“Es probable que nuestra forma de ver el mundo no sea la más adecuada para superar la actual crisis”

No hay duda de que la ética no puede contentarse con la pura racionalidad estratégica y continuamente necesita echar mano de la racionalidad comunicativa o práctica. No se trata de negar la importancia de la relación fines-medios, sino de recordar, con Kant, que solo los intereses que tienen en cuenta a todos los afectados y que, por tanto, pasan la prueba de la universalización, pueden considerarse justos o correctos.

Por el profesor Diego Gracia, presidente de la Fundación de Ciencia de la Salud y director del XV Ateneo de Bioética.

Es dudoso que algo así esté sucediendo en muchas de las decisiones que se toman, no ya en el ámbito de la vida privada, sino también en el de la pública, como sucede en los campos de la economía y de la política. Con el objetivo de analizar el sentido de la racionalidad estratégica, centrando la atención en los ámbitos económico y político, la Fundación de Ciencias de la Salud, en colaboración con GSK, ha organizado el XV Ateneo de Bioética: “Qué es la racionalidad instrumental”.

Según el profesor Diego Gracia, "estamos inmersos en una crisis que va más allá de la economía, afectando también a la racionalidad”, explica. “Es probable que este enfoque excesivamente económico de la crisis se deba a que venimos asumiendo una forma de ver el mundo que quizás no es la más adecuada para superar la difícil situación actual e incluso para vivir”, añade. El experto se pregunta si existen alternativas a dicha racionalidad. La profesora Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, propone el uso de “una racionalidad comunicativa que devuelva el protagonismo a los seres humanos y les permita construir el mundo en el que viven”, apunta. Para ello, considera clave “la recuperación y potenciación de la intersubjetividad que la racionalidad estratégica se ha dedicado a destruir durante muchos años”. No cabe duda de que “el entendimiento mutuo es fundamental para realizar cualquier tipo de acción, así como para impulsar la ciencia y la producción”. En definitiva, para evitar la cosificación de los seres humanos, “debemos conseguir que la racionalidad comunicativa alcance al mundo vital y que de ahí pase a los ámbitos económico y político”.

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