La AIE alerta de que las inversiones no van a las energías de bajas emisiones

París, 14 may (EFE).- Las inversiones globales no se orientan de forma suficiente hacia las energías de bajas emisiones que permitan cumplir los objetivos del Acuerdo de París sobre el clima, según la AIE, ante el estancamiento en 2018 del dinero dedicado a la eficiencia energética y la caída para las renovables.

En su informe anual de inversiones publicado este martes, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) explica que la parte que se dedica actualmente a sistemas de bajas emisiones representa apenas un 35 %, cuando en el escenario que permitiría cumplir el acuerdo de París tendría que subir al 65 % para 2030.

El pasado ejercicio las inversiones en el sector energético se mantuvieron estables respecto a las de 2017, con 1,85 billones de dólares, tras tres años de caídas, pero con una evolución que alimenta esa inquietud.

En primer lugar porque hubo un incremento del 4 % en nuevas prospecciones de petróleo y de gas (505.000 millones de dólares), alentadas por el encarecimiento del barril de crudo y por el tirón de los yacimientos de esquistos, algo que debe marcar una inflexión en 2019

Además, también crecieron -por primera vez desde 2012- un 2 % hasta 80.000 millones de dólares, sobre todo en China e India, las partidas para el aprovisionamiento de carbón, el combustible fósil que genera más emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal gas de efecto invernadero.

Es verdad que los proyectos en centrales eléctricas de carbón se redujeron un 3 %, pero los cerca de 60.000 millones de dólares del pasado año indican que si a pesar de todo se sigue invirtiendo en plantas de ese combustible, con un largo ciclo de vida, es porque subsiste la impresión de que las aportaciones de fuentes con bajas emisiones (renovables o nuclear) no cubrirán la demanda.

Por eso la agencia hace notar que sin tecnología de captura de CO2 o sin incentivos para cerrar de forma anticipada las centrales de carbón -concebidas para durar decenas de años- sus emisiones contaminantes van a seguir pesando mucho tiempo en el futuro.

También subraya que los montos dirigidos a la eficiencia energética se estancaron en 2018 por segundo año consecutivo con 240.000 millones de dólares por un descenso del 2 % en las medidas destinadas a los edificios (básicamente el aislamiento térmico).

Los fondos destinados a la electricidad cayeron un 1 %, en lo que influyó el repliegue (del 1 %) de la inversión en renovables por efecto de una evolución nula de nuevas capacidades puestas en servicio unida a unos costos unitarios a la baja.

Lo que está detrás de ese repliegue en las renovables es un cambio de políticas en China, con menos incentivos para la energía solar fotovoltaica. Al margen del gigante asiático, las renovables en el resto del mundo continuaron progresando un 5 %.

De acuerdo con las proyecciones de la AIE, para alcanzar las metas del Acuerdo de París y limitar el calentamiento global a dos grados para mediados de siglo, las inversiones en renovables tendrían que haber sido el doble en 2018.

Estados Unidos ha sido el responsable de buena parte del aumento de la inversión en esta década, por los proyectos petroleros y gasísticos, pero también eléctricos. Eso volvió a cumplirse en 2018, cuando alcanzó los 350.000 millones de dólares.

China, pese al recorte del 7 % en los tres últimos años, sigue siendo el primer mercado mundial, pero con menos de 400.000 millones y su patrón se ha ido modificando de forma significativa.

Desde 2015, sus inversiones en nuevas plantas de carbón han experimentado un bajón del 60 % en favor de energías de bajas emisiones y al mismo tiempo las orientadas a la eficiencia energética han crecido un 6 %.

En Europa, la reducción en los últimos tres años ha sido del 7 % hasta poco más de 200.000 millones de dólares y casi un 60 % de esa cifra hacia energías de bajas emisiones, un porcentaje en constante aumento.

La eficiencia energética en Europa es la única partida que progresa. Las renovables han cedido terreno en datos absolutos, pero eso se debe al abaratamiento del costo unitario de las nuevas instalaciones: en términos relativos ya representan en torno al 80 % de los gastos en generación.

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