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Según La Casa que Ahorra desde la eficiencia energética se puede mejorar la calidad acústica por encima de la norma

Con motivo de la celebración del Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, este 29 de abril, La Casa que Ahorra considera que es imprescindible atajar los déficits de calidad de nuestros edificios y trabajar por la calidad integral en la edificación. Entre esos déficits se halla la calidad acústica, que según LCQA, se puede mejorar en obra nueva y, sobre todo en rehabilitación, a niveles superiores a los recogidos por la norma, empleando como vector de cambio la eficiencia energética, perseguida por las instituciones europeas y nacionales.  

Las rehabilitaciones en profundidad se hacen cada 30 años y, por ello, hay que hacerlas bien desde el principio para que ninguna prestación quede relegada, concretamente la acústica. Con ello, se podrá satisfacer el derecho de los ciudadanos a conseguir edificios con las máximas prestaciones y la máxima rentabilidad de sus inversiones.

Los déficits de calidad de nuestros edificios

Desde un punto de vista objetivo sobre la calidad de la edificación en España, los datos hablan por sí solos. En 1979 se aprobó la primera norma térmica, pero la primera acústica es del año 1988. Lo mismo ocurrió con el CTE: el primer Documento térmico se aprobó en 2006 y se modificó en 2013 y en 2019; el apartado acústico se aprobó en 2008 y todavía espera su actualización. 

El retraso en la aprobación de unas y otras normas se traduce en el porcentaje de viviendas con malas prestaciones térmicas o acústicas. Atendiendo al año de construcción, de los 25 millones de viviendas, 14,5 millones están construidas sin ninguna exigencia térmica y 17 millones sin exigencias acústicas. Pero ambas normas técnicas eran muy poco estrictas. 

Según el INE, a nivel nacional, en el año 2018 un (17,0%) de personas declaraba problemas de ruidos producidos por vecinos o del exterior. Superan el 20%, Illes Baleares, La Rioja, País Vasco, Madrid, Comunidad Valenciana; y se acercan al 30% o lo superan Navarra y Melilla. 

En consecuencia, los datos ponen de manifiesto que muchos ciudadanos residen o trabajan en edificios que padecen problemas térmicos y acústicos, con la consiguiente pérdida de confort y salud.

Según Albert Grau, gerente de LCQA, la calidad acústica o mejor aún, la falta de ella, es un intangible de alto valor: “¿Cuánto vale descansar adecuadamente? ¿Qué precio se le puede poner a la intimidad en el hogar? ¿Cuánto vale no escuchar el camión de la basura o el ruido de coches circulando durante las horas de descanso? ¿Cuál es el coste de una mala relación con tus propios vecinos? Probablemente la mayor parte de nosotros daríamos un valor enorme al hecho de poder garantizar el silencio y la intimidad en nuestras casas. A pesar de ello, suele ser de las cuestiones que sólo percibimos cuando ya hemos comprado o alquilado una casa y, por tanto, no ponen o quitan valor a un inmueble o edificio porque no se visibilizan de ningún modo”.

En relación con la salud, baste decir que el ruido está en el origen del estrés, de los trastornos del sueño (13 millones de europeos lo padecen), dificultades de atención y aprendizaje (con importantes repercusiones durante las etapas educativas), etc.  Según la Agencia Europea del Medio Ambiente, al ruido se le atribuyen 16.600 muertes prematuras en Europa y 72.000 hospitalizaciones al año. Además, el 40% de la población está expuesta a niveles de ruido diurnos por el tráfico rodado superiores a 55 decibelios (dB); el 20%, a más de 65. 

Hacia la calidad integral en obra nueva y rehabilitación: un llamamiento al sector

LCQA es consciente de que la eficiencia energética es en nuestros tiempos el motor de las iniciativas en edificación (obra nueva o rehabilitación). No en vano, los paquetes legislativos europeos, los pactos internacionales, las trasposiciones y reglamentos nacionales y la financiación, están destinadas, en buena parte, a este objetivo. Por ello, LCQA, quiere llamar la atención sobre la posibilidad de vincular las mejoras térmicas de los edificios con las mejoras de otras prestaciones, singularmente con la protección frente al ruido.

A la satisfacción de este objetivo contribuyen la actualización del CTE en su apartado térmico, con lo cual, el cumplimiento de las nuevas exigencias permitiría mejorar considerablemente las prestaciones acústicas del edificio nuevo o rehabilitado si, y sólo si, los profesionales del sector, efectúan los estudios correspondientes y emplean los materiales adecuados para multiplicar las prestaciones acústicas. 

Los profesionales deben asumir que una fachada, por ejemplo, se rehabilita cada 30 años y, por tanto, es el momento de procurar las mejoras de todas las prestaciones, porque lo que no se haga en ese momento, probablemente supondrá un coste que nadie querrá asumir.

Con ello, la rentabilidad de las inversiones sería mucho mayor, los propietarios, inquilinos o trabajadores verían satisfecho su derecho a un confort y bienestar acústico, a la protección de su intimidad y a mejorar su calidad de vida.

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