Empresas en la frontera norirlandesa esperan que el «brexit» de May prospere

Newry (R.Unido), 24 nov (EFE).- Los empresarios de la frontera norirlandesa confían en que la primera ministra británica, Theresa May, sobreviva a las turbulencias del «brexit» y saque adelante el acuerdo de salida de la Unión Europea (UE), clave para el futuro de una zona en auge tras años castigada por el pasado conflicto.

«Soy lo suficientemente viejo como para recordar cuando teníamos que esperar en la frontera con la República de Irlanda para tramitar el papeleo de los camiones», cuenta a Efe Paddy Hughes, dueño de la compañía Horsefirst, que exporta suplementos vitamínicos para caballos de competición a más de 38 países, en torno al 90 % de su actividad.

El negocio está en el parque empresarial de Flurrybridge -situado a las afueras de la localidad de Newry, en el condado de Armagh-, a 100 metros de la divisoria invisible que lo separa de su vecina del sur, y bajo la sombra de colinas donde antaño se erigieron instalaciones del Ejército británico.

Durante el conflicto, que concluyó con el acuerdo del Viernes Santo (1998), la barrera, de casi 500 kilómetros, estuvo altamente militarizada en zonas como esta, una «traba física y mental» para el espíritu empresarial de las comunidades fronterizas, recuerda Hughes.

Desde entonces, el proceso de paz y la pertenencia del Reino Unido a la UE han generado altos niveles de prosperidad en Newry, que llegó a tener el helipuerto con más tráfico de Europa por el tránsito de tropas y un soldado británico por cada tres norirlandeses.

El avance de una economía unificada en la isla, las ayudas comunitarias a las infraestructuras de las regiones fronterizas, la inversión en educación y su ubicación privilegiada han dado a Newry acceso a un mercado de 2,5 millones de consumidores en un radio de 100 kilómetros, destaca Conor Patterson, consejero delegado de la Agencia Empresarial y Cooperativa de Newry y Mourne (NMEA).

Así, el paro ha caído desde el 30 % de 1972 hasta el 2 % actual, subraya el directivo de NMEA, una organización sin ánimo de lucro que ayuda a pequeñas y medianas empresas con el establecimiento y promueve la cooperación económica transfronteriza.

Todo esto está en peligro, advierte, si May no es capaz de aprobar en Westminster el borrador del pacto del «brexit» que ha firmado con Bruselas y que se vota en el Consejo Europeo mañana, cuyo objetivo, entre otros, es asegurar que no volverán las fronteras del pasado a Irlanda del Norte tras este divorcio.

Un «brexit» sin acuerdo «sería catastrófico» porque nadie sabe qué podría pasar, «quizá tendría que mudarme 100 metros más allá», a Irlanda, porque «aquí se podría multiplicar la burocracia y su coste, subiría el precio de mis productos por los nuevos aranceles a las exportaciones», plantea Hughes: «Estoy en tierra de nadie».

A fin de evitar el fin de una frontera abierta, el plan de la «premier» prevé mantener temporalmente a todo el Reino Unido dentro de la unión aduanera comunitaria, mientras que la provincia tendría un alineamiento con ciertas normas de ese área económico y del mercado único, salvo que ambas partes hallen otra solución o hasta que fijen una nueva relación.

Este acuerdo se ha topado, no obstante, con el rechazo del ala dura de la formación conservadora de May y gran parte de la oposición, así como de sus socios en el Ejecutivo, el Partido Democrático Unionista (DUP), mayoritario entre la comunidad protestante norirlandesa.

Los unionistas ultraconservadores sostienen que esa garantía concede a la provincia un estatus diferente al del resto del país y pone en riesgo su unión con Gran Bretaña, a pesar de que todos los sectores económicos regionales le han pedido que acepte el plan.

«Para muchos de nosotros, una salida brusca presenta, además, un escenario legal muy complejo», avisa Margaret Andrews, directora gerente de 3 R Mobility, otra compañía alojada en Flurrybridge que vende sillas de ruedas y sistemas de movilidad a ambos lados de la frontera.

Sus trabajadores, dice, «la cruzan cada día, a cualquier hora», para vender los productos o atender reparaciones para sus clientes, cuyos contratos podrían verse afectados «por cualquier cambio en el régimen de tarifas arancelarias y fiscal». «Confío en que Irlanda del Norte tendrá un estatus especial», apunta.

El intermediario comercial Neil Paisley no opina lo mismo. Está a favor de un «brexit» duro y la posibilidad de que no haya acuerdo tampoco le asusta.

«Un ‘brexit’ duro no nos afectaría, la mayoría de nuestro negocio está en China, Japón, Estados Unidos. Yo hago 40.000 millas al año», concluye Paisley.

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