La flexibilidad del mercado holandés pasa factura a los temporeros europeos

La Haya, 13 abr (EFE).- El mercado laboral de Holanda «se ha flexibilizado demasiado» en las últimas décadas y muchos temporeros de países europeos, entre ellos españoles, están sufriendo la «inseguridad» que resulta de ello, reconoce a Efe el vicepresidente de la federación de sindicatos holandeses (FNV), Tuur Elzinga.

En Holanda, el mercado laboral es «hiperflexible y se ha flexibilizado incluso demasiado en los últimos años», subraya Elzinga, quien advierte de que «mucha gente está sufriendo las consecuencias de ello, incluidos los propios holandeses», ya que uno de cada tres empleados en este país está trabajando con un contrato «flexible y tiene una relación inestable» con su empleador.

Los problemas relacionados con los trabajos temporales, en los que no hay garantía de horas ni duración de contrato, no hacen más que crecer en Holanda y eso ha situado las violaciones de los derechos laborales entre las principales preocupaciones de los sindicatos y autoridades holandesas.

No solo holandeses, los temporeros extranjeros que acuden a Holanda atraídos por ofertas de trabajo para cubrir épocas como la Navidad o la recogida de flores tampoco escapan a esta problemática.

Abundan los abusos y los engaños en las promesas que estos trabajadores reciben en su país de origen, firmando precontratos que difieren totalmente de la realidad y de los contratos con los que se encuentran una vez en el país, tras haberse autofinanciado el viaje de traslado, en muchas ocasiones, gastando la totalidad de sus ahorros.

En varios testimonios recogidos por Efe en los últimos meses, temporeros españoles denuncian que, tras llegar a Holanda con promesas laborales ajustadas a la legalidad nacional y con un salario que triplica el mínimo español, se han visto obligados a firmar contratos engañosos en holandés, que les han conducido a una espiral de abusos laborales, sueldos míseros y alojamientos inadecuados, que incluso les han creado deudas económicas con la empresa contratante.

«En los últimos dos años, estas condiciones laborales flexibles, malas e inseguras están teniendo un efecto muy negativo en temporeros migrantes de toda Europa, incluida España, y lo que estamos intentando ahora es mejorar las regulaciones en Holanda. Es un trabajo complicado porque en algunos sectores tenemos más empleados extranjeros que holandeses, y es más difícil organizarlos y concienciarlos», explica.

La cooperación entre países es la «única manera de arreglar la situación», alerta Elzinga, para insistir en que las uniones sindicales extranjeras, las inspecciones de trabajo, los gobiernos y las autoridades de la UE «deben trabajar juntos» para vigilar las condiciones de movilidad de los temporeros: «La cooperación es muy necesaria», añade.

Solo el pasado año, unos 500 españoles denunciaron en el Consulado en Ámsterdam casos de «conflictividad laboral» con las Empresas de Trabajo Temporal (ETT), pero eso no representa la totalidad del problema porque muchos denuncian una vez regresan a España o llaman por teléfono cuando ya han roto la relación laboral con la empresa, lo que dificulta el proceso legal para recuperar sus derechos.

«Desgraciadamente, estamos recibiendo muchas denuncias y aun así sabemos que solo nos llega la punta del iceberg, porque cada vez hay más ETT que no están organizadas (dentro de la ley) y no son parte de federaciones. Con los empleados extranjeros pasa lo mismo: un temporero español puede estar inscrito en un sindicato en España (donde denuncia abusos labores), pero no está en uno de Holanda. Definitivamente, desconocemos la mayoría de los problemas que pasan», agrega.

Asegura que la Inspección de Trabajo en Holanda «se toma muy en serio los informes que recibe», pero lamenta que solo les llega «un pequeño número de quejas», que no representan la realidad del problema.

«Pero estamos escuchando cada vez más denuncias, muchos más abusos, muchas más formas de explotación laboral, que antes desconocíamos. Definitivamente, este es un problema muy grande y hay que trabajar en ello», subraya.

Reconoce que algunas de las agencias de reclutamiento de temporeros «están involucradas en prácticas totalmente ilegales», pero añade que «un mayor número de agencias se dedican a evadir sus obligaciones, pero en el marco de la ley. Lo que hacen no es ilegal pero, por supuesto, es erróneo».

Considera que hay que reforzar las leyes para «evitar estas formas de abusos y explotaciones» y muestra su preocupación sobre historias de temporeros españoles que han llegado a sus oídos y que ve como «formas extremas de una explotación muy dura, deshumanizante y terrible», concluye.

Imane Rachidi

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