Banco de España baja al 2,6 % el crecimiento para 2018 por el deterioro exterior

Madrid, 25 sep (EFE).- El deterioro de los mercados exteriores a los que España exporta y, en menor medida, el encarecimiento del petróleo han llevado al Banco de España a rebajar una décima el crecimiento económico previsto para 2018, hasta el 2,6 %.

Por los mismos motivos ha rebajado dos décimas el crecimiento esperado para 2019, al 2,2 %, y una décima el pronosticado para 2020, hasta el 2 %, en un horizonte en el que la economía española seguirá avanzando por encima de su tasa de crecimiento potencial, que la entidad sitúa entre el 1 % y el 1,5 %.

El Banco de España calcula que entre julio y septiembre la economía creció un 0,6 %, igual que el trimestre anterior, lo que refleja que la desaceleración persiste, pero no que la economía esté evolucionando a peor, según la entidad.

Por el contrario, sí que han empeorado los riesgos que en caso de materializarse podrían llevar a revisar estas previsiones a la baja, sobre todo en el ámbito exterior con la amenaza del proteccionismo comercial, el empeoramiento de las condiciones financieras globales o las tensiones geopolíticas.

En el ámbito interno, los riesgos se concentran en un hipotético repunte de la incertidumbre política en Cataluña y en la falta de políticas económicas encaminadas al mantenimiento de la consolidación fiscal y la agenda reformista.

Respecto a las reformas estructurales, el Banco de España considera que no se deberían tocar algunos de los cambios llevados a cabo en el sector financiero y en materia laboral o de pensiones, que se han mostrado “especialmente valiosos” para aumentar la capacidad de la economía y el empleo.

Sobre los anuncios políticos relacionados con una eventual reforma fiscal no se han querido pronunciar en el banco, donde se limitan a señalar que cualquier cambio en la cesta de impuestos debería estar precedido por un análisis riguroso de sus efectos sobre la evolución de la economía.

De acuerdo con las proyecciones actualizadas hoy por la entidad en su informe económico trimestral, el consumo de los hogares seguirá siendo el principal sostenedor del crecimiento económico en el trienio proyectado, aunque también tenderá a desacelerarse en la medida en que las familias empiecen a recuperar una tasa de ahorro que está en mínimos históricos.

Al cierre de 2018 la demanda nacional (consumo e inversión) contribuirá al crecimiento con 2,7 puntos, dos décimas más de lo que el Banco de España preveía en junio, en tanto que el sector exterior (exportaciones e importaciones) restará una décima.

La creación de empleo mantendrá el dinamismo, aunque también se desacelerará, mientras que la tasa de paro se ha revisado al alza para los dos próximos años, de manera que al cierre de 2020 apenas bajará del 12 %, si bien la entidad lo achaca en parte a un aumento más acelerado de la población activa.

Para la inflación espera una moderación algo mayor a la prevista anteriormente, con una media del 1,8 % para 2018, tras haber alcanzado ya las cotas más altas del año.

Para el déficit público, el Banco de España prevé una desviación de una décima, hasta el 2,8 % del PIB, respecto a la flexibilización pactada por el Ejecutivo socialista con Bruselas en el 2,7 % del PIB.

Sin embargo, aclara que la desviación obedece más a la desaceleración macroeconómica prevista que a una desviación de la ejecución presupuestaria, al tiempo que señala que sigue siendo compatible con la salida este año del procedimiento de déficit excesivo.

La deuda pública para este año también se ha revisado al alza, hasta el 98,1 % del PIB este año, sobre todo por un efecto de menor denominador, ya que el PIB va a crecer menos de lo que se esperaba hace tres meses.

En su informe trimestral, la entidad hace mención especial a la notable desaceleración en las llegadas de turistas extranjeros que podría llevar a registrar en 2018 el primer año en casi una década en el que el crecimiento del turismo es inferior al del PIB.

Lo achaca a la normalización de la situación geopolítica en los destinos competidores de la cuenca del Mediterráneo, sobre todo Turquía, si bien incide en que los turistas perdidos gastaban menos de media que los que se retienen, lo que apunta hacia un turismo de mayor calidad.

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