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Anuario TPI 2016

va a facilitar la resolución de nuestro déficit inversor, y en consecuencia la recuperación de la actividad. El impacto económico de nuestras infraestructuras constituye actualmente el acelerador más importante de la salida de la crisis. Así lo confirma el crecimiento en 2016 de nuestras exportaciones y turismo internacional – tráfico de mercancías en nuestros puertos y turistas internacionales en nuestros aeropuertos en máximos históricos -. Las infraestructuras son además el sector productivo con mayor capacidad de generación económica, el segundo sector tras la agricultura en creación de empleo y el que requiere menos importaciones para el desarrollo de su actividad, todo ello con un retorno fiscal del 49%. En la próxima legislatura, la consolidación fiscal no puede seguir siendo una excusa que impida resolver este importante déficit de dotación de infraestructuras, y el Parlamento y Gobierno de la nación deben afrontar una profunda revisión de nuestro modelo. En primer lugar definiendo las prioridades en materia de inversión pública sostenida que España necesita en un horizonte temporal de al menos 10 años, con una nueva planificación pública basada en la rentabilidad socio económico, y unos procedimientos de contratación y ejecución más rigurosos y eficientes. En segundo lugar, definiendo un modelo de financiación más sostenible y solidario, y armonizado con la Unión Europea, basado en la colaboración pública privada de infraestructuras, que, sin alterar su titularidad pública y los compromisos del déficit público, minimice el consumo de recursos presupuestarios. Cumplir ambos objetivos requiere voluntad política y facilitar la actividad de un sector que constituye uno de los mayores referentes internacionales de la empresa española. Desde el sector se está trabajando en estas prioridades para presentarlas cuando las circunstancias políticas lo permitan, cuanto antes mejor. LAS CONSTRUCTORAS E INGENIERÍAS ESPAÑOLAS, MODELO DE ÉXITO INTERNACIONAL Además de generar un importante efecto tractor sobre la economía, las inversiones en infraestructuras han convertido a las constructoras españolas en líderes mundiales. No sólo es que el «know how» de nuestras compañías cotice al alza en los mercados exteriores, sino que en la mitad de los proyectos de transportes del «top 10» internacional participan empresas nacionales. Aunque algunos critiquen las inversiones en el AVE –sobre todo los que ya disfrutan de la alta velocidad–, estas líneas ferroviarias han modernizado España y han permitido a la ingeniera española competir en otros países con retos de importante envergadura, como el AVE a La Meca. Pero, además, destacan proyectos como la ampliación del Canal de Panamá o la terminal de Heathrow. Y es que buena parte de las obras en infraestructuras más emblemáticas del mundo tienen sello «made in Spain». España es el segundo país en facturación internacional y figura entre los diez primeros por el grado de globalización de sus compañías. Tanto el bagaje como la experiencia acumuladas durante nuestro proceso de modernización han extendido los cimientos de las constructoras españolas por el ancho y largo del planeta. Julián Núñez, presidente de la Asociación de Empresas Constructoras y Concesionarias de Infraestructuras (Seopan), informaba recientemente que, a nivel global, la actividad de las diez mayores compañías de infraestructuras españolas creció un 3,1% en 2015, y que sus ventas agregadas superaron los 74.000 millones de euros. La cartera total en construcción fue de 88.000 millones de euros, un 3,6% superior a la obtenida a finales de 2014. Pese a ello, 13 Hemos cerrado 2015 con una caída de la actividad empresarial del 11%, y 2016 confirma un grave empeoramiento, ampliando la caída al 27% en el primer semestre


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