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Anuario TPI 2016

José María Ezquiaga Domínguez, decano�������� Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid E l momento de la arquitectura española es de paréntesis. Somos uno de los países con mayor reconocimiento y cosecha de premios en el ámbito internacional, por lo que no hay ninguna duda en lo que se refiere a la calidad que existe dentro de este ámbito y, como tal, nos sentimos orgullosos. A ello ha contribuido la presencia de un gran abanico de académicos españoles, así como el enorme peso que los profesores tienen en las escuelas de arquitectura a nivel mundial, muy especialmente en las universidades más valoradas en Estados Unidos como Harvard o Columbia. Pero este reconocimiento a la calidad de nuestra arquitectura no se corresponde con la situación real del trabajo de los arquitectos en España, y en concreto en Madrid. Nos encontramos con una situación muy precaria y, a pesar de que hay una tibia recuperación, en ningún caso ha llegado a los jóvenes. No existen actualmente los concursos de obras de arquitectura que supusieron la primera gran oportunidad para tantos profesionales dentro de este ámbito de generaciones anteriores. Todo esto ha dejado una cosecha de jóvenes arquitectos que se han visto obligados a emigrar. El país tiene el deber de recuperar el talento de todos estas promesas del sector que se han expatriado y quieren regresar a España. El nuevo Gobierno tiene la obligación de reactivar muchos aspectos que van a dar oportunidades a este colectivo: la rehabilitación de viviendas, la mejora de los barrios de las periferias de las grandes ciudades españolas que se encuentran en una situación de obsolescencia tanto constructiva como funcional, de volver a recuperar y reparar los equipamientos construidos en décadas anteriores, de mantener una política activa de construcción de edificación pública al servicio de los ciudadanos. Todo esto exige profesionales dentro del sector, ante lo que planteamos una reivindicación esencial: que la arquitectura no se considere como un aspecto económico más de cualquier proyecto, sino que la calidad de la misma sea un valor intrínseco. Y para ello, es necesario que los concursos, los cuales consideran que la arquitectura es un suministro más sin mayor valor que el puro precio, nunca más vuelvan a regirse por la mera subasta. En este sentido, ayudará mucho que el país se dote de una Ley de Arquitectura donde se reconozca que esta disciplina no es solo construcción, sino un valor cultural especial que atribuye a la realidad construida un valor moral adicional. Para contribuir a este reconocimiento, en esta etapa al frente del COAM me he planteado tres grandes objetivos. El primero es contribuir a unir a los arquitectos. Pasar páginas, etapas donde han primado las diferencias, los desencuentros entre unos y otros, y transmitir hacia el exterior esa unidad. Debemos fortalecer a los arquitectos a través de esta unión, la cual se conseguirá desde la negociación y el diálogo, palabras que vuelven a ser afortunadamente de uso común como la generosidad, la transacción, el diálogo, el compromiso, el consenso. En segundo lugar, sobre la base de esa unidad, podemos y debemos transmitir una imagen institucional potente al conjunto de la sociedad. Esta tarea consiste en acercar la arquitectura y los arquitectos al conjunto de la sociedad. Transmitir una imagen poderosa en el sentido de que sea nítida y clara, capaz de afrontar y dar respuestas a los problemas contemporáneos de la gente y, al mismo tiempo, empática con los problemas de la ciudadanía, con las dificultades de vivienda, de movilidad, de accesibilidad, de habitabilidad. Necesitamos que la sociedad empatice con los arquitectos, y los arquitectos con la sociedad, como la mejor estrategia para que sea la propia sociedad. Ylos políticos que emanan de ella, los que sean sensibles al valor de la arquitectura, no poniéndose en cuestión, a través de normativas, su carácter singular y, especialmente, importante para la ciudadanía y la buena gestión de la ciudad. El tercer punto es más endógeno. Estamos trabajando para modernizar las estructuras colegiales desde el punto de vista de la calidad del servicio a nuestros colegiados. El COAM es una institución centenaria, con una solera muy importante, lo cual es muy valioso para su imagen ante la sociedad civil, pero al mismo tiempo genera riesgos de burocratización de sus estructuras. Estamos reformándolas para hacerlas más ágiles y eficaces en el servicio a los colegiados. Por ejemplo, estamos negociando con el Ayuntamiento que el Colegio sea una institución capaz no solo de aprobar los visados de los proyectos de los arquitectos, sino de continuar con el proceso de concesión de las licencias. Afortunadamente, el Colegio está ya en la senda de la recuperación económica, con resultados positivos, y vamos también a aligerar la carga financiera que ahora mismo tienen los arquitectos a través de las cuotas y del propio visado. Nos proponemos rebajar de inmediato las cuotas de afiliación al COAM y el año que viene abordar una reforma del visado para hacerlo menos gravoso para los arquitectos colegiados. Con todo ello, queremos reconocer y agradecer el esfuerzo que durante la crisis han hecho los arquitectos de Madrid para mantener las estructuras colegiales.. �� 0pinión El valor cultural de la arquitectura 52


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