Albert Vidal, responsable del Área de Investigación de la Fundación i2CAT

¿Por qué estandarizar la Internet del futuro? Internet será con total seguridad uno de los fenómenos tecnológicos que más impactará a la sociedad en todos sus aspectos durante el siglo XXI. Sin embargo, cabe recordar que sus cimientos se pusieron ya a principios de los setenta del siglo pasado.

Lo que al principio eran meros experimentos del Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha acabado convirtiéndose en una herramienta imprescindible para la actividad diaria de la mayoría de los ciudadanos y empresas de todo el mundo.

Internet ha ido evolucionando a base de modificaciones sobre el conjunto de protocolos que permiten la comunicación entre máquinas a distintos niveles, desde el nivel físico hasta el nivel de aplicación, con el fin de adaptarse al nuevo entorno y características de las redes que componen Internet. Sin embargo, durante los últimos años existe toda una corriente de pensamiento que apunta a que Internet, y su arquitectura como tal, no es lo suficientemente flexible como para seguir albergando todos aquellos cambios que van siendo necesarios, resultando imprescindible volver a diseñar su arquitectura partiendo desde cero. A esto se le conoce como una aproximación ‘clean slate’.

Ante esta situación, algunos cuerpos de estandarización (o SDOs) han empezado a preocuparse ante un eventual futuro rediseño de Internet y han creado nuevos grupos de trabajo orientados hacia esta problemática, como es el caso del Subcomité de Normalización JTC 1/SC6 de la ISO (International Organization for Standardization), del que i2CAT ostenta la presidencia española conjuntamente con la Universidad Politécnica de Cataluña.

Para la industria internacional en general, y para la española en particular, la estandarización no es una actividad que se haya tenido demasiado presente, entre otras cosas porque no tiene un retorno directo a corto plazo. Pero muchos fabricantes extranjeros, principalmente norteamericanos y, en los últimos años, también asiáticos, han realizado grandes esfuerzos en participar en actividades de estandarización, fundamentalmente por tres motivos: ante todo porque, siguiendo de cerca el proceso de estandarización, una empresa podrá asegurarse de lanzar al mercado sus nuevos productos totalmente compatibles con el estándar y con todos aquellos productos que igualmente lo cumplen; en segundo lugar, porque el proceso de estandarización es por sí mismo un punto de encuentro donde empresas fabricantes se ponen en contacto con sus competidores pero también con colaboradores potenciales, siendo un terreno muy propicio para las alianzas; y finalmente, porque los estándares se construyen en base a propuestas de la propia industria, con lo que una propuesta finalmente aceptada dentro de la especificación de un estándar puede significar un retorno para el fabricante que la ha ideado en términos de royalties, siempre que se haya hecho debido uso de la protección de propiedad intelectual.

Sin embargo, aunque las ventajas son muchas, la industria de nuestro país aún no ha interiorizado esa “cultura” del estándar, tan imprescindible en un entorno tecnológico e innovador como es el nuestro. Y es precisamente en estos tiempos de crisis global cuando los fabricantes de equipos de telecomunicación que quieren asegurar su futuro no sólo deben tener la vista puesta en cómo salir de la crisis, sino también tener presente el medio y largo plazo. Y, sin duda, una de las maneras de hacerlo es mediante la participación en procesos de estandarización.

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