ONU: Las economías del Sahel no pueden resistir el cambio climático

Adís Abeba, 25 dic (EFE).- El Sahel es una de las regiones más vulnerables del planeta al cambio climático y sus economías no están preparadas para afrontar ese reto, advierte a Efe el asesor especial de la ONU para esa zona, Ibrahim Thiaw, quien también alerta de que esta degradación alimenta la migración y el terrorismo.

«En el Sahel lidiamos con economías que no son lo suficientemente fuertes, no tienen resistencia al cambio climático. Es como un cuerpo humano que ha perdido su inmunidad», explica Thiaw en una entrevista con Efe durante una reciente visita a Etiopía para reunirse con autoridades de la Unión Africana (UA).

«El cambio climático es real, es algo que está ocurriendo ahora, no es algo que vaya a ocurrir en el futuro. La gente lo ve a diario y si se le quiere poner rostro humano es el de la malnutrición, el hambre y el de la destrucción de las familias», subraya el enviado especial mauritano.

«No hay reservas de alimentos -apostilla- y cualquier año de sequía es un año de recesión. Cuando no llueve, no hay ni agricultura ni comida».

Para el experto de la ONU, el cinturón del Sahel -la franja de transición entre el sur del desierto del Sáhara y la sabana que va desde Senegal a Etiopía- es «una de las regiones más vulnerables, si no la más vulnerable del mundo», al cambio climático.

Sus efectos nocivos se manifiestan en forma de sequías, inseguridad alimentaria, muerte de ganado, incendios e inundaciones; y se añaden al cóctel ya de por sí explosivo de problemas políticos, sociales y de seguridad de la región.

Estos engloban la pobreza, el desempleo, la falta de oportunidades para los jóvenes, la corrupción, la migración masiva y el terrorismo.

Ese complicado panorama -recuerda Thiaw- se da a pesar de ser una área «muy rica en recursos naturales», pero la mayor parte de esa riqueza es explotada por compañías extranjeras, sin redistribución de beneficios y oportunidades para la población local.

«Las ganancias a corto plazo podrían no ser beneficiosas a largo plazo. Es importante entender que parte de la frustración generada por las desigualdades es, de hecho, una de las circunstancias que los grupos terroristas usan para enrolar a jóvenes», argumenta.

Respecto a la seguridad en la zona, Thiaw valora los avances del G-5 Sahel, un grupo regional creado por Mauritania, Malí, Níger, Burkina Faso y Chad en 2014 para coordinar las estrategias tanto en materia de seguridad como de desarrollo.

El representante de Naciones Unidas admite que aún no se está ganando la batalla a los grupos terroristas de la zona, pero pide paciencia dado que la unificación de iniciativas es un proceso «extremadamente complejo» y lleva pocos años en práctica.

«No estamos lidiando con una guerra normal entre dos ejércitos. Son fuerzas asimétricas y a los terroristas decididos no les cuesta mucho conducir una moto y matar a gente. No es algo que puedas controlar con fuerzas regulares militares», puntualiza.

Además, el asesor reconoce que el G-5 no cuenta, de momento, con los recursos necesarios para atajar esa amenaza, si bien la comunidad internacional intenta apoyar sus esfuerzos.

En este sentido, el enviado especial valora la aportación de Francia en la lucha contra el terrorismo en el Sahel, con 4.500 militares desplegados en el marco de la Operación Barkhane, a pesar de que la intervención del país europeo ha espoleado discursos anticoloniales.

Thiaw subraya, no obstante, que la seguridad no guarda solo relación con el terrorismo sino también con temas como la tierra y los recursos; y está entrelazada con el nivel de desarrollo, por lo que una mejora de las condiciones debe abordarse conjuntamente.

Estos son también factores detrás de la compleja situación migratoria que vive la región y que afecta tanto a los países vecinos como a Europa.

«Tenemos que llegar a las raíces de las causas de la migración -razona- y ver por qué la gente deja sus hogares. No creo que sea algo que la mayoría haga por voluntad. La mayor parte de las veces es migración forzada».

Por ello, insta a los gobiernos nacionales y a la comunidad internacional a crear oportunidades para los jóvenes en sus países.

«Si no empezamos a estabilizar la situación ahora, resultará mucho más complicado cuando crezca la población», advierte.

Y esa situación «será más difícil de contener -agrega- porque tendremos más gente joven frustrada».

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