Draghi se despide con un aviso: no se vislumbra un repunte en la eurozona

Bruselas, 23 sep (EFE).- El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, advirtió este lunes de que los estímulos monetarios tendrán que mantenerse dado que no se vislumbra un repunte de la economía de la eurozona en un futuro próximo y llamó a los países a apoyar el impulso con sus políticas fiscales.

En su última comparecencia ante la Eurocámara antes de ceder el testigo a Christine Lagarde el 1 de noviembre, Draghi aseguró que las nuevas medidas de estímulo adoptadas hace unos días por el emisor eran «imprescindibles» visto que la ralentización es mayor de lo previsto y que la inflación no logra remontar.

El italiano, que seguramente pasará a la historia como el hombre que salvó la moneda única en 2012 con su «haré lo que sea necesario para preservar el euro», defendió que la actuación del BCE «ha sido crítica para abordar la crisis económica», pero subrayó que la política monetaria no lo puede todo por sí sola.

Draghi recordó que el BCE ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento del PIB para la eurozona al 1,1 % para 2019 y al 1,2 % para 2020, reflejando una ralentización que responde a la debilidad del comercio internacional en un entorno de incertidumbre y proteccionismo, y que pesa en particular sobre el sector manufacturero, con Alemania como uno de los más afectados.

Aunque por el momento el sector servicios está resistiendo, «cuanto más dure la debilidad en las manufacturas mayor es el riesgo» de que otros sectores se vean afectados, dijo.

«Mirando hacia delante, los recientes datos y los indicadores a futuro -como los nuevos pedidos de exportaciones de manufacturas- no muestran signos convincentes de un repunte del crecimiento en la eurozona y los riesgos para la perspectiva de crecimiento siguen estando inclinados a la baja», advirtió el banquero.

Al mismo tiempo, la inflación se mantiene por debajo de la meta del BCE de situarla en cotas próximas pero inferiores al 2 % y, aunque «la posibilidad de una deflación sigue siendo limitada», la institución ha rebajado sus proyecciones al 1,2 % este año y al 1 % el próximo.

Con estas previsiones en la mano, el BCE adoptó el 12 de septiembre nuevas medidas de estímulos, con rebajas de los tipos de interés que cobra a los bancos y la reanudación de sus compras de deuda.

«En general, a la vista de la perspectiva e incertidumbre que afrontamos, la política monetaria tiene que seguir siendo altamente acomodaticia por un periodo prolongado de tiempo», dijo Draghi, quien aseguró que en el consejo de Gobierno del BCE hubo una «clara mayoría» a favor de los nuevos estímulos.

El presidente del BCE añadió, sin embargo, que los efectos secundarios de estos estímulos «están aumentado» y que la entidad «seguirá vigilando de cerca» los que puedan surgir.

«Por eso ya es hora de que la política fiscal venga y complemente la política monetaria», dijo Draghi, recordando que así ocurre en otros países, como Estados Unidos.

El presidente del BCE hizo así hincapié en un mensaje que ya había lanzado cuando asumió el cargo en 2011: que el BCE «no opera en el vacío» y los Estados también tiene que hacer su parte para dar un empujón a la economía a través de una «mejor combinación» de política fiscal y reformas estructurales.

«No digo que la política monetaria haya agotado sus instrumentos o su efectividad. La política monetaria seguirá haciendo su trabajo. Pero si la política fiscal fuera más activa, actuaría más deprisa y con menos efectos secundarios», insistió Draghi.

El presidente del BCE pidió, sin nombrarlos, a los países con margen presupuestario -Alemania y Holanda esencialmente- que lo empleen de modo «efectivo» para impulsar el crecimiento, y a aquellos con abultadas deudas públicas, que lleven a cabo políticas «prudentes».

Draghi abogó además por crear un «instrumento fiscal centralizado» para el área de la moneda, que permita responder -con un sistema de ingresos y gastos- ante crisis ocasionales en algún país o choques con potencial para desestabilizar toda la eurozona.

Los Estados ya han debatido sobre este tipo de mecanismo en sus negociaciones sobre el futuro instrumento presupuestario para la eurozona. Pero no todos los países son favorables a que se utilice para responder a crisis, con lo que el acuerdo alcanzado en junio solo contempla que sirva para fomentar competitividad y convergencia.

El presidente del BCE reconoció la dificultad política de pactar un mecanismo de este tipo por la «falta de confianza» entre países, pero instó a seguir trabajando en esta y otras medidas que faltan -como la unión bancaria o la revisión de las reglas fiscales- para reforzar la unión económica y monetaria europea.

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