El IPC de 2016 evidencia que el fantasma deflacionario aún planea sobre Japón

Tokio, 27 ene (EFE).- El IPC en Japón cayó en 2016 por primera vez en cuatro años, lo que subraya el peso negativo del abaratamiento de los precios del crudo y el difícil reto que aún encara el banco central nipón para desterrar el fantasma de la deflación.

El Índice de Precios al Consumo (IPC) del año pasado mostró una caída del 0,3 por ciento con respecto a 2015 (lapso en el que la inflación había sido de medio punto porcentual), según los datos que difundió hoy el Ministerio japonés de Interior y Comunicaciones.

La contracción de este índice, que excluye los alimentos frescos por su excesiva volatilidad, acentúa la difícil situación que tiene por delante el Banco de Japón (BoJ).

La entidad lleva ya casi cuatro años embarcada en su empeño de lograr que los precios suban a un ritmo de en torno el 2 por ciento interanual en la tercera economía del mundo.

De cara a lograrlo decidió activar en la primavera de 2013 un programa de compra de activos a una escala sin precedentes para duplicar la base monetaria, algo que hasta el momento no ha podido dar los resultados esperados.

La subida de precios que fue impulsando este paquete flexibilizador comenzó a difuminarse en 2014 debido a un incremento de tres puntos del impuesto sobre el consumo que ralentizó enormemente la demanda en Japón.

Cuando la caída generalizada del crudo se agudizó en 2015 -año en el que se había propuesto alcanzar la mencionada meta inflacionaria- la entidad comenzó a aplazar la fecha en la que aspiraba a fulminar definitivamente el ciclo deflacionario que ha planeado sobre la economía nipona de manera casi ininterrumpida durante dos décadas.

La última vez que anunció un nuevo retraso fue el pasado noviembre, cuando se vio forzada a aparcar el plazo de consecución del mencionado 2 por ciento hasta más allá de 2018.

Sin embargo, el BoJ mantiene una visión optimista (el pasado septiembre incluso declaró oficialmente el “fin de la deflación”) apoyado en datos como el de la inflación subyacente, que excluye tanto los alimentos frescos como los precios de la energía y que en todo 2016 mostró un incremento de precios del 0,3 por ciento.

Y es que la factura eléctrica y la del gas se abarataron el año pasado un importante 9,6 por ciento, lo que arrastró a la baja el resto de precios en Japón, un país con una dependencia energética del exterior del 90 por ciento que además requiere de más hidrocarburos desde el parón nuclear a raíz de Fukushima.

De este modo, algunos analistas consideran que el IPC (que en diciembre mostró un retroceso del 0,2 por ciento interanual) comenzará a abandonar territorio negativo a lo largo de 2017 ante la remontada de los precios del crudo y el debilitamiento del yen, que encarece las importaciones de Japón.

De momento el último dato del IPC del área metropolitana de Tokio, que se considera un indicador avanzado de la evolución de los precios en todo el archipiélago, hace pensar que la escalada no será del todo inminente, ya que el índice mostró ahí una caída del 0,3 por ciento interanual y la inflación subyacente se mantuvo en 0.

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