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Burgos&Garrido: “Los arquitectos tenemos una asignatura pendiente con el territorio, lo hemos maltratado”

Gran parte de su obra es un alegato a favor de la relación entre los ciudadanos, dentro de los espacios que habitan, y en contra de la organización urbana establecida, la cual consideran que debe ser replanteada. Desde que en 2002 inauguraran su estudio, la firma Burgos&Garrido se ha vinculado, en gran medida, a proyectos de vivienda social, desde Bilbao hasta Albacete pasando por Madrid, su gran centro de actuación con obras en Sanchinarro, Carabanchel, Coslada o Alcorcón. A ello se suman oficinas, puentes, un teatro, la sede de una base aérea o un centro cultural, entre otros muchos. Sin embargo, ya sea por su dimensión o por su impacto en la ciudad de Madrid, una de las obras más representativas del estudio es el Parque Lineal del Manzanares, considerado uno de los proyectos de espacio público más ambiciosos construidos recientemente en Europa. Nos reunimos con Francisco Burgos y Ginés Garrido para conocer los entresijos de sus últimas obras e indagar en su manera de concebir la arquitectura.

Hablemos de Madrid Río, de la transformación urbana del Manzanares. Con la perspectiva del tiempo que ha pasado desde su inauguración en 2011, ¿qué acogida ha tenido por parte de los madrileños?

Francisco Burgos. Madrid Río se ha convertido ya en uno de los lugares que identifican la ciudad. Está muy transitado, en algunas ocasiones da la impresión que incluso en exceso. Había una demanda muy grande de espacio libre en esos barrios, sobre todo en los del sur. Sin embargo, no solamente recibe visitas de gente de la zona, o de otros barrios de Madrid, sino que también la gente que viene a conocer la ciudad lo considera un lugar suficientemente atractivo como para acercarse a él e incluirlo en su recorrido a la hora de planear su viaje.

Siete años después, ¿qué hubieseis cambiado si volvierais a hacer el mismo proyecto?

Ginés Garrido. El proceso de hacer el proyecto y el proyecto mismo estuvieron muy vinculados, por lo que no fue un encargo que nos llegara y nos pusiéramos a dibujar como hemos hecho con otros proyectos. El modo en el que se entregaron las obras de los túneles, la gran dimensión del equipo o cómo se hizo el encargo por parte del Ayuntamiento determinó muchos asuntos que se trasladaron al proyecto, a su forma y estrategia. No es tanto qué es lo que hubiese dibujado de otro modo, sino qué proceso hubiera gestionado de otro modo para hacer el proyecto mejor.

¿A qué desafíos técnicos se enfrentó el proyecto y cómo se solventaron?

GG. Lo más difícil fue construir sobre los túneles, ya que son muy heterogéneos en todos los sentidos, enprofundidad, geometría, materiales, resistencia, exigencias de accesibilidad… No sólo los túneles sino todas las infraestructuras urbanas que se encuentran “alrededor” de ellos, las salidas de emergencia, accesos, canalizaciones de todo tipo… Hay que tener en cuenta que por los márgenes del río se transporta el 40% de la energía que consume la ciudad. Todo eso se debía entender e interiorizar.

“Madrid Río no ha sido una obra más de la ciudad, sino que se ha incorporado dentro de los recorridos de la gente que visita la capital”

Vuestra oficina tiene una estructura abierta, que se manifiesta en la colaboración frecuente con otros arquitectos. En el caso de Madrid Río con Porras La Casta, Rubio & Álvarez-Sala y West 8. ¿Cómo os enfrentáis a los proyectos siguiendo esta metodología?

FB. Trabajar con otras oficinas es una práctica que seguimos empleando siempre que podemos, ya que enriquece nuestro trabajo, nos permite conocer otros puntos de vista. Normalmente, tratamos de compartir con una única oficina un trabajo concreto en el que enseguida se establecen unos roles. En el caso de Madrid Río fue más difícil, ya que había muchas personas implicadas. Pero no solamente oficinas dedicadas al diseño, sino que hubo una labor de colaboración muy grande con ingenierías que tenían una labor muy importante, y con los equipos del Ayuntamiento. Pese a ello, con todas sus complicaciones, se puede decir que fue una experiencia enriquecedora que nos sirvió también para entender en qué consiste colaborar con varios estudios a la vez. En cualquier caso, nosotros teníamos la responsabilidad, Ginés en concreto, de dirigir este equipo, es decir, que había mucho trabajo de coordinación.

GG. Toda la documentación se produjo en nuestra oficina. Además, los estudios eran muy heterogéneos: algunos pequeños, otros grandes, despachos que conocían muy bien el lugar, otros que no tenían ni idea… A ello se suma que el proceso fue muy largo pero teníamos que trabajar muy deprisa, teniendo que tomar decisiones a veces arriesgadas y eso tampoco ayuda. A toro pasado, haber gestionado eso mejor habría hecho las cosas más fáciles, más rápidas, pero sinceramente el encargo no estaba claro y ni el propio Ayuntamiento lo imaginaba. Lo que a mí más me satisface, con mucha diferencia, es que cuando visitas Madrid Río tienes la impresión de que aquello ha estado ahí toda la vida.

