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Ascer: «Nuestro sector es un excelente instrumento de vertebración socio-territorial, dinamiza la economía y genera empleo de calidad»

Autor: Vicente Nomdedeu, presidente de ASCER

Afrontamos el 2021 inmersos en uno de los periodos más desafiantes que, como industria, hemos vivido nunca. La crisis sanitaria desatada por la covid-19 pronto encontró su eco en la economía, por lo que grandes empresas, pymes, autónomos y sociedad, en general, sufrimos las catastróficas consecuencias de esta pandemia.

Basta poner como ejemplo el dramático descenso de las ventas internacionales del sector azulejero: en los meses de abril y mayo, nuestras ventas cayeron un 40% y un 45%, respectivamente, y, de no haber sido por la gran fortaleza que ha demostrado nuestro sector, los resultados habrían sido mucho peores. Afortunadamente, el sector azulejero configura un sólido clúster que, una vez más, nos ha permitido superar todos los retos que hemos ido enfrentando.

Así, si en 2019 aumentamos las ventas en un 4,5% (hasta los 3.750 millones de euros), las previsiones para 2020 hablan de una estabilidad de las ventas en el rango de un -1% y el 2%. Estas cifras son aparentemente positivas, pero no lo son tanto si tenemos en cuenta que en 2020 habremos facturado entre 5 y 6 puntos porcentuales menos a lo previsto antes de la pandemia. Este dato global, en principio positivo, también esconde otras realidades, y no todas las empresas que conforma la industria tienen una evolución tan positiva.

A ello ha contribuido el excelente posicionamiento internacional de nuestro sector. La exportación ha ido remontando a lo largo de los meses. El buen comportamiento de mercados como Alemania, Estados Unidos o Arabia Saudí ha sido decisivo para alcanzar las actuales previsiones.

Esta situación ha tenido su reflejo a nivel social, especialmente para las 15.800 personas a las que da empleo nuestro sector. De los 50 ERTE registrados al comienzo de la pandemia, solo 10 permanecían activos durante el tercer trimestre del año y, a finales de septiembre, el número de trabajadores afiliados a la Seguridad Social en nuestro sector aumentó un 2,9% respecto al año pasado.

Estos datos reflejan que nuestro sector es un excelente instrumento de vertebración socio-territorial, dinamiza la economía y genera empleo de calidad. Los beneficios de contar con una industria fuerte son claros y evidentes, especialmente en un contexto como el actual.

Pese a todo, seguimos ante un futuro incierto, y un paso en la dirección equivocada nos puede hacer perder todo lo que hemos ido logrando a medio plazo. Ahora estamos ante la oportunidad de contener la pandemia sin paralizar la actividad productiva, especialmente en un sector como el de la construcción, cuyo mantenimiento es clave para la recuperación económica y social.

En ese sentido, se hacen necesarias medidas que reactiven la demanda en la construcción y en la rehabilitación, como la rebaja del IVA de los materiales, la reducción de la carga tributaria en la compra de vivienda o la puesta en marcha de ayudas directas para la reforma y la rehabilitación. Todas esas iniciativas, junto con la esperada llegada de los fondos europeos, nos colocarán en la senda de la tan ansiada recuperación.

Cambiando de tercio, nuestro sector sigue afrontando una serie de retos, especialmente a nivel energético, que se mantendrán vigentes tras la pandemia: encontrar soluciones a los objetivos de la descarbonización o el reconocimiento de la cogeneración de alta eficiencia como es el caso de nuestra industria.

La CNMC aprobó los nuevos peajes de gas para la industria, cuya rebaja oscilará entre el 2% y el 15%. Esto supone un avance en materia energética, ya que los peajes que estaban vigentes, más elevados que los de nuestros principales competidores europeos, nos situaban en una posición de clara desventaja competitiva. Este hecho constituye un avance que contribuye a reducir la brecha de competitividad con nuestros vecinos europeos, sin embargo queda mucho trabajo por hacer en materia de competitividad energética.

El 2020 pasará a la historia como uno de los años más duros de las últimas décadas. De cara a 2021, el único pronóstico seguro es la incertidumbre, pero, si protegemos y apostamos por nuestra industria, podremos afrontar el año con mayores garantías y renovado optimismo. Para acabar, quiero agradecer el esfuerzo, dedicación y sacrificio que, durante todos estos meses, han venido realizando los profesionales de nuestro país, incluyendo a los servicios sanitarios, y todas las personas que han lidiado con esta crisis y han aportado su grano de arena para combatirla.

«Seguimos afrontando una serie de retos, especialmente a nivel energético, que se mantendrán vigentes tras la pandemia: encontrar soluciones a los objetivos de la descarbonización o el reconocimiento de la cogeneración de alta eficiencia como es el caso de nuestra industria»

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