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Anuario TPI 2016

Antolín Aldonza Moreno, portavoz de Asagua, ����ociación Española de Empresas de�� Tecnologías del Agua os gustaría poder decir que la situación del sector es buena y que se aventura un cambio inmediato, pero no es así. En los últimos ocho años ha ido decayendo la actividad de forma continua y continuada, lo que le ha causado heridas difíciles de curar. Ha sido un tiempo de esperanzas frustradas. A unos Presupuestos Generales del Estado que recortaban la inversión han seguido otros que la disminuían aún más, hasta llegar a los tiempos presentes en que apenas representa un tercio de la del año 2008. La causa del descenso hay que buscarla en la decisión del Ejecutivo de llevar a ella todo el ajuste posible para paliar el déficit presupuestario Este hecho y la falta de una normativa que regule y garantice con seguridad jurídica la colaboración público-privada, han colocado a las empresas y al Estado a los “pies de los caballos”. Las primeras tienen poca producción en España —algunas alcanzan el 80 % en el exterior— y el segundo está expuesto a multas millonarias por el tozudo incumplimiento de la Directiva Marco del Agua, al no ejecutarse nuevas infraestructuras de necesidad manifiesta, ni actualizarse debidamente las que existen. La falta de actividad ha tenido un efecto nocivo sobre el mercado de trabajo al haberse perdido un gran número de empleos, muchos de ellos cualificados, y sobre el patrimonio hidráulico que ha visto muy mermados los recursos que, en otros tiempos, se dedicaban a su conservación y mantenimiento, por lo que ha perdido valor económico y seguridad. Nadie discute la necesidad de garantizar el ciclo integral del agua urbana y las dotaciones para el riego y la industria, máxime cuando de ello dependen directamente, entre otros, la agricultura, el turismo y, por supuest,o el medioambiente que garantiza la sostenibilidad de todo el sistema y un entorno digno para las personas. Por eso no se entienden bien los recortes presupuestarios en inversión, que afectan a la actividad del sector del agua, pero también al funcionamiento de los servicios públicos. Para progresar hay que innovar y para hacerlo se necesita dinero, pero si las empresas no tienen trabajo, la I+D+i, a la que también afectan esos recortes, se resiente y entra en escena el riesgo de que España —Administración Hidráulica competente y empresas capacitadas— pierda el liderazgo que, en materia de agua, todavía tiene en el ámbito internacional. El futuro próximo del agua depende de la ejecución de los Presupuestos Generales del Estado, nuevos o prorrogados. La dotación de la Dirección del Agua para 2016 posibilitaba la licitación de un número significativo de contratos, pero el cierre anticipado del ejercicio en el mes de julio, ha venido a frustrar las expectativas y a demorar las licitaciones hasta 2017, que en consecuencia no será un buen año, ya que la anualidad de los contratos para ese año será pequeña y por tanto la producción. Pero la realidad se impondrá y activará al sector de las infraestructuras, motor de la economía, pues es ineludible asegurar la debida calidad de vida para todos. �� 0pinión El sector del agua, un tiempo de esperanzas frustradas N 138


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