En contraposición a este modo de trabajo colaborativo, ¿qué opináis de los arquitectos estrella con un estilo muy definido? ¿Cómo definiríais vuestra arquitectura?

FB. No todos los personajes conocidos dentro de la profesión trabajan de la misma manera y no todos se pueden valorar bajo la misma óptica. En este sentido, existen oficinas que, a pesar de pertenecer a arquitectos muy conocidos, siguen teniendo una escala, unas dimensiones, que permiten vigilar y controlar el producto que proyectan de una manera muy precisa. Y otras, sin embargo, se han convertido en unas corporaciones que lo que hacen es un producto, en general de una calidad alta desde el punto de vista técnico y de lo que se espera de un proyecto, y la firma le imprime una especie de marchamo de calidad que le añade valor. En nuestro caso, no nos hemos visto nunca en la situación parecida a la de un arquitecto estrella. Nosotros hemos tenido que hacer todo tipo de trabajos, en todas las condiciones posibles, algunas veces con clientes favorables y muy flexibles, y otras con grandes rigideces. Lo que hemos procurado es hacerlo siempre de la manera más digna posible. Nuestro trabajo está al servicio de la gente que va a utilizar después esos edificios, de la gente que pone el dinero para construirlos, y de quienes van a que quedarse con ellos y mantenerlos y, por supuesto, de los ciudadanos. Por ello, tenemos los oídos muy abiertos a todos los elementos que participan en ese milagro que es la construcción de un edificio.

Una tipología a la que estáis muy vinculados son las viviendas sociales, ¿en qué medida son importantes en el desarrollo de los barrios?

Viviendas sociales en Albacete

FB. En los proyectos de vivienda colectiva nos hemos movido en contextos urbanísticos, por lo general, mal concebidos. Con alguna excepción como Valdebebas, donde hemos podido trabajar en una parcela espléndida con un programa mixto de vivienda, comercio y oficinas, en cada uno de los edificios que hemos hecho se pueden apreciar gestos en la propia arquitectura que tienen como propósito mejorar las condiciones del lugar en el que se instalan. O bien porque rompen la cáscara edificatoria prediseñada por la ordenanza, o bien porque propone una relación alternativa a la prevista entre espacios público y privados. Los mayores esfuerzos que hemos hecho en los proyectos de vivienda, precisamente, han consistido en dotar al edificio de un carácter propio, no tanto para distinguirse del resto, sino para conformarse como un espacio en el que el habitante se sienta identificado de alguna manera. Pero, sobre todo, nuestra intención ha sido establecer ciertos vínculos espaciales con la ciudad para enriquecerla, para compensar la banalidad con la que a veces se han trazado los nuevos ensanches de nuestras ciudades. Unos modelos que no facilitan precisamente la construcción de una ciudad diversa y rica.

En el caso de Madrid, ¿cómo valoráis la manera en la que se han proyectado los barrios nuevos periféricos?

GG. Yo creo que se está haciendo fatal. Hay cantidad de casos buenísimos en muchas ciudades europeas, desde ejemplos de los años 20, de los años 30, a ejemplos recientes. Es incomprensible como en Madrid, con la riqueza y capacidad que tiene, se hagan las cosas tan mal. En cualquier caso, creo que los arquitectos españoles tenemos una clara deficiencia educativa en lo que se refiere al urbanismo.

FB. Creo también que los arquitectos hemos tenido un papel muy lateral. Por ejemplo, en el caso de los denominados PAUs que se hicieron en los años 90, como Sanchinarro o Las Tablas, tengo la impresión de que se hicieron con una lógica más comercial que urbana. Son barrios en los que resulta muy antipático pasear porque no hay una sección de calle que invite a estar ahí. Nos encontramos, de este modo, con grandes avenidas, con gigantes rotondas, con manzanas de escala pequeña, que no tienen usos mixtos, que contienen únicamente viviendas, y tienen concentrados los elementos de servicio, en algunos casos en un único centro comercial, en un extremo. En definitiva, se han convertido en islas en las que no hay mezcla ni de habitantes ni de usos, produciendo que el espacio público, la calle, no se pueda ser un lugar vivo. Todo se produce de manera privativa, en el interior de la manzana, en edificios que viven de espaldas a la ciudad. Y la ciudad es sencillamente una malla de viales por el que circulan coches en los que no hay ocasión para las relaciones ciudadanas.

Demos al salto a escala mundial, ¿apostáis por la expansión más allá de las fronteras o preferís trabajar “en casa”?

