El Eurogrupo y Grecia se dan un nuevo plazo para cerrar su crisis

Bruselas, 21 feb (EFE).- El acuerdo entre Grecia y el Eurogrupo que amplía por cuatro meses y con condiciones la ayuda a Atenas supone un nuevo plazo, esta vez hasta el lunes, para cerrar una crisis abierta tras la victoria electoral de Syriza y recuperar parte de la confianza perdida.

El acuerdo aleja el inmediato riesgo que pesaba sobre el Gobierno del primer ministro griego, Alexis Tsipras, de quedarse sin liquidez en pocas semanas y con ello verse ante la eventualidad de quedarse fuera del club de los diecinueve países que integran el euro, pero no satisface todo lo que Atenas pedía y sí lo que Berlín quería.

El Gobierno griego, que considera que con este acuerdo el país «ha pasado página» y ha demostrado que la negociación era la vía, dispone ahora hasta el lunes para presentar ante el Eurogrupo las reformas adicionales que los otros dieciocho socios del euro le han exigido.

En esa lista, Tsipras tienen que reflejar medidas concretas que serán evaluadas por las instituciones para decidir la extensión formal de la financiación.

Está previsto que el martes haya una conferencia telefónica entre los socios para evaluar si las nuevas propuestas griegas convencen a los responsables financieros de la eurozona, si no lo hacen, los ministros ya han avanzado que habrá una nueva reunión extraordinaria del Eurogrupo.

El tiempo corre en contra, pues el último tramo del programa de rescate a Grecia expira el 28 de febrero y hay varios países (Alemania, Holanda, Estonia y Finlandia) que necesitan pasar por el trámite de que sus parlamentos den el visto bueno a la prórroga.

Para los expertos, el acuerdo permite «a Grecia financiarse en el corto plazo y ganar tiempo de cara a las negociaciones que vendrán después», opina Raoul Ruparel, especialista del centro de estudios Open Europe.

A su juicio, Grecia ha capitulado en varios aspectos, pues por ejemplo la ampliación de la asistencia es de cuatro meses y no de seis, al tiempo que agregó que «básicamente Grecia ha acordado concluir el rescate actual, y cualquier financiación se ha condicionado al proceso».

«Solo si se aprueba la finalización de la revisión del programa prolongado por parte de las instituciones se permitirá cualquier desembolso del tramo pendiente» de 1.800 millones de euros y la transferencia de 1.900 millones de euros que Grecia reclama al Banco Central Europeo (BCE) procedentes del rendimiento de los bonos griegos, precisó la directora-gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, al término de la reunión.

«El juego de póquer continua. Grecia vive ahora al día, y sigue estando en una posición muy difícil, y cómo se va a tratar la evaporación de lo que Syriza vendió en las elecciones es algo crucial y que tiene un potencial explosivo desconocido», agregó Rouparel en su análisis.

A su juicio otro aspecto en el que Grecia ha tenido que ceder se refiere a la recapitalización pendiente de los bancos, unos fondos que Atenas quería que se quedarán en un fondo heleno de estabilización financiera durante la prórroga y que posiblemente pudieran ser utilizados fuera del sector bancario.

«Eso se les ha denegado», indicó Ruparel, ya que los 10.900 millones de euros en bonos del fondo temporal de rescate en la reserva utilizada para recapitalizar a la banca, regresarán al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF).

En estas negociaciones Tsipras y su ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, han conseguido hacer desaparecer la palabra «troika», aunque las instituciones que la formaban, la Comisión Europea, el BCE y el FMI, siguen presentes.

Varufakis consideró que su país ha ganado «empezar a ser coautores de las reformas que queremos poner en marcha, que vamos a dictar y que discutiremos con nuestros socios».

Explicó que el segundo gran logro de las negociaciones es que su país ha conseguido evitar «una secuencia de muchos años de superávits primarios sofocantes» y que para la economía griega eran insoportables al destruir la base productiva del sector privado.

Para Alemania, el mayor acreedor de Grecia ya que le debe más de 50.000 millones de euros, esta complicada negociación ha sido para Atenas una lección de que «gobernar es una cita con la realidad», en palabras del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble.

«No nos ha sido fácil y lo sentimos», dijo Schauble, que subrayó que «el encuentro con la realidad es siempre muy duro. Eso también vale a menudo para nuevos gobiernos. Gobernar es una cita con la realidad y la realidad a menudo no es tan bonita como los sueños».

En lo que aparentemente han ganado todos ha sido en el inicio de la superación de la desconfianza, pues según el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsslebloem, «se trataba de encontrar confianza entre nosotros… Se ha dado un primer paso en ese largo proceso de reconstruir la confianza».

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