Una conciencia holística para la ciudad y el arbolado

Pensamos que cuando cae un árbol está enfermo y no siempre es así, al igual que otros seres vivos, los árboles se caen por muchos motivos. En el momento en que entendemos riesgo como algo a lo que hay que anticiparse, todos los medios resultan a veces insuficientes. Pero a veces el riesgo tiene que ver más con incertidumbre y ese terreno es más difícil a la hora de abordar.

En algunos suelos, la falta de oxígeno hace que el desarrollo de la mayor parte de las raíces se extienda por las capas más superficiales, lo que reduce en buena medida la capacidad de anclaje que poseen los ejemplares. Cuando por la humedad el sustrato pierde cohesión aparecen los problemas de estabilidad. A esto se une el que la mayoría de que algunos ejemplares tienen su centro de gravedad desplazado levemente en la dirección que más les permite provisionarse de luz. La fuerza mayor es una situación que muchas veces ni se puede prever ni se puede evitar, y ocurre de forma excepcional. A veces esta fuerza mayor o imprevisible ocurre con nuestro arbolado.

Cuando se producen caídas fatales con el resultado de muerte, la solución no es la tala indiscriminada, sino en analizar la situación determinada y trabajar en ello con todos los sentidos y todos nuestros medios, mirando para el ciudadano, pero también a la naturaleza. No podemos dejar que el ciudadano acabe con una imagen de los árboles como especies dañinas. Debemos cuidar de nuestros árboles y sobra decir cuáles con sus beneficios. Debemos cuidarlos y escuchar cómo se quejan por la contaminación. Y podemos ser conscientes de ello, solo con observar cómo cambian de color, cómo pierden antes de tiempo sus hojas o cómo las plagas acaban finalmente con su vida. Sufren también por la sequía porque los responsables del verde urbano muchas veces limpian las calles con agua potable, pero no riegan los árboles con esta.

Nuestros árboles están estresados porque soportan continuas obras que se llevan a cabo en la vía pública, unas veces por los cables de fibra óptica, otras por unas tuberías de gas o de agua… Y, sin embargo, los árboles siguen aportándonos muchos beneficios. Valoremos su presencia discreta y beneficiosa. No atendamos tanto a criterios estéticos y sí a los saludables. Es la única forma de luchar contra la crisis ecológica a la que hemos llegado por el consumismo y la pérdida de conciencia holística. Ciudadanos, profesionales de los espacios verdes y políticos de turno, dejemos de echarnos los trastos unos a otros y trabajemos todos en la misma dirección.