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Anuario TPI 2016

97 Juan Díaz Cano, presidente de la Real Liga Naval Española Ante un futuro incierto y apasionante inaliza el año 2016 sin que el sector marítimo español acabe de encontrar su acomodo dentro del entramado marítimo internacional. La falta de una política marítima unitaria dimanante de la transversalidad administrativa que preside el sector hace imposible el desarrollo de políticas marítimas coherentes y complementarias. Tres son los ministerios que dictaminan el devenir de nuestros intereses marítimos. Del Ministerio de Fomento, cuya prioridad nunca ha pasado por el mar, dependen, abandonadas a su suerte, nuestra Marina mercante y nuestra Marina deportiva. La mitad de nuestra flota mercante navega bajo pabellones de conveniencia, mientras nuestra Marina deportiva sufre el yugo fiscal de un impuesto de matriculación que le impide poder competir con el resto de Marinas deportivas europeas. Dos medidas a ambos problemas se antojan precisas: la revitalización del registro de Canarias y la eliminación de este malhadado impuesto. Del Ministerio de Fomento también dependen nuestros puertos, escasamente competitivos con motivo de la generalizada falta de liberalización de los servicios portuarios y del excesivo nivel de fiscalidad de los mismos, hecho éste sin el que no podrían explicarse los beneficios registrados en las cuentas de explotación de nuestras Autoridades Portuarias. Los puertos siguen siendo, legislatura tras legislatura, una asignatura pendiente que ningún gobierno se atreve a afrontar. Del Ministerio de Industria depende nuestros astilleros, un sector siempre incómodo al que todos los gobiernos habidos desde la transición han maltratado. Baste recordar la famosa reconversión industrial de los años ochenta o el reciente abandono gubernamental a nuestros astilleros con motivo del mal llamado “Tax Lease español”. Resulta chocante ver cómo el sector de la construcción naval española languidece frente a los opacamente subvencionados astilleros franceses, holandeses y alemanes. Del Ministerio de Agricultura depende nuestro sufrido sector pesquero. Un sector que ve cómo, con una flota que representa el 30% de la flota comunitaria, su nivel de capturas apenas alcanza el 11%. CAMBIOS EN EL PANORAMA MARÍTIMO Reivindicaciones al margen, y mirando al futuro, cabría señalar que el mundo de la mar está asistiendo al nacimiento de un nuevo orden llamado a cambiar la faz del sector marítimo. Una mayor concienciación medioambiental ha traído como consecuencia el uso del Gas Natural Licuado como combustible de futuro en la flota mercante internacional, lo que implicará cambios en las motorizaciones de los buques y nuevos sistemas de almacenamiento portuario de este combustible. El uso generalizado del “big data” está ya operando importantes cambios operativos en los puertos. El uso de drones marítimos y buques de cierto porte no tripulados nos dibujan un futuro en el que los puentes de mando pronto serán una reliquia del pasado. Y finalmente, la generalización del cold ironing aplicada a la estancia de los buques en puerto empieza a exigir importantes cambios en las infraestructuras portuarias. Esperemos que el sector marítimo español no pierda el tren de este apasionante cambio que asoma por el horizonte. Perderlo supondría repetir los mismos errores del pasado que nos han traído hasta el punto en el que hoy nos encontramos. �� F 0pinión


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