Ángel Sánchez, presidente de Itene

Cómo reducir los costes empresariales con un plan de movilidad
Por movilidad entendemos desplazamientos de personas por cualquier motivo o por cualquier medio. Tenemos que incluir aquí los desplazamientos de las mercancías o bienes, cualquiera que sea el medio que se utilice. Todos los días millones de personas tienen que llegar hasta sus puestos de trabajo, así como moverse dentro de localidades o ciudades para acceder a servicios diversos (educación, banca, compra, etc).

Al concepto movilidad se ha unido, actualmente, el término sostenible que hace referencia a la movilidad que se satisface en un tiempo y con un coste razonable, minimizando los efectos negativos sobre su entorno y la calidad de vida de las personas. Aunque actualmente, se está iniciando un cambio de tendencia por parte de las administraciones responsables de la planificación del transporte hacia una movilidad sostenible por medio de la optimización de la gestión del tráfico y los recursos disponibles, la movilidad de las empresas sigue siendo una asignatura pendiente. Según los últimos datos, apenas un 10% de las compañías europeas tienen en marcha un plan de movilidad.

El modelo urbanístico que se ha aplicado en las últimas décadas ha propiciado un alejamiento cada vez mayor de los lugares de residencia con respecto a los centros de trabajo. Los polígonos industriales se crearon respondiendo a la necesidad de concentrar en un mismo espacio la actividad industrial que se había desarrollado en los entornos urbanos. Hoy en día, los polígonos industriales han evolucionado hacia centros empresariales y de negocios, que cuentan con una serie de servicios añadidos. En la mayoría de los casos, y dependiendo de lo aislados o integrados que se encuentren dichos polígonos industriales en el sistema municipal, existe un déficit de infraestructuras de transporte público que “obliga”, en cierto modo, a la dependencia del vehículo privado.

Los desplazamientos al puesto de trabajo, por sus características de recurrencia y focalización en el espacio y el tiempo, son los que generan mayores problemáticas de congestión e impactos; medioambientales, sociales y económicos.

Un día laborable cualquiera, alrededor del 40% del total de los desplazamiento que se realizan corresponde a motivos de trabajo, a esto hay que sumar que el modo más utilizado en los desplazamientos al trabajo es el automóvil (68,3%), con una tasa de ocupación media de 1,2 personas.

A la contaminación medioambiental que esto supone hay que unir los problemas sociales que conlleva en forma de efectos negativos para la salud de la personas que van desde: la hipertensión, al aumento del estrés, siniestralidad vial in itinere, reducción de la productividad debido al absentismo laboral, impuntualidad, y un largo etc.

Los accidentes de tráfico además de ser una tragedia social, son también una importante fuente de consumo de recursos sanitarios y económicos. Hay que sumar también el factor tiempo que requieren los trabajadores para llegar a sus centros de trabajo que es cada vez mayor. Se estima que destinamos alrededor de una hora al día de nuestro tiempo para desplazarnos.

Por lo tanto, los planes de movilidad al trabajo deben ser el primer paso para el cambio en los patrones de movilidad de la sociedad. Es deber de las administraciones públicas establecer las estrategias y dictar la legislación y normativa necesaria para enfrentarse al problema actual de la movilidad, a todos los niveles: europeo, nacional, autonómico y local.

Un plan de movilidad al trabajo no es más que un conjunto de medidas de transporte dirigidas a racionalizar los desplazamientos al centro de trabajo, desde un punto de vista más eficiente, reduciendo así los impactos negativos de los desplazamientos en vehículo privado, tanto de los trabajadores como de los proveedores, visitantes y clientes al centro de trabajo. La minimización del uso del vehículo privado por un solo ocupante. La reducción de atascos y retenciones, disminuyendo así el tiempo de desplazamiento y eliminando los cuellos de botella en los accesos a los polígonos industriales, sobre todo en las horas punta. La reducción de accidentes, absentismo laboral y estrés de los trabajadores.

Un plan de transporte a un centro de trabajo contempla dos grandes objetivos, por un lado, el análisis exhaustivo de las conductas de movilidad actuales de los usuarios y por otro lado, el estudio y evaluación de las alternativas viables, como por ejemplo: vehículos privados compartidos; vehículos de alquiler compartidos; autobuses lanzadera (favorece la intermodalidad); servicios de autobuses regulares; fomento del uso de la bicicleta (privada o de préstamo) y un largo etc.

Para la elaboración del mismo las empresas pueden acceder a diferentes ayudas y subvenciones que permitan la implantación del plan de movilidad, conformándose como una oportunidad para conseguir todos estos objetivos.

Por: Ángel Sánchez, presidente de Itene

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