La inflación pierde gas por la desaceleración pese a los bancos centrales

Madrid, 16 jun (EFE).- La inflación, que se había instalado en una inusual moderación en Europa y en Estados Unidos, pierde fuelle a pesar de años de recuperación económica y creación de empleo, y de las políticas de bajos tipos de interés y liquidez abundante adoptadas por los principales bancos centrales.

La globalización, la digitalización, la atonía de la demanda en países clave como Alemania y la precariedad laboral están detrás de este comportamiento, unos factores a los que se añaden ahora la desaceleración de la economía mundial y, de forma coyuntural, la contención de los precios del petróleo y las materias primas, según los expertos consultados por Efe.

La inflación interanual se situó en mayo en España en el 0,8 %, siete décimas menos que en abril, por el descenso del precio de la electricidad y la menor subida de los carburantes.

Si se eliminan esos elementos coyunturales, la inflación subyacente -que no tiene en cuenta ni la energía ni los alimentos frescos, los productos más volátiles- se desinfló dos décimas, hasta el 0,7 %.

En la zona del euro, los precios también se moderaron en mayo, ya que subieron una media del 1,2 %, cinco décimas menos que en abril.

Incluso sin contar la evolución de la energía, la inflación en Europa está claramente por debajo del 2 % recomendado por el Banco Central Europeo (BCE).

La inflación también es moderada en EE.UU., donde los precios subieron en mayo un 1,8 %, dos décimas menos que en abril. La inflación subyacente se desaceleró una décima, hasta el 2 %.

La atonía de los precios no es una novedad en los países desarrollados, pero, al margen de Japón -que es un caso aparte-, suele coincidir con periodos de crisis.

En los últimos años, incluso antes de que la economía global empezara a frenar, la moderación de los precios ha sido la norma, a pesar de la conjunción de factores que en otras circunstancias habrían disparado la inflación: bajos tipos de interés, crecimiento sostenido y pleno empleo en muchos países.

«Es sorprendente, porque los tipos son muy bajos. El BCE, la Reserva Federal (de EE.UU.) y el Banco de Japón han hecho lo posible y lo imposible para que aumentara la inflación y aún así no se produce. En algunos países, además, estamos rozando el pleno empleo», explica Raymond Torres, director de Coyuntura y Análisis Internacional de Funcas.

Torres apunta cuatro razones para explicar esta evolución: una coyuntural, la actual fase de desaceleración, y otras más estructurales: el impacto de la globalización en precios y salarios, las «zonas grises» del mercado laboral -que incluyen empleos precarios y falsos autónomos- y la «insuficiencia» de la demanda a nivel global.

«Las empresas tienen márgenes muy contenidos. La mundialización está configurada de modo que las empresas trabajan en cadenas de valor y los precios están muy controlados», señala.

Además, según Torres, «en la economía mundial hay un sesgo deflacionista porque hay un exceso de ahorro. China, Japón o Alemania son países con exceso de ahorro».

Sobre la influencia de la precariedad laboral en la inflación, Gayle Allard, profesora de la IE Business School, subraya que un trabajador no sindicado y sin seguridad laboral «no puede presionar para lograr subidas laborales. «Las subidas salariales son el componente principal de la inflación interna de un país», recalca.

Víctor Peiró, director general de Análisis de GVC Gaesco Beka, apunta también a la tecnología: «la digitalización está bajando la necesidad de empleo en algunas áreas y en otras está haciendo que el trabajo sea más productivo».

A corto plazo, la situación no tiene visos de cambiar. «Se va a mantener porque la economía mundial sigue desacelerándose», augura Torres.

«El mercado laboral gris va a perdurar. Falsos autónomos y trabajadores a tiempo parcial, millones de personas que se pueden incorporar al mercado laboral y que siguen manteniendo un sesgo a la baja sobre los salarios», añade.

«No creo que vayamos a ver un repunte de la inflación a no ser que ocurra algo en el mercado de materias primas o que la guerra comercial se convierta en una guerra total y suban los aranceles», apunta Allard.

El Banco de España espera que la inflación se sitúe este año en el 1,2 % y repunte hasta el 1,5 % en 2020.

En cuanto a la zona del euro, el BCE prevé que los precios suban un 1,3 % este año y un 1,4 % en 2020.

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