Tensión entre Dinamarca y Groenlandia por la llegada de capital chino al Ártico

Copenhague, 2 jun (EFE).- La posibilidad de que capital chino financie la reforma de los aeropuertos de Groenlandia ha tensado las relaciones entre la autonomía danesa y Copenhague, temeroso de que perjudique las relaciones con su principal aliado, Estados Unidos.

La ampliación de tres aeródromos en las principales poblaciones -incluida Nuuk, la capital- es un proyecto crucial para atraer más turistas e inversores e impulsar el desarrollo económico de una isla de apenas 56.000 habitantes que viven en 2 millones de kilómetros cuadrados, tres cuartas partes cubiertas de hielo permanentemente.

Aunque la ley que ampara el plan, presupuestado en 470 millones de euros, todavía está en trámite parlamentario y no se espera que esté aprobada hasta otoño, la empresa pública Kalaallit Airports ya ha iniciado el proceso previo de licitación, con seis compañías precalificadas, entre ellas la contratista pública china CCCC.

Groenlandia posee desde 2009 un nuevo Estatuto, que aparte de reconocer el derecho de autodeterminación, le otorga competencias en todas las áreas salvo defensa, exteriores y política monetaria, lo que supone que Copenhague no se inmiscuya en asuntos internos.

Varios partidos daneses han alertado en las últimas semanas de que China podría usar a CCCC dentro de su estrategia para aumentar su presencia en el Ártico y han presionado al Gobierno a intervenir para evitar posibles reacciones de Estados Unidos, que mantiene una base militar en el norte de la isla.

“Inversiones en proyectos de aeropuertos de ese tamaño generan cuestiones, e independientemente de la financiación y elección de socios externos, pueden tener perspectivas de política exterior que el Gobierno quiere tratar con Nuuk”, avisó hace unos días en un debate parlamentario el primer ministro, Lars Løkke Rasmussen.

En un gesto inusual, Rasmussen dijo que no aceptará una decisión unilateral groenlandesa, abrió la puerta a una posible financiación danesa del proyecto y anunció que el tema será tratado este verano en la reunión anual de la llamada Mancomunidad del Reino Danés, que incluye también al otro territorio autónomo, las Islas Feroe.

El tema fue discutido la semana pasada en una reunión en Washington entre los ministros de Defensa estadounidense, Jim Mattis, y Dinamarca, Claus Hjort Frederiksen, quien aseguró que su aliado había mostrado preocupación por las posibles intenciones de Pekín.

“Es inaceptable que Dinamarca se entrometa en una licitación en Groenlandia solo porque haya un contratista chino”, le respondió a Rasmussen desde el estrado la diputada groenlandesa Aleqa Hammond, quien recordó la amplia presencia de empresas danesas en China.

El Gobierno autonómico ha criticado las palabras de Rasmussen por considerarlas precipitadas, ya que el proceso se encuentra en fase inicial, además de asegurar que se trata de un asunto groenlandés.

“No es la primera vez que desde Dinamarca se intenta influir para tomar decisiones que benefician los intereses daneses (…) ¿A qué le tiene miedo Dinamarca? Seguimos las leyes y reglas en nuestros esfuerzos por modernizar las infraestructuras”, afirmó hace unos días el presidente autonómico, el socialdemócrata Kim Kielsen.

El sólido apoyo popular al Estatuto (75 % de votos en referendo) y la riqueza mineral y petrolera de Groenlandia hicieron que hace una década se disparasen las expectativas de una independencia a corto plazo basada en los hipotéticos ingresos procedentes del sector extractivo.

Pero la crisis económica y la caída de precios de las materias primas paralizaron los principales proyectos, y un esperado informe de expertos groenlandeses y daneses rebajó aún más el optimismo al considerar que la independencia no era viable a medio plazo.

Aunque casi todas las fuerzas parlamentarias son partidarias de la separación de Dinamarca, hay dos líneas diferenciadas: mientras los dos principales partidos, el Siumut de Kielsen y el socialista IA, defienden asegurar primero la autonomía económica de la isla, otras fuerzas apuestan por una independencia a corto plazo.

Groenlandia depende en gran parte de la pesca y de la aportación anual de Copenhague de unos 580 millones de euros, que supone más de un tercio de su sus ingresos.

Tras las elecciones de abril Kielsen encabeza un Ejecutivo de coalición con otros tres partidos, entre ellos, el Partii Naleraq y el Nunatta Qitornai, dos fuerzas independentistas radicales.

Anxo Lamela

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