Londres busca transformar al Reino Unido en potencia exportadora tras el “brexit”

Londres, 21 ago (EFE).- El Gobierno británico quiere transformar al Reino Unido en una “superpotencia exportadora” tras el “brexit”, a través del incremento de las ventas al exterior del 30% al 35% del PIB, según el titular de Comercio Internacional, Liam Fox.

El ministro dio a conocer hoy este nuevo objetivo del Gobierno, en momentos de incertidumbre acerca de las negociaciones con Bruselas sobre la retirada del Reino Unido de la Unión Europea (UE), que se materializará el 29 de marzo de 2019.

En su intervención en la sede londinense del Instituto de Directores (IoD), organización que agrupa a directivos de empresas, el político conservador euroescéptico animó a las compañías británicas a vender más productos y servicios al exterior.

Fox vislumbra un alza de las ventas del 5% del Producto Interior Bruto, después de que la exportaciones llegasen en 2017 a 620.000 millones de libras (689.440 millones de euros), el 30% del PIB.

“Los negocios del Reino Unido están magníficamente situados para aprovechar los rápidos cambios en el medio ambiente económico global y creo que el Reino Unido tiene el potencial de ser la superpotencia exportadora del siglo XXI”, afirmó el ministro.

“Como departamento económico internacional, estamos determinados a apoyar, conectar y hacer crecer a las compañías del Reino Unido en el escenario mundial”, agregó Fox

Sin dejar a un lado a la UE, el ministro dejó claro que “Europa es y seguirá siendo un importante mercado para nuestros productos y servicios, pero hay un mundo más allá de Europa”.

Desde que fue nombrado titular de Comercio Internacional en 2016, tras la victoria del “brexit” en el referéndum del 23 de junio de ese año, Fox ha tenido como cometido viajar por el mundo para buscar posibles acuerdos comerciales con países fuera del bloque europeo y aprovechar oportunidades de incrementar las exportaciones.

Según el ministro, “el 90% del crecimiento económico tendrá lugar fuera de Europa en los próximos 10 a 15 años”, sobre todo en China.

“El cambio -agregó- en el poder económico y demográfico global, y el alza de la riqueza colectiva de los países en desarrollo conformarán las futuras oportunidades” del Reino Unido.

El presidente de la Federación de Pequeñas Empresas (FSB, por sus siglas en inglés), Mike Cherry, reconoció hoy que el Gobierno tiene “aspiraciones fuertes” y expresó su satisfacción por su compromiso de incrementar las ventas externas en proporción al PIB.

“Incentivos como cupones y subsidios deberían estar disponibles para las pequeñas empresas a fin de ayudarles con los primeros costes de inversión para casos como el traslado de servicios o estudios adicionales de los mercados”, agregó Cherry.

El directivo admitió que “el reloj (del brexit) está corriendo”, por lo que pidió al Gobierno actuar con rapidez para dar incentivos financieros a las empresas, teniendo en cuenta la actual incertidumbre sobre si habrá o no acuerdo con Bruselas.

Por su parte, la directora general de la Confederación de la Industria Británica (CBI, patronal), Carloyn Fairbairn, resaltó hoy que esta estrategia muestra “el compromiso” del Gobierno por mejorar la “competitividad internacional del Reino Unido”.

“La CBI apoya con firmeza -puntualizó- la ambición de situar las exportaciones en el 35% del PIB, que colocará al Reino Unido al frente de muchos de nuestros competidores internacionales”.

Fairbairn calculó que en cada región del país hay un 10% de las empresas que podrían exportar pero que actualmente no lo hace, por lo que -dijo- “esperamos trabajar con el Gobierno para ayudarles e inspirarles a fin de que puedan aprovechar esta oportunidad”.

El portavoz de Comercio Internacional de la oposición laborista, Barry Gardiner, se quejó hoy, sin embargo, de que el Gobierno tardase dos años en poner en marcha esta estrategia de exportación y reiteró la necesidad de alcanzar una unión aduanera con la UE.

Londres propuso el mes pasado a la UE la creación de un área de libre comercio para bienes tras el “Brexit”, lo que evitaría los controles de aduanas y mantendría abierta la frontera con Irlanda.

Los ministros acordaron – en una reunión en la residencia campestre de May a las afueras de Londres- que, para posibilitar ese libre comercio, el Reino Unido mantendría una equivalencia regulatoria con la UE para bienes, aunque no para servicios.

Pese a esta propuesta, Londres y Bruselas siguen sin ponerse de acuerdo sobre la futura relación comercial y la frontera entre las dos Irlandas, pues el objetivo es que siga siendo invisible para no perjudicar el proceso de paz norirlandés.

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