GG. Siempre es más cómodo trabajar en “casa”, hacer las cosas lo más cerca posible, porque lo conoces bien, sabes lo que tienes que hacer, conoces el clima, la nor¬mativa, culturalmente estás más implicado con el sitio… Pero hemos encontrado también buenas oportunidades fuera, proyectos con interés.

FB. Además, en lo que se refiere a los concursos, empezamos a hacerlos en el extranjero porque aquí dejó de haberlos. Seguramente si hubiéramos tenido más continuidad en el trabajo en España, no se nos habría pasado por la cabeza irnos fuera salvo casos excepcionales. Hemos trabajado en Australia, Rusia, Eslovenia, Holanda, Suiza y diversos países de Latinoamérica. En definitiva, hemos tenido la oportunidad de conocer las formas de trabajo en otros muchos lugares y hemos constatado que tenemos recursos y conocimiento profesional para trabajar en casi cualquier sitio. Sin embargo, nos hemos dado cuenta de que, si no estás ahí, es muy difícil empujar un proyecto que está fuera, materializarlo y llegar a construirlo.

En lo que se refiere al ámbito docente, ¿están preparados los arquitectos españoles cuando salen de la universidad?

GG. Creo que antes se estudiaban muchas cosas innecesarias, que te hacían perder una cantidad de tiempo enorme. Ahora los alumnos están mucho más protegidos y creo que aprenden más en menos tiempo, pero no sé si aprenden lo que realmente tienen que aprender. Por otro lado, hay que tener en cuenta también que la profesión se ha hecho mucho más diversa y eso está bien, que haya arquitectos en muchos ámbitos, no sólo arquitectos que diseñan edificios, que en realidad son muy pocos.

FB. Bajo mi punto de vista, a la formación universitaria le falta un componente práctico que en otros países es obligatoria. Hay lugares del mundo, sobre todo en el mundo anglosajón, en el que para certificar tus estudios tienes que pasar tiempo trabajando en una oficina y conociendo verdaderamente en qué consiste el mundo laboral y cuáles son las cosas que puedes hacer. Me parece que una profesión como la nuestra, que tiene tanto que ver con las estructuras económicas y profesionales, debería incorporar en la última fase una experiencia que permita al alumno tocar de cerca o conocer cómo es el día a día en un estudio de arquitectura.

¿En qué momento se encuentra España en lo que se refiere al ámbito arquitectónico? ¿Cuál debe ser la función de la arquitectura en este momento?

GG. En cierto modo, la misma de siempre: ponerse al servicio de los ciudadanos y hacer que la vida sea mejor y más confortable. Nos enfrentamos a la restauración de todos los barrios que se hicieron en los años 50- 70, que van a empezar a colapsar, y que están construidos. Se trata de edificios que tienen unas pérdidas térmicas enormes y que se han ido quedando obsoletos. Hay una tarea muy grande que tiene que ver con el modo en el que se va a resolver todo lo que se construyó hace medio siglo. Y, por supuesto, tenemos pendiente ordenar el territorio de una manera razonable, incluso prácticas de demolición en algunos casos diría yo. Tenemos una asignatura pendiente muy grande que tiene que ver con el territorio, que hemos maltratado.

FB. Si yo tuviera que expresar un deseo de lo que debiera ser la profesión del futuro sería muy fácil: que los buenos arquitectos trabajen y los malos arquitectos no. Creo que obras que parecen muy sencillas, como puede ser la reforma de un portal o una pequeña tienda, se encargan con frecuencia a profesionales inadecuados que no tienen conocimientos suficientes, que no aprecian a la profesión lo suficiente y que hacen malos trabajos. El país saldría ganando si fuéramos capaces de aprender, como sociedad, a valorar la calidad de los trabajos de arquitectura, sean minúsculos o territoriales.

Para finalizar, ¿qué balance hacéis desde que inaugurarais el estudio en 2002?

FB. Hemos hecho de todo, vivienda colectiva, social o no, arquitectura industrial, puentes, edificios de oficinas y centros vinculados a la cultura. Es decir, no nos hemos especializado y supongo que eso es una fortuna en cierto modo. Esta situación nos ha obligado a tratar de captar qué era lo que se esperaba de nosotros en cada caso y, con independencia del grado de exigencia de lo que hubiera del otro lado, tratar de elevar nuestro nivel de exigencia hasta el límite de lo posible. Nunca hemos rechazado un trabajo por pequeño o por complicado que fuera, siempre y cuando tuviera para nosotros un cierto interés, que no resultara un trabajo banal ni ausente de valores arquitectónicos.

GG. Hemos tenido buenas oportunidades y las hemos aprovechado, pero también esto ha sido posible porque nos hemos esforzado e implicado muchísimo. Después de todo lo que ha pasado, y con las dificultades que ha habido durante estos años, aún seguimos trabajando y eso lo considero una fortuna.

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About Laura García-Barrios

Coordinadora Editorial NAN Arquitectura y Construcción

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