a los EEUU, con profundo desprecio por lo nuestro. Tecnocracia jardinera.
Introducir el agua reciclada o regenerada, en jardines consolidados, como se ha demostrado es una apuesta temeraria mientras perdure el actual sistema de depuración. Si el jardín es de nuevo diseño y se estudian en profundidad las especies a utilizar y sus necesidades, PH, puede funcionar o por lo menos probar.

Los mantenimientos del arbolado ¿son efectivos en número de jardineros, medios y presupuestos?
Claramente insuficiente, ha habido una reducción del 50 por ciento tanto en presupuestos como en número de jardineros. Los contratos integrales son una verdadera lacra para los jardines madrileños

¿Cómo valoraría la formación de los arboricultores?
La formación es buena y sigue mejorando, el problema es que cada vez se trabaja con más precariedad y escasez de medios.

¿Cree que se realizan, hoy en día, suficientes campañas educativas sobre la importancia del arbolado y los servicios que este nos presta?
Es otra asignatura pendiente. Hay mucho que hacer en este terreno. Muchas de las quejas y protestas de los vecinos tienen que ver con que no se sienten informados y no hay buena comunicación.